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Opinión

El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, en implosión

La concejala Inmaculada Medina dimite tras su imputación en el caso Valka

La Provincia

Inmaculada Medina estuvo a punto de recibió un aplauso cuando anunció su dimisión. Francisco Hernández Spínola y otros concejales y compañeros del PSOE presentes en su comparecencia frente a la prensa se cortaron en el último momento. Todo muy emocionante, como el discurso de la veterana dimisionaria, pero todo muy insatisfactorio desde el punto de vista de la rendición de cuentas y la transparencia en la gestión.

Como en todas las ocasiones anteriores, Medina desaprovechó esta para ofrecer una aclaración amplia y pormenorizada sobre su vinculación (o no) con la trama corrupta que habría prosperado en el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria durante años según la Fiscalía Anticorrupción. Es más: no admitió preguntas de los periodistas presentes.

A políticas como Medina —concejal nada menos que de Coordinación Territorial, Aguas, Carnaval y Fiestas— les parece de lo más normal no admitir preguntas de los medios de comunicación cuando dimites forzada por una situación judicial. En las últimas horas algunos chismosos desprovistos de corazón habían comentado que Medina no pensaba dimitir, pero que la alcaldesa Carolina Darias le conminó —cortés pero terminantemente— a hacerlo el pasado fin de semana.

Lo sorprendente es que el escándalo que supone el llamado caso Valka —hipotéticamente una corrupción de origen funcionarial en las áreas de Urbanismo y Aguas que contó con cobertura política, como invitados a una fiesta que había empezado sin ellos— se lleve tan tranquilamente por todos los estamentos de la sociedad de la capital grancanaria mientras el gobierno municipal implosiona. Es como si los ciudadanos, hastiados, les dieran la espalda.

El único partido que ha exigido una comisión de investigación es Vox. Coalición Canaria ha pedido, en cambio, algo menos estruendoso pero tal vez más útil: una auditoria en profundidad que revise una a una «todas las facturas contratos y expedientes» vinculados al suministro de agua y al mantenimiento de las zonas verdes (parques y parterres) en los siete años (entre 2015 y 2022) en los que Medina gestionó dicha área. La alcaldesa ya debió hacerlo. Pero la alcaldesa —por resumirlo brevemente— no hace absolutamente nada.

Carolina Darias empieza a ser una figura tragicómica, una Juana de Arco calamitosa, pero ignífuga, porque actualmente no es posible articular una mayoría de gobierno alternativa en el ayuntamiento de Las Palmas. Esa es su única fortaleza sin dejar de ser, al mismo tiempo, señal inequívoca de su debilidad. Porque el pacto se desmorona.

Hace meses sufre a un anciano iracundo —Pedro Quevedo— que le pide todos los días que le corte el cuello a José Eduardo Ramírez, su compañero de candidatura, que abandonó NC para unirse a los Municipalistas Primero Canarias comandados por Teodoro Sosa. Y en la tarde de ayer la única concejal de Podemos, Gemma Martínez Soliño, coqueteó con la ruptura del pacto.

Martínez Soliño, según acostumbra, no renunció en ningún momento a esa mixtura de tontería y cinismo que la caracteriza. Tontería: mostrarse intranquila porque ella se sumó a un pacto de izquierda y un concejal se marchó a un partido de derechas: sabe de buena tinta que Municipalistas es un partido de derechas, con el que, por ejemplo, gobierna Antonio Morales, ese ultra, el Cabildo de Gran Canaria.

Cinismo: a cambio de que Podemos no rompa Darias debe suscribir una suerte de decálogo charlatán para sustentar una nueva política de vivienda pública cuando falta año y medio para la convocatoria de elecciones. Cuando Martínez Soliño dice que Podemos no está para gestionar crisis o inestabilidades ajenas no miente. Está para aprovecharlas y conseguir cuatro titulares efímeros y un par de entrevistas en la televisión.

El pacto firmado en junio de 2023 está definitivamente roto y la capacidad de Darias para reconstruirlo en las próximas semanas es nula. Esta colección de desconfianzas mutuas, torpezas innumerables, anuncios gloriosos, parálisis administrativas, arrogancias y sospechas se arrastrará hasta mediados de 2027 porque los sueldos son importantes pero nada más.

Y Augusto Hidalgo callladito. Es lo mejor sabe hacer.

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