Opinión | Observatorio
Ignacio Gafo | Antonio Gómez Gotor
Gara y Jonay, agua y energía en el Siglo XXI

Cuatro maravillas naturales de Canarias, entre las 20 mejores de España
Una de las leyendas de nuestra tierra es la de Gara, Princesa del Agua, y de Jonay, hijo del Mencey del Fuego, quienes murieron juntos por amor al considerarse incompatible, por parte de un Chaman, la unión entre el agua y el fuego y coincidir ese momento con la erupción del volcán Echeyde o ahora llamado Teide.
Qué pena que nuestros amantes no hubieran vivido en el siglo XXI, porque la unión del agua y el fuego en forma de energía hubiera dado la combinación más perfecta para repoblar sosteniblemente nuestras islas y solucionar alguno de los problemas más acuciantes que históricamente tenemos.
En efecto, de una parte, tenemos un déficit hídrico creciente, derivado de un fuerte aumento poblacional y que posiblemente se intensifique como consecuencia del cambio climático.
De otra parte, tenemos un importante potencial de aprovechar el fuego, en forma de energía, ya que tenemos unas condiciones óptimas para desarrollar la energía del viento o la solar fotovoltaica, más unas posibilidades posiblemente reducidas de energía geotérmica.
Pero mientras la demanda de agua y de energía eléctrica, es absolutamente predecible aun con variaciones horarias importantes a lo largo del día , el potencial de la energía del viento y en menor medida la del sol es muy variable e impredecible y corremos el riesgo de trastabillar y caernos como si intentáramos bailar un tajaraste con los pies encadenados. Es decir quedarnos sin agua suficiente y sin la energía que necesitamos.
Hoy en día la tecnología en desalinización de aguas y los avances en el desarrollo de energías renovables, en las cuales Canarias se encuentra en el pelotón de cabeza mundial, nos ofrece lo otrora imposible: Combinar el agua y el fuego o la energía, de manera de hacer posible el sueño roto de Gara y Jonay.
Y de hecho ya lo hacemos. Desde el ejemplo pionero de la planta hidroeléctrica del Mulato en La Palma, hoy en día fuera de servicio, hasta el megaproyecto Chira-Soria en Gran Canaria, estamos avanzando en esta dirección de usar el agua para aprovechar los excedentes de energías renovables que puntualmente, hora a hora y segundo a segundo se producen. No solo evitamos el despilfarro de energía sobrante sino que incluso podemos llegar a mejorar el difícil equilibrio funambulista de las redes eléctricas, obligadas a dar una corriente constante sin variaciones significativas que estropeen nuestros electrodomésticos, afecten nuestros ordenadores y teléfonos móviles durante su carga o simplemente fundan nuestras bombillas.
Pero esta opción, usada desde tiempos inmemoriales en muchos lugares del mundo, consistente en bombear el agua en altura utilizando los excedentes de producción eléctrica, habitualmente de plantas nucleares, para luego turbinar esa agua en caída y producir electricidad en momentos de alta demanda, no tiene un potencial generalizado en nuestro Archipiélago o al menos en casi todas las islas. Por ello deberemos buscar fórmulas complementarias y eso pasa por combinar esos excedentes de producción eléctrica renovable con la desalinización de agua de mar que ya está presente en todas las islas del Archipiélago, cuya historia y evolución describimos en un artículo científico publicado en el año 2018.
En efecto, esta desalinización de agua de mar se produce muy mayoritariamente usando la tecnología de ósmosis inversa, que requiere grandes cantidades de electricidad (en torno a tres kWh/m³), aunque las plantas ahora mismo más eficientes, con recuperadores isobáricos de última generación, pueden consumir entre 2 y 2,8 kWh/m³.
Es decir, por poner dos ejemplos comparativos, desalar mil litros de agua consume el equivalente de 3-4 frigoríficos de Clase A+ durante un día o el doble del consumo por hora de un equipo de aire acondicionado domestico de Clase A+. Es decir, un coste energéticamente elevado, pero que compara bien con nuestra demanda doméstica de electricidad.
