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Opinión | Retiro lo escrito

Regalos parlamentarios

Astrid Pérez, presidenta del Parlamento de Canarias

Astrid Pérez, presidenta del Parlamento de Canarias / María Pisaca

Gracias a una información de este periódico nos enteramos –aquí tampoco cabe el asombro– de que desde hace años el Parlamento de Canarias no registra los regalos institucionales que recibe el presidente de la Cámara, los miembros de la Mesa ni, por supuesto, los diputados mondos y lirondos. Claro que si sus señorías no precisan claramente cuáles son los emolumentos cada mes, ¿por qué nos van a contar lo que les han regalado? Si a muchos les regalan ya –por lo que trabajan– medio sueldo. Todo esto ocurre, obviamente, por una única razón: la impunidad de las fuerzas políticas, mancomunadas para taparse las desvergüenzas unas a otras, a izquierda y a derecha. No vamos a pisarnos la cola, compañero, compañera, iguanodontes todos. Cada uno tiene sus puñeteras cositas pero nadie comenta ninguna, libres de cualquier fiscalización. Quizás piense usted que podría producirse alguna fuga informativa por parte de los funcionarios. Si usted piensa así queda claro, en efecto, que usted es un pringado. Desde un punto de vista funcionarial el Parlamento es el edén de las administraciones públicas o los aparatos burocráticos que operan en las Islas. ¿Sabía usted, caro lector, que es casi tan difícil saber lo que gana un jefe de servicio como lo que gana un diputado? No, nadie romperá la mirífica paz que reina silenciosamente en la calle Teobaldo Power.

Los abusos no son excepcionales. Existe una laxa cultura del mamoneo tolerada por todo el mundo porque el ecosistema partidista amortigua cualquier chirrido. Yo conocí a un presidente del Parlamento que vivía a escasos 200 metros de la sede de la soberanía popular pero que había que transportar diariamente en el coche oficial, como si fuera un lisiado. Más aún: el señor presidente tenía la costumbre de desayunar su batido de papaya y su minúsculo bocadillo en un bar que estaba a cinco minutos andando a su despacho. El coche daba vueltas y vueltas por las callejuelas mientras el patricio devorada a mordisquitos su desayuno. Finalmente pulsaba un aparatito de bolsillo y el coche se plantaba en la puerta. Antes que él otro presidente exigía que el propio chófer le comprara el bocadillo y se lo trajera al despacho; si la delicia de tortilla y tomate fresco llegaba frío, se desencadenaba el primer ataque de ira de la jornada. Una vez me contaron que mandó al chófer con el coche oficial a buscarle un bocadillo caliente, no la bazofia helada. Con el tiempo las cosas pasaron de chuscas y abusivas a alarmantes y totalmente incontrolables, como otro presidente que, en los chismes los más maliciosos, trasladaba su obsesión de trabajo a los fines de semanas, según se podía colegir por los gastos de representación de comidas sábados y/o domingos en restaurantes de lujo a veces situados a decenas de kilómetros de Santa Cruz de Tenerife. No recuerdo si ese fue el mismo presidente que buscó casi desesperadamente una excusa para trasladarse a Madrid un sábado con el billete aéreo pagado y desde la villa y Corte viajar a Londres para disfrutar de un partido de fútbol. Así al menos se ahorraba personalmente el desplazamiento completo.

Así que no es únicamente el misterio de las perrucas de la actual presidenta, Astrid Pérez, quien además –un dato realmente curioso pues no debería ostentar posiciones de dirección en su partido– sigue ejerciendo como presidenta del PP de Lanzarote y es miembro nato de la Junta Nacional. Queda menos de año y medio de legislatura y la presidenta continúa sin concretar el total de sus retribuciones anuales o mensuales, y a nadie le importa un bledo ahí dentro. Un ejemplo de lo difícil que es precisarlo. Pérez es presidenta de un artefacto prosopopéyico denominado Conferencia de Asambleas Legislativas Regionales de Europa. ¿Cobra dietas por asistir a las reuniones perfectamente inútiles de la Calre? ¿Aparecen registradas por algún lado? ¿A cuánto ascienden? El silencio del sistema es perfecto. ¿No elige la Cámara al comisionado de Trasparencia y Acceso a la Información Pública? Al final Noelia García y sus predecesores son regalos no declarados que el Parlamento se ha hecho a sí mismo.

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