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Opinión

María Valeria Plaza Romero

Más allá de los videojuegos: ser psicóloga en un equipo de esports

LEC Summer Finals: Todo preparado para convertir Madrid en el centro europeo de los eSports.

LEC Summer Finals: Todo preparado para convertir Madrid en el centro europeo de los eSports. / Elsotanoperdido

Si me preguntan por mi experiencia como psicóloga en un equipo de esports, la describiría como una aventura que es tan divertida como desafiante. Es un entorno en el que se deben establecer límites, ganar la confianza de los jugadores y del equipo y aprender a lidiar tanto con las victorias como con las derrotas. Además, se trata de un entorno dinámico, altamente competitivo y aún en evolución.

Dado que es una disciplina relativamente reciente, existen muchos aspectos por descubrir, investigar y con los que experimentar. Precisamente por lo novedoso que es este ámbito, son muy pocos los equipos que cuentan con el apoyo de un profesional en psicología. Una de las cosas que más me cautivó fue el hecho de que se puede trabajar en un amplio abanico de sesiones, desde individuales, enfocadas en la gestión emocional y planificación, hasta sesiones grupales centradas en dinámicas de equipo y cohesión grupal. Incluso es posible trabajar con la identidad del jugador, desde su nick de juego hasta su nombre real, desde su rol como integrante del equipo hasta sus otros papeles como alumno, hijo o amigo. Es asombroso lo diverso que puede llegar a ser este trabajo y eso es lo que lo vuelve tan especial. Cada día trae algo inesperado, lo que lo hace destacar por encima de otros campos de trabajo.

A menudo se piensa que basta con tener talento, reflejos rápidos y muchas horas de juego para ser un jugador exitoso. Sin embargo, la salud mental y el bienestar del jugador suelen ser aspectos descuidados o no priorizados. Los deportes electrónicos, como todos los deportes, traen consigo retos específicos: la exposición al público, ya que algunas partidas se juegan de forma presencial y ante una sala llena de espectadores, la presión por los resultados, sobre todo si los jugadores reciben una beca o remuneración, numerosas horas sentados frente a una pantalla, y en varias ocasiones, dinámicas de equipo a distancia. A esto se suman los problemas personales de cada individuo, así como el compaginar los estudios con los entrenamientos y competición.

Estos factores aumentan el riesgo de ansiedad, burnout, problemas de sueño y un elevado consumo de bebidas energéticas. Aquí es donde entra la psicología: para ayudar al equipo y a los jugadores, proporcionándoles herramientas para afrontar estos obstáculos de forma adaptativa y sostenible.

Ser mujer y psicóloga en el mundo de los esports ha sido una experiencia que me ha enseñado muchas cosas, tanto a nivel personal como profesional. Aunque cada vez son más las mujeres que se integran en este sector, continúa siendo un espacio mayoritariamente masculino, no solo entre los jugadores, sino también en los cuerpos técnicos y directivos. Esto implica que muchas veces, al llegar como profesional de la psicología, no solo represento una disciplina aún poco integrada, sino también una presencia femenina que puede generar, en ciertos casos, resistencia o desconfianza inicial.

Sin embargo, también he encontrado una enorme apertura cuando se logra establecer un vínculo de respeto y confianza. La psicología puede marcar la diferencia, y cuando los jugadores experimentan los beneficios de las sesiones terapéuticas, ya sea porque se sienten escuchados, logran regular sus emociones o comunicarse mejor con el equipo, el sexo o género del profesional deja de ser relevante.

Desde el punto de vista psicológico, ayudar al jugador no es solo intervenir cuando «algo va mal» o «han perdido», sino también desarrollar un entorno que promueva el bienestar. Esto incluye trabajar en la prevención de riesgos comunes como el burnout y los problemas de sueño o la ansiedad, pero también fomentar factores protectores como la motivación intrínseca, el balance entre vida personal y deportiva, y el desarrollo de una autoestima bien fundamentada.

El trabajo psicológico en este ámbito tiene que ser integral e individualizado en la medida de lo posible, adaptado a las características del contexto. Por ejemplo, el hecho de que los entrenamientos sean en línea o que impliquen largos periodos de exposición a pantallas podría influir directamente en la calidad del descanso o los hábitos de alimentación. Tampoco podemos dejar de lado las expectativas familiares o educativas, que varias veces chocan con la elección de este deporte como vía profesional. Todo esto debe ser abordado con herramientas adecuadas.

De cara al futuro, creo firmemente que el papel de la psicología, no solo en los deportes electrónicos, será cada vez más necesario, sino también apreciado. A medida que este sector continúa creciendo, también lo hacen las exigencias físicas, cognitivas y emocionales a las que se enfrentan los jugadores. Ya no se trata solo de jóvenes que juegan en su ordenador por diversión, sino de deportistas del mundo de los videojuegos que deben rendir al máximo nivel en entornos competitivos y públicos.

Descubrir este mundo fue, para mí, como encontrar una playa oculta: un lugar inesperadamente hermoso, con un potencial enorme y con tanto por conocer que, una vez descubierto, se convierte en un destino recurrente y querido. Así siento mi relación con los esports: un mundo en el que sigo, y desde el que quiero seguir aprendiendo y aportando desde la psicología.

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