Opinión | Papel vegetal
Ursula von der Leyen se libró esta vez
La moción de censura contra von der Leyen al final, 175 parlamentarios votaron a favor de esa moción reprobatoria frente a 360 que lo hicieron en contra y 18 que se abstuvieron

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en el pleno del Parlamento de Estrasburgo, el pasado 8 de junio.
A decir verdad, nadie esperaba otro resultado del voto en el Parlamento Europeo sobre la más que polémica gestión de Ursula von der Leyen al frente de la Comisión. La moción de censura contra von der Leyen la presentó un eurodiputado del partido de extrema derecha «Alianza para la Reunión de los Rumanos», que la acusó de bloquear la acción de la justicia.
Al final, 175 parlamentarios votaron a favor de esa moción reprobatoria frente a 360 que lo hicieron en contra y 18 que se abstuvieron. Fue con todo un claro tirón de orejas a la alemana. Von der Leyen, designada por los jefes de Estado y de Gobierno europeos, que no votada en elecciones, es sospechosa de tratos dudosos para la compra de vacunas contra el coronavirus durante la pandemia. Selló esos tratos en correos electrónicos que envió a Albert Bourla, director ejecutivo de Pfizer, una de las compañías farmacéuticas que hicieron entonces un fabuloso negocio con sus vacunas.
Pero no es lo único que se le reprocha a la presidenta de la Comisión: también la acusan de haber soslayado al Parlamento a la hora de decidir un programa armamentístico para Europa por valor de 800.000 millones de euros con el pretexto de la «amenaza rusa».
Y como no hay dos sin tres, desde los escaños ecologistas se le afea también que, por presiones del Partido Popular Europeo, retirase una propuesta contra lo que llaman en inglés «greenwashing»: el lavado de cara al que recurren muchas empresas para fingir que protegen el medio ambiente.
Eran pues muchas y de distintos grupos las quejas sobre las malas prácticas atribuidas a la cristianodemócrata alemana. Pero el Partido Popular cerró filas en defensa de su correligionaria y el hecho de que la moción de censura partiese de un partido ultra garantizaba de antemano que no la apoyarían ni los Verdes ni la izquierda. Von der Leyen recurrió a lo que suelen recurrir muchos políticos en esos casos y, mentando al presidente ruso, Vladimir Putin, acusó a su vez al eurodiputado rumano de teorías conspiratorias y de un «burdo intento de dividir a las instituciones y a las fuerzas prodemocráticas y pro europeas».
Lo que puso de relieve sobre todo ese voto, y ello pese al rechazo de la moción presentada, es que la ultraderecha europea se siente cada vez más fuerte y está dispuesta a actuar en consecuencia. Sobre todo, porque sabe que Von der Leyen, y con ella el Partido Popular europeo, dependen de esas fuerzas para la aprobación de leyes que van desde la lucha contra la inmigración hasta el apoyo a las energías fósiles. El «establishment» político europeo se escora cada vez más a la derecha, y se nota.
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