Opinión | Risas y fiestas
Pereza bendita

Pereza bendita / La Provincia
La pereza la pereza es lo que más me llena el corazón.
La pereza no es nada.
Es un bote de esos de pepinillos que luego tras acabarte los pepinillos lavas con espumita de Fairy y embutes en la alacena esperando esperando que surja la oportunidad de embutirle dentro al cristal algo preciado algo efímero algo inimaginable aún espontáneo y sin recipiente propio: algo venido de fuera del sistema de los pepinillos y las gildas industriales. Algo quizá hecho por ti, con tus manos, con microgotitas de tu saliva flotando en su composición porque cuántas veces lo probaste a ver a ver con una cucharita pequeña mientras hervía en el fuego y qué ilusión y qué divertido potingue solo por el potingue mismo y clavado en tu cabeza resulta resulta para siempre una parte de ti en tu recuerdo.
La pereza es la oportunidad de lo auténtico.
Para mí, al menos, lo es. Repaso las cosas que me importan. Las he hecho casi todas en momentos en los que me he estado escapando de otras que no me importaban tanto pero sin embargo debía hacer. Era bueno que hiciera. Me empeñaba en hacer por motivos que no tenían ninguna relación con el disfrute, con la vida como un espacio latidor latidor que empieza y se acaba y en el proceso somos cuerpos receptivos, experimentadores, gotas de sudor por los muslos para abajo que hacen cosquillas en su recorrido aaa. En clase, desinteresada, a veces leía por debajo de la mesa, y en casa, teniendo que leer un libro para tal o cual movida urgente por favor venga ya, era capaz de pegarme ocho horas seguidas jugando a la play. Y en el juego, cuando había que derrotar a un malo malísimo dificilísimo y qué falta de ganas las mías en ese momento de manta pesada encima y cheetos que no podía comerme si me concentraba demasiado, me ponía a pasear por el mapa y a mirar todos los detalles y a imaginarme que estaba yo de verdad ahí dentro, en ese otro mundo que de pronto me apetecía muchísimo más.
Casualmente, para mí, todos esos comportamientos perezosos han resultado ser una parte central mía, y escribo desde ellos, por ellos, cada tarde de ponerme el labio sobre la rodilla y observar las palomas de enfrente un tema nuevo y un detalle nuevo y un impulso nuevo. Eso tiene que ver, creo, con que la escritura se chasca chasca chasca lo que somos para hacer lo que puede con lo que tiene, y solo nos tiene a nosotras, obsesionadas y maravilladas, receptivas y experimentadoras. Iba a escribir que qué pereza la pereza si su objetivo es producir algo que luego se convierta en material para trabajar: pero creo que escribir, igual que hablar en confianza, ay que se te salió una gotita voladora de saliva bueno me la trago ajajaj me meo, es un botito vacío, y se escapa de esas lógicas, es pereza preciosa, caramelo de pereza que me babo otra vez, algo para huir, descansar, pensar.
¿Quizá me engaño? Puede ser. O quizá no. Quizá necesitamos recuperar ese impulso gandulito. Quizá necesitamos inutilizar la escritura, devolverla al ratito de empañar una pantalla de ordenador de vaho y luego no releer demasiado, quizá ya desde aquí no lo entiendo. Quizá necesitamos ser un poco ruines, volver a ceder a la conexión por encima de la productividad, y razonar nuestra propia productividad en unos términos asentados en ese escape de la productividad: esto que hago, esto que sé que debo hacer, ¿es importante o es parte del laberinto corporativo que me hace sentir que debo defender la empresa que me explota como si fuera a heredarla porque valida mi identidad y mi corazón y el tiempo que estoy echando en burocracia, en aprenderme todo este sistema, tiene que contar para algo y entonces le doy la etiqueta de ORO PURO y entonces siento que vivo para?
Y esto que hago supuestamente fuera del circuito de la productividad, ¿lo hago por mí, potingue secreto, o para que me vean y me estimen, para yo estimarme?
La pereza nos recuerda que somos seres que sienten con profundidad. Que lo valioso de vivir no es el sistema que hemos armado alrededor de la vida. Que claro que el centro es el descojone con la amiga y recordar debajo del edredón de la madre y comer galletas y acariciar la madera de la barandilla y jugar por jugar y leer por leer y acompañarnos entre todes en esa búsqueda. Y exigir que se garantice esa búsqueda: que se reconozca su centralidad. Wislawa Szymborska escribió en un poema: “Prefiero que me guste la gente a amar a la humanidad”. La pereza nos reduce a ser gente, y ser gente es la forma más auténtica de ser humanidad.
- La Guardia Civil avisa a los conductores canarios: multas de 500 euros y pérdida de 6 puntos por esta práctica tan común en las rotondas
- Pelea en Mesa y López: rompe de un puñetazo la luna trasera de un coche y el conductor lo atropella y huye
- Lukovic y Cedeño se bajan del chárter de la UD Las Palmas: van a Ceuta por Málaga y barco desde la bahía de Algeciras
- Comunicado urgente de la Aemet sobre la borrasca Emilia que se acerca a Canarias
- El gestor de la terraza El Atlante niega que haya bloqueado el paseo marítimo con su establecimiento
- DIRECTO | El viento de la borrasca Emilia desmantela el ambiente navideño en Canarias
- Las Palmas de Gran Canaria recomienda a la población permanecer en casa por las incidencias de la borrasca Emilia
- Gran Canaria registra hasta el mediodía de este viernes las mayores lluvias del archipiélago por la borrasca Emilia
