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Opinión | Retiro lo escrito

Un vocablo y una figura

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, el pasado jueves durante el pleno del Congreso.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, el pasado jueves durante el pleno del Congreso. / José Luis Roca / EPC

Para Pedro Sánchez y su gabinete - y para esa excrecencia del Gobierno, el PSOE -lo más importante es ganar tiempo. Por tanto el Gobierno se ha instalado en el comosiísmo. Como si dispusiera de mayoría parlamentaria en el Congreso de los Diputados después de la espantada de Junts per Catalunya. Como si pudiera, pese al muy ácido adiós de Miriam Nogueras, aprobar los presupuestos generales o cualquier otro proyecto legislativo, sea menor, sea singularmente relevante. Como si el país y su propia posición política fuera plenamente normal. Dentro de dos o tres semanas comenzará el paréntesis navideño. El mes de enero es inhábil parlamentariamente y Congreso y Senado cierran sus puertas hasta febrero. Quizás conozcan ustedes un podcast estupendo que se llama Estirando el chicle, con el que divierten a muchísimos miles de oyentes Carolina Iglesias y Victoria Martín. Esto que sufrimos, más que un gobierno, es precisamente un podcast interminable que podría titularse igual, solo que sin puñetera pizca de gracia. Sánchez estira y estira este legislatura chiclosa y rumiante y tal vez JxC regrese al redil, o al menos facilite la aprobación de media docena de leyes, lo que será vociferado por los socialistas como un éxito extraordinario, inaudito, benemérito, en realidad supercalifragilisticoespialidoso. Por el momento mirada al frente, paso firme a ninguna parte e impasible el ademán.

La convocatoria del Consejo de Política Fiscal y Financiera se inserta en la estrategia chicleística del presidente Sánchez. Nadie sabía con total seguridad el sentido de la reunión de María Jesús Montero con los consejeros autonómicos. Pero sorpresa generalizada -aunque, sinceramente, muy relativa - la ministra de Hacienda anunció que el Gobierno quiere consensuar con las comunidades un nuevo modelo de financiación autonómica y pretende (para mayor guasa) llevarlo a las Cortes y todo. Algunos consejeros pidieron más detalles pero la ministra les respondió que para aquilatar el modelo falta cerrar unos flecos o unos pompones. También contó que la senda fiscal -los objetivos de estabilidad y equilibrio financiero a los que se compromete el Gobierno -- están ya diseñada y que las comunidades autonómicas perderían globalmente más de 3.200 millones de euro si no se adhieren entusiásticamente a la misma. Es ese estilo de sucio chantaje al que se han acostumbrado los socialistas en los últimos años: si no aceptas mis condiciones no es que quieras negociar otras, es que no te interesa mejorar la vida cotidiana de tus conciudadanos.

Pasamos los días como si no pasara nada, imitando a Pedro Sánchez, pero vaya si pasa. Pasa que llevamos doce o catorce años con un sistema de financiación autonómico anacrónico, ineficaz y que tensa las relaciones interinstitucionales. Pasa que arrastramos toda esta legislatura sin presupuestos generales porque un Gobierno incumple el artículo 134 de la Constitución con desprecio y alevosía, lo que impacta gravemente en comunidades autónomas y ayuntamientos y desgasta la eficiencia de la gestión pública. Pasa que el Gobierno se ha comprometido con los independentistas catalanes a una “financiación singular” que en realidad no consiste en otra cosa que en extender los privilegios del cupo vasco a Cataluña, aumentando los recursos de la Generalitat a costa de los contribuyentes españoles y quebrantando inevitablemente la solidaridad interterritorial. Es ridículo que pueda exportarse el modelo, aunque sea solamente por la finitud de los recursos financieros del Estado. Pasa todo eso, en fin, y otra cosa que no deja de pasar así pasen los años, es que el Ministerio de Hacienda pretenda que los recursos del Régimen Económico y Fiscal se computen como parte de la financiación de la Comunidad canaria.

“Muchas malas nuevas se escriben desde todas partes y muy rematadas (…) Esto no sé si se va acabando ni si se acabó. Dios sabe que hay muchas cosas que pareciendo que existen y tienen ser ya no son nada, sino un vocablo y una figura” (Francisco de Quevedo, año de Nuestro Señor de 1645).

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