Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

La última promesa en vida

Decidir con antelación las postreras voluntades vitales es un acto de previsión, no de miedo. Una muestra valiente de amor y responsabilidad, no de resignación.

Manifestación Anticipada de Voluntad. Un documento necesario

Manifestación Anticipada de Voluntad. Un documento necesario

Nada es para siempre. Todo sin remisión tiene un final y nunca se está preparado para el último desenlace. En el caso de la muerte la dimensión es aún mayor. La decisión en vida de cómo despedirse de este maltrecho mundo, llegado el momento, merece ser tan digna como el camino que hemos transitado. Porque vivir es también anticipar, adelantarse con ternura, con serenidad, con conocimiento de uno mismo. Nada fácil. Y es este 'impasse' es donde surgen, no sin detractores con estrechez de miras, las Manifestaciones Anticipadas de Voluntad (MAV). Documentos donde una persona, mayor de edad, expresa sus deseos y preferencias sobre los tratamientos médicos que desea recibir o rechazar en el futuro, en caso de que pierda la capacidad de tomar decisiones por sí misma. Un reguero de autonomía que, a partir de ya cuenta, con el acertado asesoramiento del Colegio de Médicos de Las Palmas de forma sencilla, gratuita y a golpe de ratón.

En Canarias, por ejemplo, más de 25.000 personas han dado ese paso al sellar su testamento vital. No es solo una simple estadística. Estamos ante un mensaje silencioso de individuos conscientes que se adelantan a lo que desean, cuándo asome el momento de subir definitivamente a la última planta.Un acto de previsión, no de miedo. Una muestra valiente de amor, no de resignación. Es tomar responsabilidad presente y evitar a nuestros allegados la toma de decisiones difíciles en un momento de lacerante dolor. Porque dirimir ahora es regalar paz al mañana, a liberar a los seres queridos de la carga de adivinar lo que querríamos, sin interpretar nuestro forzado silencio. Una decisión que otorga alivio a las familias. Ojo, que esto no está reñido con exprimir nuestra exigua existencia ni debe confundirse con la eutanasia, que es la acción médica concreta para poner fin a la vida bajo ciertas condiciones legales.

Como asevera Carmen Azpeitia, orientadora de manifestación de voluntades, "si organizamos la rutina del día a día, por qué no prever cómo será el final de nuestra existencia. Es decidir hoy para dar tranquilidad mañana a los que te acompañen". Las Manifestaciones de Voluntad son como ese instante de pausa: definen qué tratamientos aceptas, qué donaciones autorizas, qué ayuda deseas o no. En resumen, es una forma de garantizar la autonomía personal cuando ya no se puede comunicar. Un derecho legítimo a escoger la despedida con la misma decisión que se elige el camino de la vida, con la certeza de que la voluntad queda. Aunque se imponga el silencio, el deseo yace. Se trata de plasmar con dignidad el término de una historia vivida con plenitud. Porque el final no debería ser la ausencia, sino la última promesa que dejamos.

Tracking Pixel Contents