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Opinión | Retiro lo escrito

El psocialismo cómplice

Foto de archivo del portavoz socialista, Sebastián Franquis, durante una intervención en el Parlamento.

Foto de archivo del portavoz socialista, Sebastián Franquis, durante una intervención en el Parlamento. / E.D. / L.P.

Ángel Vícctor Torres está muy hiperactivo en este asunto (el decreto Canarias) lo que demuestra la importancia política que tiene para el PSOE. Es francamente divertido escuchar al ministro de Política Territorial pedir a Fernando Clavijo que se serene, que vuelva al diálogo, que demuestre lealtad institucional. A mí se me antoja un demenciado. Clavijo no solo parece muy sereno. También está negociando, como presidente del Gobierno, los contenidos de la propuesta de decreto que se trasladará a Madrid con representantes de toda la sociedad civil canaria y las instituciones democráticas. Quien se negó a dialogar fue el PSOE, cuyo portavoz parlamentario, Sebastián Franquis, ni siquiera asistió a la primera reunión a la que se convocó a los grupos parlamentarios. El pretexto fue que el Gobierno ya tenía escrito una propuesta de decreto. Por supuesto: la suya. Se debate sobre un texto previo, no sobre la nada, a pesar del innegable talento para farfullar naderías que Franquis demuestra cotidianamente en los plenos de la Cámara regional.

Es difícil entender las referencias de Torres y otros dirigentes socialistas a la lealtad institucional. Cabe colegir que comprenden como falta de lealtad cualquier cosa que les moleste. Si algo han demostrado en los últimos años es que llegado el caso dejarse una ventana abierta cuanto corre algo de fresco evidencia una intolerable deslealtad institucional. ¡Pero si Torres utilizó este espantajo incluso cuando el Gobierno central se negó a completar el traspaso de las competencias sobre costas canarias! Lealtad institucional significa dirigirse respetuosamente a la verdadera autoridad, esa que habita alta e inapelable junto al Guadarrama, y esperar los días, los meses, las eternidades que hagan falta para escuchar un no cargado de matices ordenancistas o sí esmaltado de condiciones improbables. Para Torres, Franquis y compañía las solicitudes al Gobierno deberían acabar, ahora más que nunca, con esa expresión epistolar tan cargada de prístina lealtad cortesana: «en espera que le sea concedida esta gracia del recto proceder de Vuecencia, a quien dios guarde muchos años…». Todo lo demás es un comportamiento salvaje e intolerable, salvo que se trate de una reclamación de independentistas catalanes o vascos, que son gente seria, porque disponen un montón de escaños en el Congreso de los Diputados. No me parece que exagere un ápice. ¿Qué pensar de un dirigente político canario que, como Torres, descalifica las exigencias de Gobierno autónomo para mejorar las condiciones económicas y sociales del país, sus infraestructuras o su cohesión social, estrictamente dentro (no en los márgenes) de la Constitución y el Estatuto de Autonomía, frente a un presidente como Pedro Sánchez, que no ha cumplido con la gran mayoría de los compromisos que adquirió con Canarias durante y después de su discurso de investidura en 2023? ¿Por qué ese empeño destinado al fracaso de describir el decreto Canarias (incluso antes de ser debatido en el Parlamento) como la estrafalaria, extemporánea y asirocada exigencia de unos irresponsables? El Gobierno canario no está siendo desleal con el Gobierno español. Es el PSOE canario quién está demostrando una asombrosa deslealtad hacia las islas.

La estrategia sanchista ya no para rechazar, sino incluso para deslegitimar las solicitudes del Gobierno autónomo tiene un cómplice necesario en los socialistas isleños, y no solo al respecto del decreto. Escúchense las palmas de la progresía local a la respuesta de uno de los secretarios de Estado de Ángel Víctor Torres, que apenas podía simular su desprecio al afirmar que eso de traspasar el control de la gestión de los aeropuertos, así como otros cambios competenciales derivados del REF, tienen mucho que esperar. Este infeliz recordó, incluso, que existen demandas competenciales de otras comunidades que esperan su materialización desde hace siete años y medio y todavía siguen aguardando pacientemente ¿Qué escandalosas prisas son estas? ¿A qué viene tanto ruido, alborotadores, desestabilizadores y (sí, lo han adivinado) desleales macaronésicos?

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