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Opinión | Observatorio

La casa de los espejos

El presidente de EEUU, Donald Trump

El presidente de EEUU, Donald Trump / Europa Press/Contacto/Andrew Leyden

De cóncavos a convexos, a rotos. Trump herido en su orgullo recala en Windsor Castle años después para ser resarcido de aquella ofensa padecida por él de la mano del entonces primer ministro británico Boris Johnson, Trudeau, y Macron entre otros, en la recepción en Londres allá por el año 2019 , a la que sus correligionarios al poder le sometieron, mofándose de su bisoñez política, al pretender Trump el dos por ciento de sus presupuestos para armamento, en la reunión de la OTAN en aquella ocasión, y éste, abandonó la reunión visiblemente contrariado, ofendido. Hoy, ya pretende el cinco por ciento, con aquella expresión. ¿No querían caldo? Pues doble y algo más, el cinco por ciento. No sé si se trata de soberbia, o quizás sí le pesa el estado de su economía.

Por ello, y en desagravio por lo ocurrido, los británicos le ofrecen a Trump ahora, y acepta, una recepción tras reconquistar la Casa Blanca (con parada militar incluida, en la que el rey Carlos III le tuvo que corregir, apoyando su mano en el dorso del ciudadano Trump, indicándole que durante la parada militar no se debe estar parado comentando con el de la espada en ristre, el comandante (mera cuestión de protocolo); y durante los fastos de la cena de gala, Trump se atrevió a bromear sobre un tercer mandato presidencial, bajo las sonrisas cómplices de los invitados.

Mientras, los británicos de a pie extramuros de Windsor bramaban contra su presencia. En el vuelo de salida, el helicóptero de regreso a EEUU, el Marine One, se vio obligado a realizar un aterrizaje forzoso; siguiendo curso Trump y su esposa hacia el Force One en el de refuerzo.

Meses atrás, una bala le rozó el lóbulo de la oreja, con una precisión inaudita. Otro joven armado, un republicano cristiano, mostró su frustración con el divulgador y seguidor de Trump, de derechas, Kris Kross, hace unas semanas, y su íntimo amigo, y vicepresidente, J.D. Vance, le dedicó a aquél unas sabias palabras, asegurando al fallecido que aquí en la tierra se cerciorarán de velar por su credo; pidiéndole que le aguarde en el Valhala donde espera reunirse con él. Me imagino que se refería al cielo, o al purgatorio, aunque la recurrente arrogancia del personaje le impida gesto de humildad alguno.

¿En manos de quién estamos? Los hitos anteriores no son un script fílmico que me invento y que denomino como joker joke (broma del comodín) o el disparate de un túrmix tras aportar los hechos, que aún pareciendo inverosímiles son ciertos. El batido puede salir amargo.

La deformada realidad no deja de prodigar incertidumbre y ansiedad al desvelar su rostro. Por boca de su mayor vocero oímos anuncios sobre nuevos conflictos, sobre el reparto del mundo, con amenazas latentes (Venezuela), o patentes como la de Palestina, por no referirnos al Sáhara Occidental, donde se pretende dar barniz de legalidad a una usurpación de sus recursos naturales omitiendo los derechos del pueblo saharaui, que no formó parte de la decisión; o así, el coste de la liberación del África negra, tomando como ejemplo a Burkina Faso. Y a la par, este vocero no deja de hablar sobre las virtudes de sus ejércitos, y sobre la «bondad» destructiva de sus armas haciendo de vendedor ambulante, como un tahúr del oeste, ludópata, ofreciendo un elixir, como crecepelo, o para cualquier otro propósito.

Se les ha caído la máscara, o tan solo se la han quitado, pues entienden que la sociedad civil ya es consciente del juego que se traen en la White House, y confían más en el agotamiento de las poblaciones, y en la eficacia de las fake news como elementos disuasorios del voto.

Nos dan la noticia de que por decisión de Trump, USA se retira de la Unesco (la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura que es el organismo dedicado a conseguir el establecimiento de la paz mediante la cooperación internacional en los ámbitos de la educación, la ciencia, la cultura y la comunicación e información), y a su vez se retira del Consejo de los Derechos Humanos de la misma organización que reemplazó a la antigua Comisión de Derechos Humanos, celebrando su primera reunión el 19 de junio de 2006. Este órgano intergubernamental constituye un foro que tiene la facultad de prevenir los abusos, la desigualdad y la discriminación, proteger a los más vulnerables y denunciar a los perpetradores. También cuestiona Trump el papel de la ONU en lo que hace a los refugiados.

¿No les parecen suficientemente reveladores estos abandonos, si los relacionamos con lo que llaman su geopolítica?

En alusión a los espejos que abren este artículo sólo decir que, cuando éstos son rotos, reflejan la vida y el espíritu de quienes se ven reflejados, hacia el mal provenir por sus acciones de romper, como la tradición indica.

Construyendo en este desaliñado juego de la geopolítica, Canarias puede ser el ojo de la cerradura de África Occidental, y evitar así el aislamiento que sufrimos: geográfica, económica y políticamente; desarrollando hubs y futuros nexos, que implementen necesidades con conocimiento para avanzar en la evolución de los objetivos comunes de los países próximos, evitando la interacción controladora de agentes globalistas, y hallando la mejor satisfacción de nuestros pueblos.

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