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Opinión | Retiro lo escrito

Koldo, un triunfo inevitable

El exasesor ministerial Koldo García a su llegada al Tribunal Supremo

El exasesor ministerial Koldo García a su llegada al Tribunal Supremo / A. Pérez Meca - Europa Press

Mientras escucho la triunfal rueda de prensa de Ángel Víctor Torres alguien me dice: «¿Pero a este hombre no le prepararon nada? ¿Está compareciendo a pelo?». Me encojo de hombros. Es muy probable. El ministro solo le hace caso al Funesto, que se llevó a Madrid como se lleva uno el periquito en la mudanza, y el periquito siempre le da el mismo consejo: «Tú solo lo haces mejor que nadie». No se puede negar que es un consejo estupendo: tranquiliza al aconsejado y evita trabajar al que aconseja. Así que Torres, desde sus primeros tiempos presidenciales, cree que puede tirarse a una rueda de prensa en pelotas, acaso con la corbata como somero taparrabos, y hacerse veinte kilómetros a braza, mariposa o espaldas. Yo sospecho que no entiende cómo los periodistas no lo aplauden unánimemente, como decía Hemingway que la máquina de escribir debería aplaudirnos después de escribir una buena página.

Pero dejemos a Torres con su feliz perorata frente a las cámaras. Lo que me pregunto es por qué el jefe del Gobierno de Canarias se inmiscuyó con tanta intensidad para satisfacer económicamente a Soluciones de Gestión, la empresa vinculada a Víctor Aldama y representada por Koldo García. Existe una cuestión previa, por supuesto: quién admitió la oferta de la empresa y ordenó formalizar el contrato. Porque compras por esos importes no fueron frecuentes ni mucho menos. Curiosamente ni el entonces presidente, ni su vicepresidente y consejero de Hacienda, ni ninguno de los sucesivos responsables del Servicio Canario de Salud ha demostrado puñetero interés en averiguarlo. Como pudo comprobarse en la comisión de investigación del Parlamento de Canarias absolutamente nadie sabía nada al respeto. Volviendo al denodado compromiso presidencial de abonarle todo y cuando antes a Soluciones de Ciencia Ficción, resulta particularmente llamativo el contraste entre la privilegiada atención y la rauda complacencia del Gobierno canario y la prudencia que se ejerció en otras comunidades autónomas gestionadas por socialistas. Tanto en La Rioja como en Aragón las ofertas de Koldo cayeron en saco roto. En el primer caso simplemente se le ignoró. En el segundo fueron rechazadas sus propuestas «porque el precio de las mascarillas era muy superior al que le pagábamos a otros proveedores». Fue la consejera de Presidencia del Gobierno aragonés quien recibió la llamada del asesor áulico de José Luis Ábalos. Lo mandó a hablar con Aragón en marcha, una iniciativa público-privada del Gobierno autonómico y la CEOE que centralizaba las compras durante la pandemia. Le respondieron con laconismo baturro: no nos interesa. Y se acabó lo que se daba. ¿Por qué Canarias no contestó igual?

Más allá de la personalidad de Torres –esa vocación de adhesión entusiástica a la jerarquía del partido, ese trabajarse sin descanso a la mano derecha del casi todopoderoso secretario de Organización– está la reciente evolución histórica del PSOE. El PSOE que surgió de la transición política en Canarias pudo optar entre convertirse en una organización federada con el proyecto de Felipe González y Alfonso Guerra pero que mantuviera una alta autonomía estatutaria y política o ser una franquicia del PSOE: el eco del eco del eco de Ferraz. Hizo lo segundo. Y no se corrigió con Juan Carlos Alemán ni con Juan Fernando López Aguilar, ni con José Miguel Pérez. Los socialistas canarios ni siquiera acudieron al Consejo Territorial celebrado en Santillana del Mar en 2003 para definir programáticamente el modelo autonómico que quería consensuar Rodríguez Zapatero. En las Islas es inimaginable la expresión de cualquier discrepancia –así sea menor– con la dirección federal ni con el Gobierno central. Incluso borraron desde hace años lo de Partido Socialista Canario en la denominación del partido. Respecto a Madrid lo suyo es un seguidismo acrítico y perezoso que no admite siquiera un matiz diferencial y menos aún con la coagulación del sanchismo y su persecución a la pluralidad. ¿Cómo no iba a triunfar Koldo aquí? n

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