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Opinión | Retiro lo escrito

El infierno en el HUC

Pacientes en camillas de las ambulancias para acceder a Urgencias del HUC

Pacientes en camillas de las ambulancias para acceder a Urgencias del HUC / E.D.

No discuto que existan cosas imposibles: que Pedro Sánchez no mienta y Núñez Feijoo pueda llevar un kiosco de pipas, por ejemplo, o que Delci Rodríguez sea una persona decente, o que una murga consiga escribir y cantar una canción divertida sin que sus miembros sufran un colapso cerebral masivo. Es imposible que Santa Cruz de Tenerife no se haya transformado en un dédalo de recuerdos y olvidos o que un café cueste menos que un euro o que la muerte no siga avanzando o que un día regreses y no cuentes las noches o que alguien del proyecto Apolo se haya dejado en la luna las obras completas de José Manuel de Prada. Admito esas imposibilidades físicas y metafísicas pero no logro entender que sea contrastadamente imposible que las urgencias del Hospital Universitario de Canarias no rivalicen con el infierno.

Este espanto se remonta a hace aproximadamente una década. La hemeroteca no me dejará mentir. Ya por entonces se hablaba de dificultades graves por una creciente presión asistencial y alguna que otra vez -en media docena de ocasiones a lo largo de un año- se comenzaron a llenar de camas los pasillos. Se aseguraba entonces que la ampliación del Hospital Universitario significaría un alivio muy relevante para el servicio de Urgencias. No fue así, por supuesto. Año tras año la situación ha empeorado sensiblemente con independencia del equipo de la Consejería de Educación o el partido que gestionase el Servicio Canario de Salud. A mi juicio debe insistirse en esa asombrosa circunstancia: ninguna puñetera mejora, absolutamente ninguna, en el transcurso de una década. Hace tiempo que no se trata simplemente de un déficit sanitario, sino de una cuestión de dignidad humana. Habrá que decirlo de nuevo; en las urgencias del Hospital Universitario de Canarias se vulnera diariamente la dignidad humana, y por desgracia, como le ha ocurrido a muchos miles de personas, he debido sufrirlo personalmente, y he salido a tomar el aire, con los ojos llenos de lágrimas, para no pegarle a nadie. Algo que no entiendo es que miles de personas se manifiesten contra la colmatación turística o la guerra entre Israel y Gaza y, en cambio, soportemos esta barbaridad obedientemente, como esclavos que han renunciado a cualquier vestigio de autoestima. Si una mañana se concentraran diez mil personas en los jardines de HUC les aseguro que se lo tomarían con un poco menos de pachorra burocrática, y a quienes menos me refiero con esta observación es a los enfermeros y auxiliares, los que más directamente bregan en este averno. Una situación caótica que, por cierto, se está extendiendo a otros centros, como el Hospital Doctor Negrín, aunque todavía no ha alcanzado la majestad dantesca del HUC.

¿Falta personal médico y de enfermería? ¿Se registran problemas de capacidad profesional o dedicación con los responsables directos del servicio? ¿Falla la coordinación con el resto de los servicios hospitalarios? ¿No llegan los recursos habitacionales y técnicos disponibles? No puede justificarse que, después de diez o doce años, estos interrogantes no hayan sido resueltos desde la dirección gerencial del HUC. De ninguna manera pueden justificarse, ni siquiera explicarse. El gerente del centro cobra unos 100.000 euros anuales, como sus homólogos de La Candelaria, el Doctor Negrín o el Materno Infantil en Las Palmas de Gran Canaria. En una empresa privada estaría en la calle fulminantemente, aunque me temo que lo mismo hubiera ocurrido con todos sus antecesores. Esta gente, cuando debe visitar un servicio de Urgencias, ¿dónde lo hace? Estoy convencido de que no tolerarían mear en un pasillo, de lado sobre una camilla medio desvencijada, a la vista de todo el mundo, escuchando los gritos y quejas de otros pacientes ¿A que así no se mea en Ferrovial, gerente? Hagan lo que sea pero basta ya. Basta de tratar a la gente como alimañas quejicosas, como incómodos bultos que despachar cuanto antes, como imbéciles que no conocen a nadie importante. Porque si no es así un día pueden tener problemas. Y no será un artículo de opinión.

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