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Opinión | Isla Martinica

Violencia sobre el hombre

24/09/2017 Cartel 'No más violencia de género'.Un total de 7.159 personas y 665 entidades se han adherido al Pacto Valenciano contra la Violencia de Género y Machista en los poco más de tres meses que lleva en marcha, un acuerdo que "va más allá de un pacto entre partidos", ha destacado este domingo la vicepresidenta y consellera de Igualdad, Mónica Oltra.ESPAÑA EUROPA COMUNIDAD VALENCIANA SOCIEDAD
ARCHIVO. Protestas . manifestaciones contra la violencia machista y doméstica

24/09/2017 Cartel 'No más violencia de género'.Un total de 7.159 personas y 665 entidades se han adherido al Pacto Valenciano contra la Violencia de Género y Machista en los poco más de tres meses que lleva en marcha, un acuerdo que "va más allá de un pacto entre partidos", ha destacado este domingo la vicepresidenta y consellera de Igualdad, Mónica Oltra.ESPAÑA EUROPA COMUNIDAD VALENCIANA SOCIEDAD ARCHIVO. Protestas . manifestaciones contra la violencia machista y doméstica / Europa Press

Soy un pesado, lo sé, pero como dijo Jardiel Poncela, en la primera de sus obras representadas en Madrid, Una noche de primavera sin sueño (1927), «los hombres volvemos siempre». La condición del varón, aunque ignorada o defenestrada por el fanatismo hembrista de última hora, está de nuevo de actualidad al saberse, conforme a los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística, que los hombres triplican en número de suicidios a los contabilizados entre las mujeres. Incluso, la palabra de Dios, perdón, El País, se hace eco de la noticia y titula un destacado con el elocuente «ser varón es un factor de riesgo». Algo ocurre en el seno de la sociedad española y se nos está hurtando desde determinadas instancias.

El Ministerio de Igualdad, que se sepa, no ha manifestado su opinión al respecto, ni tan siquiera ha concedido importancia al dato, revelador como ningún otro. Por el contrario, se persiste en la cantinela de culpabilizar al varón de cuanto sea, inclusive de su propia crisis existencial. Únicamente la mujer es la que sufre discriminación en razón de su sexo, sólo la fémina debe ser el centro de atención de un ministerio creado para garantizar la igualdad de trato. Y, llegados hasta aquí, cuando los números desmienten el alegato ideológico y cuando la realidad para muchos hombres es cruel, se han de revisar los mensajes con que a diario nos bombardean los medios informativos, las organizaciones no gubernamentales y los agentes de opinión a sueldo de las instituciones oficiales.

En primer lugar, es urgente examinar el concepto de «masculinidad tóxica», puesto que, en el caso de muchos hombres, especialmente los más vulnerables, se llega a culpabilizarles de su condición. El feminismo radical, si bien prefiero rebautizarlo como hembrismo, señala al hombre por el hecho de nacer como tal. Preferiría que los varones fueran reducidos desde su llegada a este mundo, castrados en la misma cuna. Recuerden el particular pronunciamiento de una profesora canaria de Lengua Castellana en esta dirección. Por lo tanto, una primera prevención en orden a corregir o equiparar el mensaje de las instituciones es que, si existen las supuestas «masculinidades tóxicas», también proliferan las «feminidades peligrosas», al igual que hay serpientes venenosas de las que apartarse. Habría que estudiar a conciencia cuántos varones de los suicidados lo han sido por el efecto de la «picadura» de una de esas feminidades. No digo nada que no se haya hecho ya con las mujeres salvajemente acosadas por monstruos con pantalones. En todo caso, solicito paridad en el juicio.

En segundo lugar, centralizar el discurso oficial en la negatividad del hombre impide visualizar el papel positivo de su función social. Tan importante es una madre como un padre, y no basta con pregonarlo, se debe asumir y potenciar la figura de la autoridad paterna, además de aceptar el importante rol que juega en la crianza y maduración de los hijos. El Ministerio de Igualdad es conocido por la constante llamada a la no-discriminación de la mujer en el ámbito laboral, pero también habría que hacer una apuesta semejante por el varón en la definición de su necesaria identidad en el núcleo familiar. En tercer lugar, tampoco ayudan las leyes claramente sesgadas hacia la mujer, aunque su originaria promulgación estuviera bienintencionada, cuando son empleadas para provocar violencia judicial sobre el varón, ya sea en su condición parental o en la libertad sexual. No es de recibo que el ordenamiento legal invalide de facto la presunción de inocencia por el hecho de que uno de los protagonistas del conflicto haya nacido varón.

En definitiva, el mensaje institucional no debería identificar gratuitamente al hombre con el mal. Ahí están las estadísticas, tozudas como ellas solas. Los hombres se suicidan tres veces más que las mujeres en España.

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