Opinión | Aula sin muros
Móviles: una nueva adicción

Dos personas usan teléfonos móviles. / UPF
Después que Steve Jobs inventó el iPhone ya nada fue igual. Más de un cuarto de la población mundial se conecta a Internet a través del móvil. Su uso modela comportamientos, modos, usos y costumbres cotas que nunca alcanzó la invención del teléfono, la radio o la televisión. La revista médica The Lancet registró una nueva enfermedad muscular: la whatsappitis como una dolencia en las muñecas y pulgares. Consecuencia también de un nuevo tic el de desbloquear el móvil que arroja una media de entre 80 y 150 veces al día. Las pantallas están aumentando los globos oculares. Está cambiando la forma de los ojos. Aumentan los casos de miopía entre niños y adolescentes y a largo plazo los casos de glaucoma y cataratas. Aumentan los casos de miopía y a largo plazo los de glaucoma y cataratas. El doble que hace 50 años. La luz interminable y la ansiosa espera de una llamada que se transmite a las noches, con el artilugio en la mesa de noche, puede provocar insomnio crónico. No del todo probado en humanos, pero, en ratas, el contacto continuo con los móviles produce cáncer, mucho más en bebés de dos años. Esos abuelitos que, en vez de dedicarse, como antaño, a dar palmaditas y los avioncitos a la hora de la comida, les enseñan a teclear al artilugio con ellos en brazo. Una encuesta realizada en Inglaterra demuestra que el 40% de los jóvenes eligen dejar de bañarse antes que abandonar el uso de los móviles. Y la mayoría de los jóvenes y adultos regresan si se han olvidado el móvil en las casas. Si se pasa mucho tiempo conectado a móviles, smartphones o tablas se resta tiempo y capacidad para interpretar el lenguaje corporal de los demás, condición indispensable para ser empáticos. Hace más honda la soledad porque falta la presencia del otro. Su desmesurado uso ha traído también nuevas disfunciones del comportamiento: el 40% de los universitarios ha perdido empatía por el abandono de contactar cara a cara. Ni siquiera para ligar. Pediatras y psicólogos advierten que pasar, los menores, más cuatro horas al día resulta ser una verdadera adicción semejante a las drogas o alcohol. Los hay que, según ellos mismos, duplican ese número. Responsables de la Dirección General de Tráfico hablan de que el uso masivo de los móviles ha alterado la vida diaria de la gente. En concreto se refiere a su uso por los conductores (denunciados con sanción) y de los peatones en la calle y como andan, absortos, sin respetar los pasos de cebra. El que más y el que menos se ha visto, alguna vez, sorprendido por darse de bruces, un abrazo virtual, por parte de uno o una que, antes andaba «mirando para los celajes», hoy embebidos en las imágenes y sonidos de un plasma. Lo que sí se ha demostrado es que disminuye la capacidad de concentración que hay un alto porcentaje que no atiende las señales de los semáforos y que responder a «los manos libres» produce una media de nueve muertes diarias en los EE. UU. con más de mil heridos. Una mayoría de personas lleva el Smartphone o móvil a todas partes y delega sus percepciones y modos de ver la vida en el aparato. Incapacita para ver y sentir los latidos sensoriales de la realidad circundante. El Smartphone irrealiza el mundo. Hay filósofos que hablan de “los cautivadores objetos devocionales de la imaginación popular”. El Smartphone como devocionario del régimen neoliberal. El like es el paradigma de lo digital. Cuando damos al botón de «me gusta» nos sometemos al aparato de la dominación. También del placer de que la información llegue, no a unas pocas personas, sino a miles. reconocido por los miles de amigos virtuales. Mecanismo de recompensa que aumenta la segregación de dopamina en el cerebro. Facebook y Google son los nuevos señores feudales. Hace a las personas dependientes, dóciles, obedientes y adictos al consumo masivo. Nos invita a contar nuestras vidas, a comunicar nuestras opiniones, preferencias y deseos. Cuando se extravía el móvil o Smartphone se entra en pánico, porque se establece una relación íntima con él. Es un objeto narcisista y autista en el que uno no siente a otro sino a sí mismo. La espera de una voz al otro lado del ya fenecido teléfono de alambre, fijo, se ha tornado en la del móvil, apéndice de bolsillo que se lleva a todas partes que, muchas de las veces, no produce liberación sino la ansiedad de una parálisis.
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