Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Punto de vista

Fernando Sagaseta de Ilurdóz López

Mayra Patricia me dijo: «Parece que el karma está dormido»

Mayra Patricia me dijo: «Parece que el karma está dormido»

Mayra Patricia me dijo: «Parece que el karma está dormido» / La Provincia

Triste. Tras toda una vida de entrega coherente para con un mundo en formación, se vio arrimada por la historia al estar sumida en una existencia alejada de los principios por los que no solo suspiró, sino que bregó. Vistió con aquella bata ligera, con zapatillas al aire con las que asistía entusiasta al desempeño de su trabajo, consciente de ser una pieza del puzle, quizá no la más vistosa, pues su falta no hacía perder la imagen del diseño total.

Su presencia no desvelaba la ardua dedicación a su tarea en el callado oficio de maestra, y embridada al telar de la revolución, de quien se sabe para el injusto.

Su fino pelo cenizo es muestra de que ha dado simiente, y su muda sonrisa, serena, la describe como argumento de mujer paciente, conocedora de que tras la oscuridad no surge la luz repentina, ni la magia de lo divino.

Como madre sabe que sus vástagos se abren paso sin tener su razón en los cuentos de la infancia o en las soflamas del predicado y anhelado mundo soñado.

Y quienes lo impiden siguen pendientes de ese karma dormido que parece encorsetado en el camino del tranvía, y no hay ciclón que lo arregle.

Resignación es lo que pronuncia Mayra Patricia, cuando dice «ese karma parece dormido». No se inquieta. Sabe que no le corresponde llamarlo, pues no es siquiera el suyo, no ha de azuzarlo, pues el ánima de este otro sino tiene sus tribulaciones, entre las que está la oportunidad de su arribada. Condescendiente, a la par que burlona, aligera su estar entre nosotros, y perdió oportunidades de cortar unas calas para enjugar su amor; ni así, cortó jazmines en flor para perfumar aquella emoción. No le dieron oportunidad, y declinó más por forjar futuros que no le pertenecían.

No era el momento para el arrepentimiento. El camino estaba cursado, desandar lo andado no era oportuno, pues ya se cernía el atardecer. Es así, que las veredas de la memoria quedaron desdibujadas en el follaje del tiempo, entre el matorral y el diseminado caprichoso que la fortuna dio por hacer brotar, dando color y vistosidad a un alegato incoherente, rabiosamente distinto al soñado y que ahora lo vive atesorando ese pasado alambicado, rellenando espacios con aventuras vividas que apuntala con deseos, para atraer su karma, que ha de ser vindicativo de lo vivido, aliviando su resignado espíritu con ese suspiro que exhala cuando aparta su rostro de mi mirada. Hablan de acoso y está bien; ven el asedio y lo entienden como arrogancia, prepotencia diría ella, creen que es el gesto de un mal educado, algo pasajero; pero es conducta habitual, que obliga a su concepto de democracia a privar de lo ajeno, de lo que no les es propio; sea por una sopa aliñada con sobras, sea de parabienes cedidos por la naturaleza, o sea por sus raíces comunales.

Olvidan el sometimiento, los estragos acaecidos en el pueblo, la pobre lumbre, la dieta carcelaria a la que obligan, la desazón sobre el destino. No se dan cuenta que esculpen con rigor el orgullo de un pueblo que exporta generosidad, sensibilidad y solidaridad, a pesar del ardor en sus entrañas, que somete libertades, que para sí son exigidas por el mundo de la «libertad nominal» que acoge en su sueño. Parca libertad la de los pueblos asediados, aquellos otros expoliados, y todos oprimidos; devastados por golpes de estado, invasiones, genocidios, guerrillas que impiden hallar horizontes.

Mayra Patricia es escéptica, no confía en la conciencia colectiva, pues ha vivido el acorralamiento a la razón de esta frente a los paradigmas del imaginario libertario del occidente económico. Ella, deshidratada por la penuria, humedece su garganta deglutiendo lágrimas aceradas causadas por la ignominia del desdén de quienes viven su desdicha desde la lejanía de su propia distancia emocional.

Su pulso es lento, toda una atleta de la supervivencia, que como corredora de fondo quiere creer que llegará, que está mas cerca a cada paso de esa meta imaginaria.

Tracking Pixel Contents