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Opinión | En voz baja

Gran Canaria se pasa de ‘Vuelta’

Imagen de la Vuelta 2025.

Imagen de la Vuelta 2025. / UNIPUBLIC

La decisión de dejar fuera a Gran Canaria de la Vuelta a España bajo el argumento del conflicto entre Israel y Palestina es, como mínimo, un error estratégico. Y no un error menor, ya que renuncia a una ventana de promoción global con millones de espectadores, un impacto mediático y un regreso económico que cualquier territorio con visión aprovecharía sin pensarlo dos veces. Granada, por ejemplo, está aplaudiendo con las orejas porque tendrá Vuelta.

La isla redonda pierde una oportunidad única por un razonamiento que no es sólido ni es coherente. Porque, seamos sinceros, si realmente se tomara como criterio la situación internacional de cada país implicado en eventos deportivos, habría que cancelar media agenda mundial. Y si se quiere justificar con el conflicto Israel-Palestina cuando ya hay sellado un principio de paz, ¿por qué no se aplican los mismos principios con la misma firmeza en el terreno económico?

Gran Canaria sigue importando productos procedentes de Israel, incluyendo la archiconocida papa israelita, y empresas canarias siguen exportando a mercados internacionales sin que nadie plantee un veto moral. ¿Vamos a decirle ahora a las compañías que han logrado con mucho acierto y esfuerzo abrirse hueco fuera, como Tirma y sus sabrosas chocolatinas, que renuncien a crecer porque un conflicto externo lo desaconseja? Claro que no. Sería absurdo. Las islas necesitan mercados, visibilidad y competitividad, más puentes, no más barreras.

Por eso sorprende tanto que se apliquen criterios tan selectivos solo cuando se trata de deporte o de la cultura en general. No es justo que se vete a un ballet o una orquesta cuyo país de origen esté inmerso en un conflicto bélico.

El deporte es, precisamente, uno de los pocos espacios que debería escapar a la confrontación política. Convertirlo en un tablero ideológico es caminar por un sendero peligroso. Hoy se excluye un evento por una decisión política puntual; mañana, quién sabe qué más se vetará en nombre de causas que, aunque muy legítimas, no tienen nada que ver con el esfuerzo, la ilusión y la proyección que el deporte genera.

A estas alturas, además, el conflicto Israel-Palestina ha entrado en una fase en la que ambas partes han dado pasos, pequeños, pero reales, hacia una posible resolución. Tomar decisiones drásticas justo ahora solo sirve para aislarse y enviar un mensaje equivocado al exterior.

Gran Canaria necesita altura de miras. Necesita estrategia. Necesita dejar de mezclar churras con meninas. Y, sobre todo, necesita entender que renunciar a la mayor carrera ciclista del país por razones políticas ajenas al propio evento es un lujo que la Isla no puede permitirse.

El deporte debería unirnos, no dividirnos. Y desde luego, no debería convertirse en la última víctima de decisiones que, disfrazadas de principios, terminan perjudicando a quienes menos culpa tienen: los ciudadanos, los deportistas y la propia imagen del destino. Gran Canaria se pasa de ‘Vuelta’.

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