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Opinión

Pedro García

Las Palmas de Gran Canaria

Pimienta, la solución que Las Palmas no descarta

Gacía Pimienta

Gacía Pimienta / LP/DLP

La etapa de Francisco Javier García Pimienta marcó una era reciente en la UD Las Palmas. Fueron 105 partidos —dos años y casi cuatro meses—, una promoción de ascenso, un ascenso a Primera División y una permanencia que devolvió al club a la élite. Un ciclo intenso, atravesado por picos emocionales y decisiones que condicionaron su rumbo, y que terminó resquebrajándose en medio de dudas sobre la ambición del proyecto deportivo. Lo que construyó Pimienta gustó, conectó con la identidad histórica de la entidad y se consolidó como un modelo futbolístico reconocible.

Su legado, de hecho, permanece. Más allá de los resultados, Las Palmas volvió a reconocerse en el balón, en una idea clara y coherente de juego. Aunque el proyecto acabó desgastándose, quedó la sensación de que, durante su etapa, el equipo tuvo un rumbo definido y supo representar lo que siempre quiso ser. Por eso, en pleno momento de incertidumbre tras siete semanas sin ganar, su nombre vuelve a cobrar fuerza en el entorno del equipo amarillo.

Si Luis García no logra revertir la situación en las próximas jornadas —empezando por la obligación de vencer a la Cultural y Deportiva Leonesa—, la opción de recuperar a Pimienta ganará aún más peso. Su regreso, eso sí, tendría un impacto considerable en la tesorería, especialmente después de la inversión realizada en el mercado invernal. El técnico catalán nunca ha rehuido los desafíos: sabe que dejó un trabajo a medias, se siente identificado con el club y con la isla, y alcanzar un acuerdo no sería, a priori, el mayor escollo. En la entidad se insiste en mantener la calma y sostener al actual entrenador hasta donde sea posible, pero la exigencia es inmediata: sin reacción, el escenario se volvería insostenible.

Conviene recordar que Pimienta llegó libre tras ser uno de los damnificados por la reestructuración impulsada por Joan Laporta en el Barcelona, un ajuste que supuso un coste cercano al millón de euros dentro del plan de La Masía. Fue Luis Helguera quien propuso su nombre, convencido de que su profundo conocimiento del fútbol de cantera encajaba con la idea que se quería construir. Ese mismo perfil es el que hoy vuelve a situarlo en el foco.

El entrenador catalán debutó con un empate sin goles en el Estadio de Gran Canaria ante la Real Sociedad B de Xabi Alonso. El inicio fue dubitativo y la derrota frente al Girona FC lo dejó al borde del despido. Sin embargo, el respaldo público del presidente marcó un punto de inflexión: el equipo enlazó once partidos sin perder —nueve victorias y dos empates—, recuperó la ilusión de la grada y se clasificó para el play-off.

La eliminación ante el CD Tenerife fue dolorosa, pero actuó como antesala de una temporada histórica.

En la campaña siguiente llegó el ascenso directo, aunque no exento de turbulencias. El empate 2-2 ante el Málaga reabrió las dudas y lo situó nuevamente al borde del cese, si bien contó con el respaldo interno de Helguera. La derrota por 4-1 en el Heliodoro agravó la incertidumbre, pero el empate en Zaragoza y las victorias en Albacete y Eibar reactivaron al equipo. En ese contexto, la influencia de Jonathan Viera resultó decisiva, aunque la relación entre ambos acabaría deteriorándose con el tiempo.

Pimienta renovó cuando el presidente prácticamente lo daba por perdido. Su estreno en Primera fue exigente, pero una notable primera vuelta permitió asegurar la permanencia en la penúltima jornada, en Cádiz. La despedida fue fría: semanas antes ya había comunicado su decisión de marcharse al Sevilla CF y la cláusula de rescisión unilateral se ejecutó tal como estaba pactada. Retenerlo habría requerido un esfuerzo mayor en la configuración de la plantilla y en la estructura del cuerpo técnico. Incluso se sondeó a su segundo, Álex García, que declinó asumir el cargo. Esa vía también se contempla —y no es un detalle menor—, especialmente teniendo en cuenta que, en su etapa en el filial del Barça, Álex García llegó a situarse por delante del propio Pimienta en el organigrama técnico.

Hoy, la relación entre Miguel Ángel Ramírez y García Pimienta es cercana y fluida. No se descarta un reencuentro más pronto de lo esperado. Gran Canaria sigue siendo su segunda casa y, actualmente sin equipo, con opciones en Primera enfriadas y algún interés desde el fútbol árabe, su nombre vuelve a estar sobre la mesa. Y cuando el pasado reciente ofrece certezas en medio de la duda, la tentación de volver a lo que funcionó siempre gana terreno.

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