Opinión | CRÍTICA
Fierabrás
Genios sin vida
H ermoso programa el que componía este quinto abono de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria con el retorno de Carlos Kalmar, director que ha hecho sobre todo su carrera en Estados Unidos, perteneciente a una generación de talentos que han terminado desarrollando una trayectoria menos importante para la que parecían predestinados. Ha sido titular muchos años en Oregón y no ha estado exento de la polémica con denuncias de acoso – falladas a su favor – en Cleveland y una tormentosa relación, en su breve titularidad, con la Orquesta de RTVE.
Se iniciaba el concierto con un spitch del propio director que sobraba a todas luces toda vez que se limitó a aportar datos de la Wikipedia más que su particular visión de las partituras. Habiendo programa de mano era innecesario tratar al público de manera tan pueril. ¡Es necesario alejar el micrófono de los directores de orquesta ya!
La obra de Caroline Shaw – en esta particular promoción por la nueva música norteamericana que ha emprendido la OFGC – es de lo mejor que hemos tenido en atriles, es una pena que en la versión para todo el contingente de cuerda (contra la original solo para cuarteto) no se aprecie la originalidad y el atrevimiento de la compositora a la hora de experimentar con la sonoridad de los instrumentos de arco y sus múltiples técnicas. Obra original en estructura y visión sonora recibió una lectura inerte y algo confusa en planos y ejecución.
Al igual que la Suite de La zorrita astuta de Janácek, elegida la versión de Tálich que se basa solo en la música del primer acto, nos hurta un poquito más de esta bella música, llena de colorido, de un realismo mágico que estuvo bien estructurado pero con una traducción sonora a la que faltó redondez y cierta continuidad en el fraseo aún con aciertos puntuales en el arduo trabajo de las maderas.
En la segunda parte, la Sexta Sinfonía de Dvorák, genial en su mansedumbre lírica, volvió a faltar un fraseo más pulido –maderas del primer movimiento– unas transiciones más naturales, más diferenciación dinámica y cierto arrebato, sobrando un germanismo y una rusticidad mal entendida en el rígido furiant por ejemplo.
Faltó un mínimo de idiomatismo, comparado con la Del nuevo mundo de Urbanski de hace dos temporadas, con una respuesta orquestal nuevamente con falta de equilibrio en los forte y redondez y rotundidad en la cuerda. Hubo aciertos parciales como en la segunda exposición del tema del Adagio dicha con cantabilidad de buen cuño o el trío del Scherzo admirablemente expuesto por las maderas o el brahmsiano inicio del Finale, elocuente y bien diseccionado en las voces. Pero poco botín para un primer movimiento descosido, falto de poesía y en exceso tenso para una música tan disfrutona como la este ya madurado Dvorák. n
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