Opinión | A pie de página
Miguel A. Betancor León
Neuro Arbitraje: El Cerebro en el Silbato

Un dispositivo VAR, en una imagen de archivo
Últimamente observo instituciones deportivas intentando introducir la tecnología en la toma de decisiones de los árbitros para reducir su margen de error ya que los árbitros son humanos no robots, observo que hacen esfuerzos tecnológicos, pero se siguen poniendo en duda sus decisiones.
El silbato es, a menudo, el epicentro de la emoción y la polémica.
Pero ¿es suficiente con cámaras, sensores y repeticiones instantáneas?, pues no.
El VAR en el fútbol, la repetición del Instant Replay en el baloncesto son claros ejemplos de esa búsqueda. Sin embargo, a pesar de estos avances tecnológicos, la controversia no solo persiste, sino que las dudas sobre la tecnología ponen el foco en los árbitros por su mala interpretación. Ya no se discute solo la decisión del árbitro en el terreno de juego, sino también las interpretaciones de una jugada analizada en una pantalla, sumando otra capa de presión y complejidad arbitral.
Hemos visto como ya se usa la Inteligencia Artificial (IA) para designar árbitros, pero el deporte sigue siendo un juego de humanos y habrá que equilibrar el uso de la IA o tecnologías para unirla a la Inteligencia Natural del árbitro que es la persona que siente y percibe las emociones del juego.
La tecnología arbitral se compra, pero el criterio arbitral con tecnología se entrena y se valida.
El futuro del arbitraje ya no es quien mejor pita sin tecnología sino quién está mejor preparado mental, física y tecnológicamente para acertar.
En su formación pasaremos de un modelo de visualización de jugadas a su combinación con un modelo que facilita la intensidad cognitiva junto a la tecnología.
Las exigencias de ese nuevo árbitro digital ya no es arbitrar rodeado de jugadores y público sino arbitrar con tecnología, un proceso de datos y jugadas analizadas en una pantalla, requiriendo una validación deportiva justa.
Este cambio exigirá una evolución profunda en la formación y habilidades de esos árbitros bajo entornos tecnológicos.
Imaginemos el cerebro de un árbitro como un nuevo espacio de juego, donde se deben tomar decisiones a partir de una infinidad de repeticiones de jugadas, observadas desde múltiples ángulos y con diferentes latencias de decisión. En ese contexto un fallo arbitral se convertirá en un fallo de procesamiento cognitivo. Y ahí es donde entra de lleno la neurociencia y el Neuro Arbitraje.
Tendrá que formarse para unir VALIDACIÓN TECNOLÓGICA con CRITERIO HUMANO.
No es lo mismo Pitar que Arbitrar con Tecnología. La pasión en el deporte alimenta incertidumbre. Sin embargo, el centro de la polémica se ha desplazado a un terreno más complejo, la decisión subjetiva tomada en una fracción de segundo ante una pantalla, otra presión fuera del terreno de juego. El desafío del arbitraje de este siglo XXI ya no es sólo físico ni de conocer las reglas sino también tecno-cognitivo. No es lo mismo pitar (un acto instintivo y reactivo inmediato en el terreno de juego junto a jugadores y público) que arbitrar (un proceso de gestión de datos y jugadas ante una pantalla). Por todo ello, la formación de los árbitros con tecnología dejará de ser sólo física para convertirse en un arbitraje de precisión cognitiva, Neuro Arbitraje.
El error arbitral ante la tecnología no es un fallo involuntario, los errores pueden deberse a decenas de fuentes: dinámica visual del juego, ambigüedad reglamentaria, limitaciones del campo visual, attentional blink, latencia tecnológica, sesgos perceptivos, etc. Su eficiencia visual, su gestión del estrés y su resistencia a la fatiga cognitiva nos ayudará con la neurociencia a poder entrenar eficazmente al nuevo árbitro que toma decisiones fuera del terreno de juego junto a un nuevo ojo tecnológico o cerebro digital.
El objetivo no es reemplazar al árbitro, sino aumentar sus capacidades.
En este sentido neuro tecnologías como electroencefalogramas (EEG) nos permitirán analizar datos generales de carga mental, fatiga cognitiva o atención, estados atencionales, velocidad de procesamiento y control inhibitorio. El entrenamiento tecno-cognitivo del árbitro moderno puede apoyarse en neurotecnologías validadas como la electroencefalografía (EEG), la espectroscopia funcional NIRS, sistemas de neurofeedback y biofeedback (HRV conductancia, respiración), así como en tecnologías complementarias como eye-tracking y realdad virtual.
Estas herramientas permiten evaluar de manera objetiva la carga mental, la eficiencia atencional, la fatiga cognitiva y la regulación emocional durante la toma de decisiones, mejorando notablemente el rendimiento arbitral.
El árbitro del futuro utilizará la tecnología no para depender de ella, sino para liberarse de la carga sensorial y dedicar su energía a lo que realmente importa durante el partido, la comunicación, la autoridad y el criterio, lo que solo el humano puede hacer.
Igualmente afectará a la formación de los árbitros pasando de prueba de reglas, pruebas físicas a los Neuro-Test (prueba cognitiva), seleccionando a los árbitros con mayor potencial de resiliencia mental ante la toma de decisiones en un entorno tecnológico. La investigación es la brújula que nos permitirá arbitrar con más eficacia y la ciencia será el upgrade de la experiencia arbitral.
La credibilidad del deporte exige que la preparación de sus árbitros esté a la altura de la ciencia del siglo XXI.
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