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Opinión | Marilia Monzón

"Ojalá volver a casa y hacerlo siempre de esta manera"

La artista canaria Marilia Monzón reina en su Gáldar natal con un concierto mágico.

Marilia Monzón durante su concierto en Gáldar

Marilia Monzón durante su concierto en Gáldar / La Provincia

Escribo este texto aún emocionado. Con la resaca emocional de quien ha vivido un momento único con la gente a la que aprecia y que lo alargaría hasta casi el hartazgo. Incluso con el sabor a salsa ultra procesada tras hacer la mítica parada en el parque comercial La Mareta. El peaje de quienes transitan la GC-1 por la noche y ya no encuentran dónde cenar. Mi madre de copiloto. En silencio, y eso sí es difícil. Juntos hemos pasado la típica tarde familiar viendo uno de los tantos encendidos navideños que paralizan la isla semanas antes de las fiestas. Noto que ella también trata de asimilar el momento mágico que hemos vivido.

Las campanas del santuario de Santiago repicaron cuando Teodoro Sosa y Julio Mateo pulsaron el botón que prendió las diez mil tiras de luces led que decoran Gáldar en 2025. Cientos de personas se movían en círculos al son de hits. De ayer, pero más de hoy. Sin embargo, a apenas unos metros de distancia de la plaza central se vivió el verdadero momentazo de la noche. Un concierto irrepetible que emocionó a todos los allí presentes. El de Marilia Monzón.

La que fuera concursante de ‘Operación Triunfo’ en 2018 volvió a su pueblo natal para desprenderse de una espinita; la que comparte con todos los que un día tuvieron que abandonar tierras canarias para labrarse un porvenir. También un reconocimiento. La primera cita en el recién reformado Teatro Guaires después de haber firmado su disco más personal (‘Prenderé una velita’) y a punto de lanzar el segundo, más experimental; hecho íntegramente en Ciudad de México.

Marilia Monzón en el público durante su concierto en Gáldar

Marilia Monzón en el público durante su concierto en Gáldar / La Provincia

No tengo la certeza, pero tampoco la duda de que permanecí con los pelos de punta desde que el telón de ese teatro se abrió. Ver a la gente cumplir sueños y lograr sus metas es algo que me hace inmensamente feliz. Lo sentí cuando vi en el patio de butacas a sus familiares, amigos, vecinos y algún que otro compañero de música compartir con admiración y una sonrisa que, por fin, iban a disfrutar juntos de un talento que vieron madurar. Porque precisamente eso fue lo que Monzón demostró sobre el escenario: madurez. Tras esa primera impresión de dulzura e inocencia hay una joven música de ideas firmes e interesantes reivindicaciones. Lo hizo al lucir una camiseta de ‘Refugio’, posicionándose en el bando de los inmigrantes, y también cuando recaía el peso en sus compañeras. Mujeres, también profesionales del arte, que desean ser reconocidas en su tierra y que el sentimiento de inferioridad del canario lo hace aún más complicado. No hay peor enemigo que el que cree que lo mejor está fuera.

A mi lado había una leyenda de Gáldar, Mary Naty, y al otro, Victorio Pérez, compañero de ‘Una hora menos’. Dos de tantas otras generaciones que también se emocionaron, aplaudieron, bailaron y cantaron al son de unos ritmos experimentales que deberían ser programados en cualquier teatro.

Como dice la propia artista, “ojalá volver a casa y hacerlo siempre de esta manera”.

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