Opinión
José Miguel Gonzalo Rodríguez
González del Yerro, Capitán General de Canarias. ¿con ambiciones políticas?

Jesús González del Yerro (centro) en 2003, año en el que le fue concedido el Premio Gran Capitán. / OLGA LABRADOR
El Teniente General Jesús González del Yerro fue Capitán General de Canarias desde 1978. Tuve ocasión de tratarle durante su estancia “brillantísima” al frente de la Capitanía General Canarias con sede en Tenerife.
Yo apenas llevaba un año en Canarias a donde vine después de terminar mis estudios universitarios en Madrid.
En Canarias Radiotelevisión Española había creado la Gerencia de RTVE para unificar Radio Nacional de España y Televisión Española en una misma entidad a la que puso al frente a uno de los mejores realizadores de TVE, Cesar Alonso, que había sido también director de TVE en Guinea Ecuatorial. Mi trabajo en Madrid en TVE le llevo a Cesar a proponerme venir con su equipo a Canarias, cambiando su decisión inicial de TVE por RNE ya que en Las Palmas no existía, pues se emitía desde el Centro Emisor del Atlántico en Tenerife.
En tanto se procedía a hacer los innumerables cambios administrativos y de organización yo estaba en expectativa de ser nombrado director de la nueva RNE en Las Palmas. Se nombró a Fernando Martinez (Abogado y periodista como yo) director de Tenerife, Y en estas circunstancias nos sorprendió el golpe del 23-F: el en Tenerife en su despacho y yo en Las Palmas escuchando en directo el pleno del Congreso de los Diputados.
A los iniciales momentos de perplejlidad y esperando a ver cómo se desenvolvían los hechos decidí telefonear a Fernando, profundo demócrata, y más tarde elegido alcalde de su municipio de residencia cuando volvió a Madrid. Me indicó que él no tenía noticias exactas del alcance de lo que estaba sucediendo, como tampoco las había en Prado del Rey. ¡Todo era perplejidad!. Es cierto que el “ruido de sables” había venido sonando en meses anteriores intensamente.
Fernando Martínez hizo gala de valentía, civismo y espíritu democrático, pues cuando vió que R.N.E. empezó a emitir marchas militares (después de la toma por el ejército de Prado del Rey) decidió desconectar la señal de la radio que llegaba directa a Tenerife desde la península y comenzamos las emisiones en Canarias con música habitual y variada y con mensajes a la ciudadanía de “tranquilidad”. También Fernando me dijo que, “por razones de seguridad y porque podía ser más más útil” --me dijo-- que permaneciese en mi domicilio y no en los estudios de RNE en Las Palmas. Y que permaneciésemos en contacto por teléfono.
El director de RNE me dijo claramente que en esos momentos de confusión había que dar en antena una imagen de “normalidad” por muy “anormal” que fuese el momento.
La tarde noche fue muy larga y no exenta de tensión y así fue la llamada que recibió Fernando Martínez en su despacho de director del Centro Emisor del Atlántico. Jesús González del Yerro, un tanto airado (con afán de controlar la situación) -según me contó en esos momentos Fernando González— le pregunto al director de RNE que quien nos había dado la orden de desconectar de Madrid y porque lo habíamos hecho. Se le contesto que teníamos la autoridad suficiente en Canarias para hacerlo y más en esos momentos y circunstancias tan excepcionales. Y que por otro lado era más prudente transmitir a los ciudadanos mensajes de tranquilidad que la crispación y sorpresa que podían levantar las marchas militares. El Capitán General de Canarias que también había afirmado que él era la primera autoridad militar terminó colgó el teléfono.
A veces no he entendido que González del Yerro en esos momentos iniciales del “golpe” fuese partidario de que permaneciésemos conectados a Madrid y se emitiesen las marchas militares y que se pusiese a las ordenes del Rey Juan Carlos I, siendo el primer Capitan General en contactar con La Zarzuela. Y desde luego creo que fue un acierto tratar de seguir con cierta normalidad las emisiones radiofónicas de las que todo el mundo estaba pendiente, transmitiendo algo de sosiego a la tensísima situación.
González del Yerro, sin duda, fue un “gran soldado” (basta conocer su ejecutoria al mando de diversas tropas, la Legión, su participación División Azul. Herido de guerra era –como alguien dijo—un “Santo Tomás” en la firmeza de sus ideas y un “San Francisco” en sus dotes de trato con las personas y sociedad civil.
Tuvo una iniciativa muy singular de crear el llamado “Seminario Cívico Militar” con la Universidad de La Laguna en el que pude tener alguna participación. No era en esos momentos nada frecuente la “cercanía” del ejército con el mundo universitario y la sociedad civil.
Era relativamente frecuente verle con ropa civil (chaqueta y corbata y pantalones grises) en actos civiles, cuando lo habitual era ver a los mandos militares con su vestimenta militar incluso en esas situaciones.
Por supuesto, recuerdo una de sus conferencias en el Club Siglo XXI donde como conferenciante acudió vestido de civil con su corbata. Fue enorme la expectación que había levantado su presencia como conferenciante y mucha las cábalas que se habían hecho en torno a las posibilidades de ejercer un cargo de gobierno. No sobró un solo asiento en la sala y en su zona anexa. ¡Menos mal que llegué con tiempo! y pude seguir de cerca muchos gestos y comentarios de aprobación a su supuesto liderazgo en su caso “civil”. El públicamente callaba, con gran discreción, a las preguntas periodísticas sobre sus posibilidades de protagonismo político, pero tampoco las desmentía.
Personalmente tengo el convencimiento de que no solo no le hacía “ascos” a la vida pública sino que se creía con cualidades y capacidad de liderazgo (tanto en el mundo militar en el que era muy respetado como en la vida civil y política). Participó intensamente de la vida ciudadana en Tenerife, abrió los cuarteles a la sociedad, generalizó los homenajes a la bandera (con escaso entusiasmo -por exceso de prudencia-- del Vicepresidente del Gobierno el también General Gutierrez Mellado o el Ministro del Ejército Rodriguez Sahagún). Pero huía de los aspavientos patrioteros como el que le montó en una visita a el Hierro el senador Francisco Padrón quien después de finalizar un discurso en tono de arenga cuartelera, gritó: “¡El Ejército al poder!”…, con evidente desaprobación en su gesto cayado de González del Yerro.
Quizá su experiencia y nombramiento , muy llamativo en su momento, como Director General de Instituciones Penitenciarias en 1965 fue donde pudo forjar esa vocación al servicio publico en el seno del gobierno, pero sin duda una década después fueron muchas las sugerencias, los rumores, o los acercamientos políticos al Capitan General González del Yerro para animarle a dar un paso al frente que no dio quizá porque no llegaron a ser oportunos los momentos y por su innata cautela.
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