Opinión
Miguel A. Betancor León
MayeutIA. Una pedagogía socrática con la IA

MayeutIA. Una pedagogía socrática con la IA / COMUNIDAD DE MADRID
Hoy en día ante tantos avances científicos tecnológicos, y en especial la inteligencia artificial (IA), estamos viviendo momentos de discursos apocalípticos, otros eufóricos, pero debemos tener claro que sin hacernos las mejores preguntas a partir de una reflexión y diálogo entre todos, la tecnología asumirá el liderazgo de un cambio sin sentido donde el humano sigue la corriente y no toma las decisiones correctas.
La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta cotidiana, responde preguntas, corrige textos, ayuda a programar y genera imágenes, vídeos o ideas en segundos. Sin embargo, algo curioso ocurre cuando la tecnología avanza tan rápido solemos olvidar que muchas claves sobre cómo pensar, cómo aprender y cómo enseñar ya habían sido exploradas hace miles de años.
La idea de la inteligencia artificial como una especie de «partera» digital conecta con la mayéutica socrática, cuyo significado literal es «dar a luz». Sócrates tomó esta metáfora del oficio de su madre, que era partera, para explicar su método: así como quien asiste un nacimiento ayuda a traer al mundo una nueva vida, él empleaba el diálogo para alumbrar las ideas que ya estaban latentes en la mente del aprendiz.
La mayéutica socrática recupera una vigencia inesperada. En una época en la que la tecnología promete inmediatez, eficiencia y respuestas automáticas, la mayéutica nos recuerda que educar es, ante todo, abrir un espacio para pensar, para que emerja la fragilidad cognitiva y existencial que caracteriza a lo humano. Igual que Sócrates ejercía el arte de acompañar el nacimiento de las ideas, también hoy la inteligencia artificial educativa puede ser concebida no como una maquinaria que clausura la pregunta, sino como un dispositivo que la amplifica, que ayuda a explorar la complejidad y a sostener el desconcierto fértil.
Desde esta perspectiva, la tecnología no reemplaza la potencia humanizadora de la educación, sino que, integrada con criterio ético y pedagógico, puede reactivar el poder de pensar, ese poder que la Teoría de la Educación reconoce como núcleo de toda experiencia formativa verdaderamente humana.
La IA, usada pedagógicamente, puede convertirse en una aliada para recuperar ese espíritu, menos soluciones rápidas, más preguntas poderosas. El futuro educativo no está en automatizar la enseñanza, sino en profundizar el diálogo, incluso con máquinas.
Pensar con las máquinas desde la Teoría de la Educación implica desplazar la pregunta tecnológica «¿qué puede hacer la IA?» hacia una pregunta propiamente pedagógica y antropológica «¿qué significa educar en presencia de inteligencias no humanas?». Desde este marco, el diálogo con la IA no es un intercambio informacional.
La convergencia entre la mayéutica socrática y el uso educativo de la inteligencia artificial apunta hacia la construcción de una nueva pedagogía.
En este nuevo escenario educativo, el docente debe velar por la responsabilidad irrenunciable de contextualizar, interpretar y cuidar la experiencia formativa. El diálogo con la IA debe quedar enmarcado en una relación humana que garantice la orientación ética del proceso.
Paradójicamente, es con la tecnología más avanzada como podemos recuperar la esencia más humana del aprendizaje, pensar juntos, preguntar mejor y entender más profundamente. Solo quien tiene criterio sabe cuándo una respuesta abre una puerta o la cierra.
Como en el boxeo la IA sería un «sparring intelectual» disponible en cualquier momento, pero solo la experiencia y conocimiento del boxeador permite convertir ese sparring en una ventaja real. La IA puede potenciar el deporte pero nunca sustituirá el valor y el arte de jugar entre humanos. El futuro de la IA en el deporte nos llevará a explorar lo que nos hace más humanos jugando.
Es muy importante no olvidarnos de que cuando conversamos con la IA hay una sola persona con cerebro en esa conversación.
No podemos olvidar la evolución de la IA generativa hacia una IA agéntica, capaz de actuar de forma autónoma, tomar decisiones, coordinar acciones y mostrar comportamientos que simulan agencia humana. Desde la Teoría de la Educación, no basta con analizar la funcionalidad técnica de estos sistemas; es necesario interrogar su significado en el proceso formativo, en la constitución de la subjetividad y en la relación pedagógica misma.
Sin embargo, hay que buscar un equilibrio entre la eficiencia tecnológica y el criterio humano. Dejar que la IA haga lo mejor que sabe (procesar, escalar, optimizar) y las personas hagan lo que saben (interpretar, flexibilizar, empatizar y liderar con valor ético). El objetivo ya no es solo saber qué pensar, sino saber por qué actuar con criterio y ser curadores de las respuestas para beneficio humano. Hay que gestionar la reputación humana ante las máquinas. Verifica datos y contenidos entrenables que eviten distorsiones y errores. Tendremos que aprender a hablar a dos audiencias simultáneas: personas y algoritmos.
Como resalta el proverbio latino, tempora mutantur, et nos mutamur in illis . Los tiempos cambian y nosotros cambiamos con ellos.
Hoy estamos en constante transformación y, como consecuencia, las personas también se adaptan y se transforman sin perder tu valor humano. (Antrotecnocentrismo).
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