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Opinión | Tropezones

Competición de idiomas

Los niños deben aprender idiomas para mejorar su futuro

Los niños deben aprender idiomas para mejorar su futuro / Freepik

Se dice de Carlos V, reconocido políglota, que en su día proclamó: «hablo español con Dios, italiano con las mujeres, francés con los hombres, y alemán con mi caballo»

Yo me pregunto, de haber sabido inglés, cual habría sido su interlocutor.

Porque viene esto a cuento de una cuasi competición que se suscitó en un grupo de amigos hace unos días sobre las virtudes y los pecados respectivos del español y del inglés. los dos idiomas punteros en el mundo occidental, solo superados en número de hablantes nativos por el chino mandarín. Veamos en resumen el resultado de semejante comparativa.

Virtudes del español:

1. Pronunciación unívoca , gracias a unas reglas de acentuación claras y sencillas de las palabras, divididas en llanas, agudas y esdrújulas.

2. Entonación de las frases, precisada con signos de admiración o interrogación, pero no solo al final del enunciado sino también al principio del mismo, pregonados con original signo invertido.

3. Una virtud, ambivalente en la comparación posterior con el inglés, podría ser la diferenciación entre el tú y el usted, quizás más fecunda en matizaciones pero menos democrática que el «you» inglés, y con soterrado peligro de tentaciones discriminatorias.

Pecados del español:

1. Tendencia pelín machista al colar como genérico el masculino inclusivo. Verbigracia donde el inglés utiliza «children» para infantes de ambos sexos, el español toma el masculino «niños» como torticero término para secuestrar también a las niñas.

Virtudes del inglés:

1. Maleabilidad del idioma: el inglés manipula las palabras como si fueran de plastilina, uniendo varios términos en uno solo, o inventándose un nuevo vocablo mediante una terminación «improvisada»

2. Concisión y economía en el uso de las palabras; p. ej. con su apóstrofe y S añadida para el uso del posesivo se ahorra las preposiciones «de», «del» y «de la»

Pecados del inglés:

1. Una pronunciación de pesadilla: solo el uso condiciona la pronunciación de los vocablos. Del mismo modo que los ingleses carecen de constitución al ser la costumbre, la tradición y una serie de convenciones las que ordenan su convivencia, el hábito verbal manda por encima de toda lógica lingüística.

2. Ya hemos abordado el tuteo universal del inglés con su polivalente «you». Circunstancia que trae de cabeza a los dobladores al español cuando en la película tienen que inventarse el momento en que el galán pasa de tratar de usted a tú a la protagonista.

En fin, sin ninguna pretensión de rigor en nuestras conclusiones, sí estábamos de acuerdo todos en la fortaleza tanto del inglés como del español, y sus merecidos puestos, primero y segundo, en su número de hablantes. O segundo y primero si nos limitamos a los hablantes nativos.

Como lo estábamos también en la conmiseración del caballo de Carlos V, pues en alemán el pobre animal había de esperar al final del enunciado del emperador para enterarse del sentido de la admonición. Como es sabido el verbo, que condiciona todo el sentido de la frase germánica, viene siempre con suspense, como vagón de cola del enunciado.

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