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Opinión | Retiro lo escrito

No valdrá la pena

Concierto de Marc Anthony en el anexo del Estadio de Gran Canaria en 2024.

Concierto de Marc Anthony en el anexo del Estadio de Gran Canaria en 2024. / Andrés Cruz / LPR

Alguien que sabe mucho (pero mucho) de los cachés de artistas conocidos internacionalmente y que protagonizan giras por América y Europa me asegura que el millón cuatrocientos mil euros que le pagará el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria a Marc Anthony por su concierto carnavalero supone un escandaloso disparate. El caché actual de Marc Anthony es de 750.000 dólares. ¿Por qué Carolina Darias y sus mariachis le pagan casi el doble? Es difícil saberlo. Las respuestas son varias y complementarias. Pero la primera aparece enseguida. Es muy obvia. Darias paga toda esa pasta por su crasa y ensoberbecida ignorancia. Porque en materia de artísticas internacionales y chachés no tiene ni puñetera idea, y como tantos políticos engreídos, no va a reconocerlo ante nadie. Así que le responde a algún sobrerito en las oficinas municipales que lo de Marco Antonio le parece maravilloso y le sueltan:

-Y lo podemos conseguir solo por 1.400.000 dólares. Un chollo, Caaa-rooolll.

--Desde luego.

-Y es bajito como tú. Como todos los grandes genios creativos de la Historia. ¿Sabes cómo se titula su canción más conocida?

-No. ¿Cómo?

-“Valió la pena”. Es casi un lema tuyo. Valió la pena. “Valió la pena votarte para estar contigo amor./Tú eres una bendición./Las horas y la vida a tu lado nena/están para vivirlas, pero a tu manera/. Y enhorabuena/porque valió la pena”.

-Chos. Chos. ¿Tú te encargas?

-Claroooo. Tengo un amigo que tiene un amigo que tiene un amigo. Son cuatro amigos que se mueven casi por nada.

-Pues palante.

Sin embargo un servidor sostiene que la razón principal que explica el derroche con el artista neoyorkino es que Darias y su equipo no tienen un proyecto. Y no me refiero a un proyecto de carnaval, que tampoco. No han pensado ni construido socialmente un proyecto de ciudad digno de una capital como Las Palmas. Actúan espasmódicamente entre tensiones y objetivos cambiantes, revolotean como luciérnagas atontadas alrededor de luces que se apagan y se encienden arbitrariamente, y en ese torpe e indeciso totum revolutum han olvidado tanto las prioridades inmediatas y hasta urgentes como la costumbre de tratar a los ciudadanos como mayores de edad provistos de un cociente intelectual normal, es decir, ligeramente superior al de Pedro Quevedo dormido o despierto. Un proyecto de ciudad es también -paradójicamente - un proyecto de memoria. Respetar y proyectar una ciudad es al mismo tiempo mantener viva su memoria histórica, cultural y sentimental. Si se trataba de celebrar el cincuentenario del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria el protagonismo - y las perras - deberían estar al servicio del propio carnaval y de los carnavaleros que lo han mantenido vivo durante medio siglo ininterrumpido, sin necesidad alguna de gastarse un potosí en una estrella internacional. Es más: el primer medio siglo de carnestolendas debió servir para configurar de una vez una marca atractiva que potencie económica y simbólicamente la fiesta dentro y fuera del archipiélago. Santa Cruz de Tenerife también ha caído en numerosas ocasiones en la tentación de convertir el carnaval en un camafeo de perlas carísimas. Y por supuesto existe espacio y oportunidad para lo propio y lo ajeno. Pero toda la fuerza del carnaval tiene que utilizarse para vivificar su entraña popular y su propia originalidad artística y artesanal, lúdica y crítica, desobediente y cohesionadora. Y después, solo definitivamente después, que vengan artistas célebres, caros y glamurosos como Marc Anthony -a ser posible sin cuatro o cinco amigos de amigos por el medio - puede valer la pena, aunque dudo que alguna vez logren ser una bendición.

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