Opinión | Mirando despacio
La belleza frente al espejo

Peligro disfrazado de belleza: La adelfa adorna muchos espacios públicos, pero cada parte de esta planta es altamente tóxica / Pexels
Móvil en mano me aventuro a realizar una encuesta casera. La pregunta no parece sencilla, la respuesta debe ser espontánea. ¿Qué es la belleza para ti? Analizo las respuestas de mis encuestados y observo que muchas de ellas hacen referencia a la naturaleza y al arte: un atardecer, el mar al chocar contra las rocas, las flores en primavera, una bella melodía, las pinturas de un museo... Algunos se atreven a profundizar algo más y hablan de la bondad, de la empatía o incluso del silencio. Consulto a mi amiga la RAE: “la belleza es la propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros un deleite espiritual” Es cierto que lo bello nos suscita un sentimiento de amor y nos conecta con nuestros adentros, pero... ¿cuáles son las cualidades que tienen en común las “cosas” bellas? ¿Acaso la belleza es subjetiva? ¿Acaso no podemos encontrar belleza también en lo oscuro?
Salgo a la calle y me limito a escuchar. Entre las conversaciones que puedo captar en el aire, me llegan frases bastante más superficiales; hablan de cuerpos esculturales, de coches “guapísimos” o de casas de revista. En estos casos la belleza se cuantifica, se considera más objetiva y casi podríamos puntuarla del 0 al 10. En estos casos la belleza resulta perecedera; la belleza morirá cuando el cuerpo envejezca, el coche se llene de kilómetros o la casa de goteras...
Sin embargo, la belleza no puede ser efímera, la belleza debe ser eterna. Pienso que lo bello permanece intacto, no pasa de moda, debe resultar siempre delicioso. Un atardecer puede perdurar en nuestra memoria durante años, una canción puede despertar nuestras lágrimas o nuestras sonrisas toda la vida, los recuerdos tiernos de un ser querido nos acompañan muchos años después de su muerte. Entonces, ¿podemos decir que la belleza se relaciona con el alma? Oscar Wilde, en su obra magistral El retrato de Dorian Gray, nos ofrece una respuesta. La novela pone de relieve como la belleza de Dorian se perpetúa en el tiempo porque el personaje ha decidido vender su alma. Pero, parece que el arte también tiene alma y aquel cuadro de belleza eterna empieza a envejecer porque Dorian había perdido su pureza y su inocencia...
Cierto es que la belleza llega a través de los sentidos pero es necesario que ese estímulo, sensación o emoción enganche con alguna parte nuestra. El pintor británico Francis Bacon nos recordaba que la belleza está en los ojos de quien mira. Confucio nos decía que cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla. De alguna manera parece que la belleza debe convivir con nosotros para poder encontrarla afuera. Casi sin querer llegamos al concepto de belleza interior. ¿Cuáles son las cualidades que tienen en común las personas “bellas”? Esa mirada de la que hablan los grandes artistas y filósofos creo que nace de la humildad y la presencia, nace de la atención sin juico y nace del amor. Dejarnos sorprender ante lo nuevo, ante lo diferente y mirar con ojos de niño nos lleva a toparnos con la belleza hacia cualquier lugar donde enfoquemos nuestra mirada. Es posible que la belleza esté por todas partes si estamos preparados para descubrirla. No puedo dejar de citar a kavafis si hablamos de belleza: “contemplé tanto la belleza que mi vista le pertenece”.
Me voy a Oriente, donde muchas veces la luz brilla a medio gas, allá donde la penumbra realza la belleza y la oscuridad cobra un mayor sentido. Tanizaki, en su obra “Elogio de la sombra”, afirma que en Japón la visión de los objetos que relucen demasiado produce un cierto desasosiego. Tal cual lo expresaba Octavio Paz: “la mucha luz como la mucha sombra, no deja ver”. Es cierto que estamos hechos de luces y sombras y es cierto que, en Occidente,sobrevaloramos la luz. Pocos hablan de la belleza de los días grises de invierno, del encanto de los árboles en otoño o lo maravilloso que resulta contemplar una noche totalmente oscura. La belleza se encuentre oculta también en las personas auténticas; aquellas que no esconden sus sombras, aquellas que muestran sus imperfecciones y aceptan los días en los que se apagan sus colores. Conectamos con el alma de esas personas “reales” y esa transparencia se transforma autoT»máticamente en belleza. Quizá la definición que buscamos sea sencilla, como sencilla es la belleza. Con estas pocas palabras nos la describe de forma sublime Emily Dickinson: “La belleza no tiene causa. La belleza es”.
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