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Opinión | Tropezones

¡Ay, IA mía¡

El ChatGPT es un chatbot de IA que utiliza modelos de lenguaje para comprender y generar texto de forma conversacional, como si hablaras con una persona real.

El ChatGPT es un chatbot de IA que utiliza modelos de lenguaje para comprender y generar texto de forma conversacional, como si hablaras con una persona real. / Frank Rumpenhorst / DPA

El otro día mi amigo Maximiano Trapero relató en estas páginas su experiencia de una consulta al chat GPT de inteligencia artificial sobre la toponimia, un tema de su predilección académica.

Y el resultado fue una presentación deslumbrante, pero con un contenido alternando aciertos con propuestas desatinadas, como una caja de bombones de apariencia espléndida y pro- metedora, pero albergando pralinés adecuados junto a chocolatinas insípidas o entrometidas.

Pues Maxi, te voy a comentar una experiencia reciente de mi recurso a la I.A.

Acababa de leer unas declaraciones de John Martinis, premio Nobel de física de este año, en el sentido que «China estaba a nanosegundos de igualar con EEUU sus conocimientos en computación cuántica». Sabedor del secretismo y el talento de los chinos, me picó la curiosidad sobre hasta qué punto podían llegar realmente tales conocimientos, y su posible aplicación en su lucha con su principal adversario por la supremacía mundial. Y más concretamente en una posible superioridad de la informática cuántica a la hora de posibilitarles sabotear por ejemplo los códigos de las criptomonedas, medio prohibidas en China, pero tan populares y promocionadas en EEUU.

Y como mi desconocimiento del tema es enciclopédico, pese a mi atrevimiento hace unos años a opinar sobre el tema («¿Qué coin es el bitcoin?»), me dispuse a solicitar la ayuda de la I.A., preguntándole al chat GPT: «¿Qué pasaría si China desencriptara el bitcoin?»

La respuesta impresiona. En dos páginas trufadas de datos, aunque en demasía de prevenciones y opiniones, me corrige de entrada sobre la existencia no de uno sino dos tipos de criptografía aplicables a mi pregunta; la criptografía de firmas CDSA, el escenario más grave a la hora de apoderarse de claves privadas y así poder robar bitcoins a direcciones conocidas, y la SHA-256, o «compactación» de bloques de minería, ésta extremadamente improbable.

Las consecuencias serían, como era previsible, catastróficas: caída brutal de su valor, pánico generalizado, huida masiva de las criptomonedas y desconfianza generalizada en internet.

Pero la I.A. me previene: no solo China, ningún país está cerca a escala práctica de cargarse el bitcoin, sino que encima, previendo mi suspicacia, me advierte de la dificultad inherente a la preparación en secreto de tal golpe a las criptomonedas.

Como verás, Maxi, la I.A. está en todo, y cuenta con unos conocimientos inmensos, que yo no estoy en condiciones de rebatir, a diferencia de tus informados reparos a los razonamientos toponímicos sugeridos a tu cualificada consulta.

Si acaso algo echo en falta en la respuesta a mi sesgada pregunta es la ausencia de alguna cautela ante las actuaciones de la República Popular China, siempre sorprendentes e inesperadas en estos temas; recuérdese por ejemplo la inopinada respuesta al Chat GPT, lanzando poco después su propio «DeepSeek», una cuasi réplica del anterior, pero conseguida con unos medios muy limitados, o secretamente robados a los americanos.

Con lo cual he de concluir que la I.A. no me ha sacado de dudas, pues asume la idea general de la imposibilidad de desencriptar el bitcoin a corto plazo, sin contemplar siquiera que una simple amenaza de tal contingencia pudiera tener las mismas catastróficas consecuencias.

Y otra conclusión que habré de sacar, es que la maldita I.A. me ha chafado el apocalíptico y premonitorio artículo que me hubiese gustado publicar este jueves, en vez de la descafeinada reseña que tienen aquí para su lectura y mi oprobio.

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