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Opinión | Isla Martinica

La pesadilla de ‘Blade Runner’

'Blade Runner', de Ridley Scott.

'Blade Runner', de Ridley Scott. / EPC

En estos días, y no sé por qué, estoy sufriendo una pesadilla recurrente. Se la describo, al menos la parte que se puede contar, porque seguramente algunos la habrán padecido sin saber que es compartida. De manera insistente, a altas horas de la madrugada, aparece en mis sueños un enorme replicante Nexus-8, con la cara y la pose de Koldo García, al que sigue sin desmayo un Harrison Ford entrado en años con el fin de someter al forajido al archiconocido test Voight-Kampff de Blade Runner, conforme a la famosa cinta de Ridley Scott. Una escena que se repite hasta la saciedad, noche tras noche, en un bucle infinito, y en la que el «bueno» de la película está interpretado por Felipe González Márquez. Si no fuera por el temor a hacer el ridículo, detallaría, minuto a minuto, los pormenores de la pesadilla y el extraño momento en el que un anciano agente de la ley reduce «sin acritud» al coloso y lo retira de la circulación después de haberle escrutado a conciencia el ojo mientras sonaba de fondo la melodía My way interpretada por un holograma de Frank Sinatra.

Dice el canon del psicoanálisis que los sueños son la sublimación de la realidad, quizás una espita por la que liberarse del agobio estresante del presente. Siguiendo con la revelación freudiana, el cortador de troncos simbolizaría el peligro que acecha al Partido de los Replicantes Obreros de la Gruta Exterior (PROGRE), el de esos que «son tan iguales como las monedas», como diría el viejo Chesterton, por su rara «uniformidad con el Soberano», en este caso, con el Uno de la Banda del Peugeot. Y el «jarrón chino», puesto que así llaman los periodistas a los antiguos primeros ministros de la nación, representaría el deseo frustrado de hacer cumplir la Constitución, el volver a tener un orden en la casa común. No me parece mal la revelación, pero, incluso de este modo, la imagen de un enorme humanoide perseguido por un maltrecho expresidente de España no sé si tomármela a guasa o situarla en el peor de los mundos posibles. Lo cierto es que la contienda política está provocando en nuestro país una serie de convulsiones que van más allá de lo normal, adentrándose en la patología del sueño, algo que afecta seriamente a la esfera personal de cada uno de los ciudadanos. No se preocupen nuestros padres de la patria, que no les diré que dejen de insultarse o machacarse a la mínima oportunidad en los plenos del Congreso. Sólo les propongo que, por el bien de todos, participen en un reality al estilo del Gran Hermano televisivo para que las recurrentes pesadillas que nos desvelan, bien entrada la madrugada, se transformen en ocio compartido y la alegría y el suspense por el ganador corran de un lado al opuesto del arco parlamentario.

La escena del replicante Koldo, al que persigue el blade runner de la democracia española, asalta mi mente como el más salvaje de los animes de las modernas generaciones absorbidas por las pantallas. Un individuo, que apenas se mueve en la vida real, se desplaza como el ágil humanoide que se supone que encarna, pero el Harrison Ford de los Bonsáis no se le queda a la zaga, llegando a mostrar una fuerza sobrehumana en su empeño. Y qué decir del Ábalos galáctico, un personaje del que omito su correlato en mis pesadillas porque, de una simple columna de opinión, pasaría a ser una narración subida de tono, de esas que sobresalen por el alto contenido explícito de sus pasajes.

Háganme el favor de disfrutar del verano y, si algo he ayudado a que lo comiencen con una sonrisa en el semblante, me daré por satisfecho. Ha sido un placer. ¡Hasta siempre!

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