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Opinión | Observatorio

¿Mayoría negativa? ¿Parálisis?

Archivo - El ex secretario de Organización del PSOE Santos Cerdán.

Archivo - El ex secretario de Organización del PSOE Santos Cerdán. / Rocío Ruz - Europa Press - Archivo

Una destacada dirigente socialista catalana me decía la semana pasada: «El impacto negativo del caso Cerdán ha sido terrible, gravísimo. Pero el presidente salió vivo –y no era fácil– del Comité Federal del PSOE y del pleno del Congreso. Hoy estamos algo mejor. Parece que el triángulo Ábalos-Cerdán-Koldo era solo eso, un triángulo. Además, el caso Montoro ha descolocado al PP. Nadie está libre de una posible corrupción, pues ninguna organización humana es angélica. Y una corrupción sistemática en Hacienda [Montoro fue ministro cuatro años con Aznar y ocho con Rajoy, con los dos presidentes populares] es algo muy serio. Por otra parte, los graves incidentes de Torre Pacheco han dejado claro que Vox es todo lo contrario a un partido de orden. La imagen de Feijóo no ha mejorado ni en el debate del Congreso ni en Torre Pacheco. Ahora hay que cerrar bien el curso y en septiembre enfocar las cosas con realismo».

¿Cerrar bien el curso? El Gobierno ganó seis votaciones en el pleno del Congreso del martes que cerró el periodo de sesiones, pero perdió la más relevante, la del decreto antiapagón. Nada menos que por 183 a 165 votos. Y la «mayoría negativa», como la define Aitor Esteban, el presidente del PNV, estuvo formada por Vox, PP, Podemos, Junts, el diputado de UPN, el del BNG y un insumiso de Sumar. Ha sido una derrota seria, porque el decreto había sido negociado a fondo por la vicepresidenta Sara Aagesen con la patronal de las eléctricas, la de las renovables, la industria intensiva en consumo eléctrico y las organizaciones ecologistas. Y todas habían dado su plácet porque, aparte de lo del apagón, reforzaba a un sector económico clave. Por eso el sector presionó al PP para que, con su abstención, dejara pasar el decreto. Y por eso, tras el rechazo del Congreso, Iberdrola y otras eléctricas sufrieron un castigo en Bolsa.

Sánchez, optimista impenitente, ha dicho que volverán a negociar y que el decreto será aprobado. Quizás. Pero el martes confirmó cuatro cosas. Una, que el PP antepone la caída de Sánchez –y si no puede, su castigo– a cualquier otra consideración. No importa lo que interese al país, o lo que se haya acordado con los agentes económicos y las empresas inversoras. Para el PP habría sido más inteligente demostrar que sabe ser «una oposición en positivo», pero también es malo para Sánchez. Y para un mínimo de estabilidad. Entonces, ¿combustible para Vox?

La segunda es que Podemos ya está al margen de la mayoría de la investidura. Quiere diferenciarse al máximo de Sumar y del PSOE, esperando recoger dividendos –cuando toque– como «la única fuerza progresista de verdad». ¿Pasar de 4 a 10 o 12 escaños y encarnar la rebelión contra el sistema pues «el cielo no se conquista por consenso»? Malo para Podemos y malo para Sánchez.

La tercera es que el objetivo de Junts es presionar al máximo a Sánchez –aunque sea perturbándole seriamente– para obtener contrapartidas. ¿La amnistía? Ya está aprobada, incluso por el Constitucional (TC), pero el Gobierno no manda ni en los recursos al TC ni en el Supremo. ¿Debilitar a Illa? Sánchez no puede, pues la situación en Catalunya –aparte de la economía– es uno de sus activos. ¿Entonces? ¿Presionar al máximo y ocupar titulares para que la extrema derecha independentista no le robe votos en las elecciones? Desorientación de Puigdemont, malo para Sánchez.

La última es que, con Ione Belarra desatada y con Puigdemont desorientado, la mayoría de Sánchez es muy evanescente. Enfocar entonces septiembre con realismo, como pide la dirigente socialista catalana, no será una asignatura fácil.

Lo ha dicho Aitor Esteban. Se está configurando una «mayoría negativa» que lleva al bloqueo y a que tampoco en 2026 haya Presupuestos. Y sin Presupuestos «el Gobierno está en un momento de difícil pronóstico». Esteban va más allá. «Tampoco saldría una moción de censura, pues requeriría el apoyo de Vox, imposible para el PNV, y por la candidatura de Feijóo, que no suscita votos suficientes y él se encarga de que no haya ninguna posibilidad, porque molesta a todo el mundo y pisa todos los charcos».

Si Aitor Esteban acierta –y razona bien– el pronóstico no es nada sugestivo: una creciente mayoría negativa que acabaría llevando a la parálisis.

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