Opinión | Editorial

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Canarias en Fitur: cuidar lo que nos sostiene

El presidente canario, Fernando Clavijo, saluda al Rey durante su visita a Fitur. / Chema Moya
Canarias vuelve a estar presente en la Feria Internacional de Turismo (Fitur) con la misma convicción de siempre y con algunos debates nuevos -y necesarios- sobre la mesa. El turismo, principal motor económico del Archipiélago, llega a esta cita clave en un momento de fortaleza indiscutible, pero también de cierto cuestionamiento social que no puede ignorarse.
Aunque se origine en causas que no están estrictamente relacionadas con la actividad turística pura que ejercen hoteles, apartamentos o alojamientos rurales. Es precisamente en este contexto donde conviene hacer una reflexión serena, profunda y responsable.
Las Islas cuentan con una posición turística privilegiada a escala mundial, construida durante décadas de esfuerzo. Clima, extensa conectividad aérea, envidiable seguridad ciudadana, estabilidad política, profesionalidad del sector, magnífica calidad de los servicios, diversidad paisajística y una oferta que ha sabido evolucionar más allá del sol y playa.
Fitur es el escaparate donde se refuerza esa imagen, donde se consolidan relaciones con turoperadores, aerolíneas y nuevos mercados, y donde se toma el pulso a las tendencias del turismo: sostenibilidad real, digitalización, experiencias personalizadas, desestacionalización, eficiencia energética o turismo de mayor valor añadido.
Estar en Fitur sigue siendo importante. No porque el trabajo se haga solo allí –cada empresa turística canaria compite, innova y se actualiza durante todo el año–, sino porque estos encuentros son espacios estratégicos para conectar, negociar y posicionarse.
Canarias no puede permitirse desaparecer de los grandes foros internacionales si quiere seguir siendo relevante en un mercado global, cambiante y cada vez más exigente.
Ahora bien, el contexto social obliga a matizar el discurso. El malestar ciudadano vinculado a una parte del turismo, especialmente por la grave crisis de acceso a la vivienda, es real y comprensible.
Sería un error ignorarlo o minimizarlo, pero también lo sería cargar sobre el turismo problemas estructurales que requieren respuestas más amplias. Canarias disfruta hoy de unos niveles de bienestar, empleo, renta e infraestructuras que difícilmente se entenderían sin esta actividad.
Miles de familias dependen del turismo, y buena parte de la capacidad inversora de las administraciones en educación, sanidad y servicios sociales se sostiene gracias a la riqueza que genera.
El reto no es enfrentar turismo y calidad de vida, sino hacerlos compatibles. El sector turístico tiene responsabilidades claras e ineludibles: cuidar el paisaje y el territorio, reducir impactos, ordenar el crecimiento, apostar por un empleo digno y estable.
No basta con atraer visitantes; hay que hacerlo de manera equilibrada, sostenible y socialmente justa.
Las instituciones públicas tienen un papel decisivo en el presente y el futuro del turismo en Canarias. No basta con promocionar el destino: es imprescindible que las infraestructuras dejen de ir por detrás de los avances que aporta y requiere el turismo.
Corresponde a las administraciones garantizar que el desarrollo sea equilibrado. Invertir en transporte, agua, energía y gestión de residuos es también propiciar calidad turística y calidad de vida para la población residente.
La administración debe regular el uso turístico de la vivienda, reforzar la inspección, apoyar la formación y el empleo de calidad, y apostar por la sostenibilidad. Es una obligación.
Canarias cuenta con una oferta turística variada y cada vez más madura: naturaleza, cultura, gastronomía, deporte, astroturismo, turismo rural, urbano y de congresos.
Esa diversidad turística es una fortaleza que debe seguir desarrollándose para repartir mejor los beneficios, aliviar presiones en los territorios más saturados y generar oportunidades en todas las islas.
Fitur no es solo una feria de promoción. Es también una oportunidad para reafirmar un compromiso colectivo ante un mundo donde las incertidumbres van a más.
Defender el turismo no significa hacerlo de forma acrítica. Cuidar el sector es cuidar el futuro de las Islas, pero ese cuidado debe ser compartido: por las administraciones, por las empresas y por una sociedad que, con razón, quiere vivir mejor sin renunciar a lo que la ha hecho prosperar.
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