Opinión | La Calle Nueva
Inolvidables
En los últimos años tuve la alegría de tratar al que hasta hace poco tiempo fue el sucesor de Paco en esas tareas que pusieron al Teide, y a Canarias, lo más cerca posible del cielo, el universo…

El activista y político canario Pedro Zerolo, ya enfermo, en una reunión del Comité Ejecutivo del PSOE celebrada en 2014, un año antes de su muerte. / La Provincia
Lo más eterno es lo inolvidable, aquello que viaja contigo (nombres propios, recuerdos, andanzas, sustos o alegrías) y jamás se despega de tu recuerdo. Ahora mismo, si eso se pudiera lograr, este folio que escribo se llenaría automáticamente de los nombres propios inolvidables que provienen de las distintas épocas en que se me ha ido haciendo la vida. Desde que era un niño junto al barranco, a la primera vez que hice un viaje lejos de allí, a este mismo instante en que me vienen a la memoria, de golpe, las risas, el buen humor, la alegría, por ejemplo, de Pedro Zerolo.
Este viernes recibió en Tenerife, en la Caja de Ahorros de Santa Cruz, un homenaje que celebra el décimo aniversario de su despedida final. Puedo recordar aquellos momentos tristes, en Madrid, en La Laguna, cerca de los suyos y de sus innumerables amigos. Puedo rememorar los homenajes que recibió, cuando ya no podía celebrarlos él mismo, llenos de calor y de justicia. Pedro Zerolo, el hijo de Pedro y de Chicha, el lagunero que fue de todas partes, y que a todas partes llegó con su generosidad y su sentido del honor a la amistad. Zerolo, como lo conoció el mundo peninsular, Pedro, el que fue para sus amigos, está presente en las amistades que fue mereciendo y en los logros que alcanzó para una sociedad, la española, a la que le regaló su pasión por la igualdad y por la salud de la libertad, en todos los ámbitos en que ésta no es tan solo justa sino sobre todo útil.
Es imposible recordarlo sin aquella risa que compartió con su marido, Jesús, con sus hermanas, Conchi y Cristi, con su hermano Eladio, con su madre, Chicha, con su padre, Pedro, el pintor. Era el amigo del mundo entero. De las libertades del mundo. Porque, como Kim de la India, el personaje de Rudyard Kipling, Pedro fue un amigo del mundo entero, también de sus enemigos, de los que no lo quisieron, de aquellos que, ignorantes del trabajo que hacía Pedro para hacer mejor la vida de los otros, desdeñaron su contribución a la vida de todos.
La lucha que abrió es eterna e inolvidable. Fue a favor de la libertad de los hombres y de las mujeres, de los seres humanos que gracias a él rompieron paredes y abrieron horizontes. Gracias a él este país, al que vino de Venezuela (allí nació) cuando esto era una dictadura, rompió las amarras oscuras del pasado. Su gran logro civil, el matrimonio homosexual, no fue la única reliquia que tendría ahora su epitafio, pues ese hecho condujo a una libertad que no solo se debe a una ley sino a un modo de ser que ya fue, para siempre, una manera de la libertad.
Pedro, Pedro González Zerolo, le trajo a un país desecho en la guerra, y en la posguerra, el aire noble que hace mejores a las personas y que impiden los futuros tapiados en los que su propia infancia, su misma juventud, su vida, en fin, como la de muchos de su generación, parecía un espejo, un lugar sin porvenir ni alegría. A él, a Pedro Zerolo, se le debe gran parte de la alegría democrática de España. Lo hizo de hechos como los que él le regaló a quienes buscaran los senderos de libertad de los que ahora disfrutan los que piensan como él, y son libres. Aquellos que no se atrevieron a seguir esas sendas de libertad y que luego la disfrutaron son hoy también legado moral del trabajo de esta inolvidable figura que es ahora emblema del futuro que tiene la raíz en su pasado.
Inolvidable Pedro Zerolo. Como inolvidable es, para tanta gente, un sabio que se radicó en La Laguna y se pasó la vida mirando al cielo, hasta que lo hizo suyo y lo explicó, desde Las Cañadas al mundo. Recuerdo cuando él, Francisco Sánchez, profesor, catedrático, artífice primero del Instituto de Astrofísica de Canarias, abrió por primera vez lo que entonces llamábamos el astrofísico…
Todo entonces estaba por hacer, en términos científicos. Canarias tenía las posibilidades de llegar alguna vez a ese modo de cielo que se ve desde todas partes pero que era para todos nosotros una especie de lejanía sin remedio. Él nos aproximó a esa tapa del mundo que es el cielo; allí nos llevó a los periodistas que lo seguíamos a aquel lugar que a veces nos parecía un misterio donde lo único visible eran los camastros que él nos ofrecía para pasáramos la noche… Nos enseñó a interpretar la utopía, hasta que, muchos años después el Astrofísico fue un lugar que alcanzó los parabienes del orgullo canario.
Casiana Muñoz, del grupo de investigación en el Instituto de Astrofísica de Canarias, que lo conoció muy de cerca, publicó en El País un obituario que me alertó de la muerte de Paco. Decía ella, en su texto: «Vivió intensamente y consiguió cosas grandes. Seguro que, si está en algún lugar del universo, podrá decir que su vida ha merecido la pena». Era, en efecto, un sabio, pero tenía sobre todo la mirada del que sabe que mucho más allá del saber propio estaba la ilusión de lo que vendría luego.
Esa certeza de que todo lo posible era inacabable le alargó sus miradas ante la vida, así que yo lo veía, en las calles o en los aviones, asombrado de cualquier noticia que le dieras, como cuando era un joven científico y se encontraba con los periodistas y nos contaba el último hallazgo suyo. Como si se lo contara al Teide y a los informadores, nos fue diciendo poco a poco los hallazgos que estaban cerca de poner en el cielo los resultados de su pasión.
En los últimos años tuve la alegría de tratar al que hasta hace poco tiempo fue el sucesor de Paco en esas tareas que pusieron al Teide, y a Canarias, lo más cerca posible del cielo, el universo… Rafael Rebolo, que tiene en el Médano su sitio en el mar canario, ha hecho del cielo de Paco una realidad que amanece siempre con nuevas noticias, como si el cielo no se acaba nunca, igual que la ilusión de estos hombres, Paco, Rebolo, que ahora son sucedidos por Valentín Martínez Pillet… Sabes que el Teide está, que esa gente, con Paco al frente, lo pusieron más cerca, y que ahora el mundo es también ese firmamento porque gente inolvidable como Francisco Sánchez creyó que el aire es una ilusión sin límites.
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