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Opinión | Observatorio

El puente de soga

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Ante el abismo insistimos en cruzar la amarga realidad, cifrando nuestro destino pendiente de un mal paso, y siempre, alertados ante esa posible caída.

La fragilidad impone su respeto sobre lo que comemos, para con quien estamos, y con qué soñamos. ¿O no?

Ostentar, exhibir, proyectar de forma deliberada, traduce la inquietante motivación de nuestro proceder, es un instinto patológico, disociado de la naturalidad, copiado de los referentes sociales, de los gustos, placeres o necesidades básicas que nos distinguen. La sofisticación, la distinción en diferenciarnos nos puede atribuir dignidad, pero también necedad. La moda nos califica, o nos determina, o nos cataloga.

El conocimiento nos pone la piel fina cuando sólo nos quedamos con el enunciado de lo predicado, que es lo más común. La perentoriedad de la noticia, incluso de la información, te convierte en carne de cañón, en despojo de consumo, que solo interesa a los manipuladores.

Mientras tanto, sigues cruzando el puente de soga en el que se ha convertido tu día a día, en el que de forma inadvertida apoyas piernas y brazos en desequilibrio constante, tambaleando tu deambular del andamiaje de la vida, precisando del apoyo siguiente, desdeñando el vértigo si quieres seguir adelante hacia una meta previsible, y así, sin mucho tino, atinas a dar el paso, o no.

La seguridad es el camino trazado, normalmente lo era por una bestia, cuya pendiente es más asequible, mas larga, pero mas certera. La certidumbre resta emociones, pero éstas a su vez revelan verdades acalladas, alejadas de nuestras miradas, pero que vibran en el relinchar sordo de nuestra conciencia a la espera del desahogo intelectual que vuelve perverso el latir diario por lo sórdido y manido de su aceptación, por lo vulgar, lo común, que es la savia de la silente existencia.

Ser raro es nefasto. Te tachan de excéntrico o de loco, o cuando no, te convierten en bufón, cuyo papel moverá la consciencia del rey, y así, su sátira invadía la conciencia del poder, lo que era una herramienta que en alguna ocasión le pudo costar la cabeza a aquél, que, por no gozar de la ocasión oportuna para hacer reír, pasó a quedar con su mandíbula batiente, vamos, sin gesto que recuperar. Lívido, en una palabra.

Sí, su puente de soga lo abrió al vacío. Tuvo la osadía de dar un paso al frente ante el resbaladizo camino de la vida. Su fragor y vitalidad acabaron mal. Quien le seguía en el andamiaje vaciló, tuvo un primer accidentado impulso de asirlo ante su inminente desafío, pero prefirió encontrar su equilibrio, pues pensó que el próximo paso debía ser mas certero, y que al fin y al cabo habían andado ya un trecho juntos.

La descamación del propósito. Una piel quemada por el sol tiende a ser restituida, así, los que vienen deambulando por este puente de soga van aprendiendo a base de desafíos o despropósitos ajenos. Es una forma de avanzar.

En democracia vemos como los andamiajes en pro de las libertades y derechos fundamentales están en continuo vaivén. Ya formuló alguien que la constitución es como un traje de neopreno que continuamente ha de ser ensanchado, so pena de que te termine por estrangular porque no todo vale; y en la sentencia recaída en el caso del fiscal Sr. García Ortiz se ha dado este símil, una indigestión perversa ha dado con sus costuras al traste y comienza a hacer frío.

No se trata de cualquier cosa el omitir elementos sustantivos en el ejercicio del poder judicial, como la presunción de inocencia, o el principio in dubio pro-reo, cuando sin prueba, ni autoinculpación, se procede a sentenciar como culpable por un delito de revelación de secreto.

Se cuestiona si la nota de prensa para desmentir la noticia forma parte de la revelación del secreto (denegación del acuerdo sobre el delito fiscal cometido por la pareja de Ayuso) o el propio correo de la fiscalía denegando el acuerdo al abogado de la pareja de Ayuso, Sr. González Amador.

La nota de prensa de la fiscalía surgió como consecuencia del bulo planteado desde MAR ( Miguel Ángel Rodríguez Majón asesor de la presidenta Ayuso), difundiendo la idea de que el fiscal general fue el artífice de la revelación de secreto, quién “intuyó” la motivación de éste ( según manifestó en el acto del juicio oral) para difundir el correo por el que se denegaba el arreglo judicial sobre el delito fiscal perseguido contra González Amador, con la finalidad de deteriorar la imagen de la presidenta de la Comunidad de Madrid, como motivación política de la supuesta filtración y del delito perseguido. Y así, se creó el bulo de que fue el fiscal general del estado quien dio a conocer el correo al abogado de González Amador, que ha terminado por desenmascarar la correlación de fuerzas de este país en la magistratura. n

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