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Opinión | Al filo de las letras

Las Palmas de Gran Canaria

Las violencias machistas cuando acaba el 25N

Me niego a vendarme los ojos ante una realidad que nos agrede a todas. Esto es más que un compromiso o una declaración de intenciones: es lo que hago y es lo que soy

Manifestación contra la violencia machista en Tenerife

Manifestación contra la violencia machista en Tenerife / Andrés Gutiérrez

Me siento y escucho. Absorbo. Retengo. Almaceno las historias de violencia que han sufrido mis compañeras, mis amigas, mi madre, mi novia. Mujeres a las que no conozco de nada pero se abren ante mí como un desgarrador libro de memorias. Yo me abro con ellas. Me siento conmigo misma, dejo el móvil a un lado para no distraerme y me escucho. Recuerdo cuando tenía 12 años y me perseguían unos chicos por la calle. Los pensamientos transparentes de hombres de la edad de mi abuelo. Las presiones y los celos de algún que otro exnovio. Cosas que he visto y se me han pegado a los párpados.

Estoy cansada, cierro los ojos. Esto me parece agotador. No es el recuerdo lo que me drena, ni tampoco escuchar vivencias ajenas, porque hoy y siempre me reafirmo como un oído gigante para cualquier mujer que quiera contarme su historia. Todo eso no me cansa; más bien, activa mi rabia. Lo que sí me consume es que aún tengamos que narrarnos en cada efeméride para cumplir con los días del calendario y justificar que seguimos sufriendo violencia. Todos. Los. Días.

Después pasamos a ser una cuota. Las feministas de turno que son unas exageradas, sacan las cosas de contexto y estarían peor en Afganistán. Las mujeres seguimos gritando y presionando y empujando y molestando porque esa es la única manera que existe de hacernos con los derechos y las libertades que nos quitan. Así se impulsa el avance de las sociedades. Pero todo lo que va, vuelve. Lo hemos contado en este periódico, y se ha contado en tantos otros medios: cada vez más jóvenes niegan la violencia machista. Como si no tuviéramos ya bastante con los viejos verdes que acaparan el poder.

En esta ola regresiva de conservadurismo, aliada con un tenebroso capitalismo salvaje, llega un punto en que los días como el 25N se convierten en un concurso por afilarse las uñas y los dientes para rascar el morbo. El resto del año, muchas personas no se molestan en hacer frente a los señores que no ven un problema en estrujar reiteradamente la teta de una mujer que se manifiesta sin camisa en frente de las cámaras.

La violencia hacia las mujeres transversaliza lo que soy, y por eso también lo que escribo. Cuando observo el mundo, cuando me siento al teclado, cuando perfilo una historia con sus personajes y también cuando me releo: siempre termino encontrando algo que no recuerdo de dónde salió, pero que está dentro de mí y no puedo ni quiero quitarme de encima. Me niego a vendarme los ojos ante una realidad que nos agrede a todas. Esto es más que un compromiso o una declaración de intenciones. Es lo que hago y es lo que soy.

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