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Opinión | El lápiz de la luna

El uso del álbum ilustrado para proteger la infancia

La familia comparte normas, formas y expectativas.

La familia comparte normas, formas y expectativas. / Getty Images

Cuando era niña recuerdo que nunca me enseñaron cuáles eran mis límites corporales ni cuándo debía extrañarme ante una conducta invasiva hacia mi cuerpo por parte de un adulto o de otro menor. Tampoco me educaron para expresar mi desagrado cuando no quería darle un beso a algún familiar, ya fuese un tío, una abuela o una prima lejana. El mensaje que mi generación recibió fue que siempre debíamos estar disponibles para satisfacer a los otros. Si tu tía abuela, a la que solo veías en Navidad, quería darte un beso sonoro y baboso tú debías poner el cachete con buena cara porque de lo contrario escuchabas comentarios tales como «Que niña tan malcriada». «Pues ya no te quiero» o «Si me das un beso te doy cinco duros». Nadie se paró a pensar, no estábamos educados para ello, que los niños de esta forma integraban que poner límites era sinónimo de ser maleducado y tenía como consecuencia perder el afecto o el cariño de un familiar. Aceptábamos que se vulnerasen nuestros derechos a cambio de un regalo. En la actualidad hay una mayor conciencia por parte de las familias y de los educadores ante la importancia de enseñar a los más pequeños a conocer los límites de su cuerpo, a comunicar cualquier comportamiento que transgreda sus derechos y a diferenciar entre un secreto bueno y uno malo, así como entre un regalo y un chantaje. Estos conceptos se pueden aprender a través del trabajo con álbumes ilustrados. Por ejemplo, si queremos que los niños sepan diferenciar entre un secreto que les hace sentir bien y uno que les hace sentir mal podemos abordarlo a través de El secreto de Finni (Link, 2024). Para que asuman los límites corporales y la importancia de dilucidar entre zonas íntimas y zonas públicas nos ayudan los álbumes Mi cuerpo es mío (ProFamilia, 2015) o El monstruo de los abrazos (López, 2024) y para hacer uso de su voz y contar que alguna persona les está forzando a hacer algo que no quieren a cambio de regalos usaremos Estela grita muy fuerte (Olid, 2021). Cada vez son más las editoriales de literatura infantil y juvenil que apuestan por la publicación de libros cuya temática versa sobre la prevención del abuso sexual infantil (ASI). Esta revolución se debe a que en España cada año sesenta y cinco mil niños sufren este tipo de violencia y en el 91% de los casos el abuso se produce desde el entorno del menor: el mundo familiar, el educativo, el de ocio y deportivo. Huelga decir que este tipo de abuso deja una huella emocional en la víctima que se extiende a lo largo de su vida. Las secuelas del ASI no siempre aparecen en la infancia tras el abuso, sino que perduran hasta la adultez y llegan a ser una gran fuente de malestar. En un estudio realizado por Julián, Llorca, Peraire, Pereda, Real-López y Ramos-Vidal (2023), en el que seleccionaron más de veinte investigaciones nacionales e internacionales con el fin de analizar el impacto del ASI en la edad adulta, hallaron que las personas que habían vivido una situación similar en la infancia presentaban trastorno de ansiedad, trastorno del estado de ánimo, trastorno obsesivo-compulsivo, fobias y TEPT. También estaban presentes el abuso de sustancias, la ideación autolítica, la tentativa suicida, las conductas sexuales de riesgo y la revictimización. No es fácil explicarles a los más pequeños temas tan complejos, pues no todas las familias -e incluso los docentes- se sienten preparadas para lidiar con estos conceptos, quizá por miedo, por desconocimiento o por simple pudor. Por eso, el uso de álbumes ilustrados nos ayuda a transitar estos conceptos desde el respeto, el cuidado y la protección a la infancia. Mediante las historias les enseñamos a desarrollar la empatía, a identificar situaciones de riesgo y a alzar la voz para denunciar situaciones de violencia. Es importante que recordemos que somos los adultos los que debemos proteger a los niños de otros adultos, no ser los que les infligen el dolor.

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