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Opinión | La curiosa impertinente

Sueldos, ministros y bomberos

Dos bomberos de la UME ante el fuego en un monte de Ouense.

Dos bomberos de la UME ante el fuego en un monte de Ouense. / UME

Acaba agosto de un verano marcado por el fuego y por el manifiesto fracaso trágico de las políticas de prevención de incendios. En el chat de mis amigas del colegio, donde nos hemos prometido no hablar de temas polémicos, se ensalza el    trabajo de los que todas estamos de acuerdo en llamar héroes y una de nosotras, más osada o realista o a lo mejor de derechas destaca que son más héroes aun porque perciben un sueldo ridículo cuando se juegan la vida con total generosidad y que deberían cobrar lo que los ministros, mientras los ministros deberían tener su miserable salario.

Al punto surge una voz discrepante que quiere ser conciliadora o equidistante y que no llamaré loro    -aunque por lorito tenga en esta ocasión a mi querida amiga -que apunta que los ministros tienen mucha responsabilidad y que, en su opinión,    cobran muy poco.    Y enseguida nos recordamos todas que el chat es para compartir lo bueno, que todas las opiniones son legítimas, pero que para que nadie lo abandone- durante la covid yo me borré de todos para no desesperar- la política la dejaremos para discutir en casita.

Como una tiene la suerte de poder opinar en este medio, y a costa de que sus odiadores la odien mas aún, se permite criticar desde aquí a quien, teniendo la responsabilidad más alta, la ha eludido, desaparecido durante el momento más doloroso, escondido en su palacio de verano, con breves apariciones para huir del verdadero encuentro con el pueblo y, después,    incomprensiblemente ha prolongado una semana más sus días de asueto, como queriéndonos decir a todos que él hace lo que le da la gana. Al menos esa es mi lectura. Y también a sus ministros, que, pese a asumir aquello tan cicatero de- si necesitan ayuda que la pidan-, acusan a los presidentes autonómicos,    precisamente de pedirla. Ministras como Robles o Aagesen, aparentemente sensatas, poniendo palos en las ruedas de quienes han sufrido más de cerca la tragedia.

No sé si cobran mucho o poco ni me importa. Lo que sé es que han demostrado saber poco de lo que es asumir su responsabilidad.

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