Para conseguir el objetivo de aprovechar estos excedentes de electricidad generada por los sistemas de energías renovables para producir agua desalada, podíamos aumentar o incluso duplicar la capacidad de una o dos grandes desaladoras en varias de nuestras islas, aumentando paralelamente la capacidad de almacenamiento de agua en embalses asociados a esas plantas desaladoras, para guardarla en momentos de exceso de producción renovable y usarla en momentos donde el sistema no cuente con excedentes de estas energías. Almacenamos así la electricidad en forma de agua desalada que luego usaremos para nuestro consumo cuando así se requiera.
Y, descendiendo a los números, una planta desaladora moderna de gran tamaño por osmosis inversa puede requerir, según el tamaño de la planta, entre unos 800 y 1.000 euros de inversión por cada m3/día de capacidad instalada de desalinización y, se puede considerar un coste de energía promedio anual de 0.40 €/m3 producido. Haciendo un cálculo muy simplificado resulta que, reduciendo el precio de la electricidad en un 25% podríamos llegar a compensar el aumento en un 30 o 40% de la capacidad original de la planta desaladora.
Naturalmente esta opción tiene dificultades técnicas y económicas que es preciso resolver. De una parte, la operación de una planta desaladora por osmosis inversa es delicada y no puede estar sujeta a parones bruscos y a puestas en marcha repentinas, por lo que deberá ajustarse eficazmente su operación y la tecnología de control, para optimizar su uso en horas en que la electricidad sea sobrante. En segundo lugar no existe, en el sistema actual de tarificación de la electricidad en España, una flexibilidad suficiente para poder aplicar este sistema, por lo que sería necesario implementar una tarifa eléctrica específica muy económica para desalinización de aguas al menos aplicable en Canarias.
Esta tarifa podría conseguirse facilitando acuerdos directos de suministro eléctrico entre estas entidades gestoras de las desaladoras y los promotores de energía eólica, que ahora ven limitada, cuando no totalmente interrumpida, su producción potencial de energía eléctrica, debido a un exceso de energía eólica o solar disponible que no pueden ser gestionados por el operador del sistema eléctrico, lo que en aplicación de la legislación vigente los dificulta. Ambas entidades saldrían ganando y sobre todo ganaríamos los consumidores y el medio ambiente.
Son dificultades importantes de carácter técnico de gestión de las redes eléctricas, pero no insuperables si se apuesta por esta solución y se cambia la legislación, al menos en el ámbito de Canarias, para facilitar la venta directa de electricidad de los promotores eólicos a los promotores de las plantas desaladoras. Es una política de éxito y tenemos ya ejemplos en esta dirección en los países del Golfo Persico o en Israel y algunos pequeños estados insulares. Es una solución que, de otra parte, acaba de ser reclamada hace algunos días por el Cabildo de Gran Canaria.
La otra alternativa a este almacenamiento de energía en forma de agua desalada es la opción, tan en boga en estos momentos del uso de grandes parques de baterías que, si bien tienen una mayor flexibilidad, podrían ser menos económicas mirando el largo plazo y también nuestra reiterada apuesta por la producción de hidrógeno para su uso selectivo en determinadas formas de transporte terrestre.
Pero no debemos olvidar el impacto medioambiental de las diversas alternativas para almacenar estos excedentes de energías renovables. Como leemos frecuentemente en la prensa, el bombeo/turbinado de agua en altura tiene importantes afecciones sobre el territorio y, en cuanto a las baterías, plantean serios problemas de reciclado final de las mismas, además de la dependencia de suministradores externos muy concentrados y geoestratégicamente poco seguros. Naturalmente, las plantas desaladoras también tienen un impacto medioambiental, pero consideramos que, en su conjunto, esta afección es notablemente menor que las dos alternativas anteriores.
Esta propuesta no es nueva, sino que se asemeja a la moraleja de nuestro articulo previo sobre la receta de la abuela para la ropa vieja y la economía circular. Esta propuesta ya fue incluida, a instancia nuestra, en el Plan Energético de Canarias (PECAN) del año 2006 aunque, como muchas otras medidas, haya quedado sepultada en una gaveta. Hemos tenido ya 20 años para desarrollar esta opción y sin embargo ahora la desenterramos como otra novedosa solución.
Esperemos que en el año 2045, ninguna otra persona deba escribir nuevamente sobre este tema y señale las razones por las que nunca se desarrolló tras estudiar en profundidad su validez técnico-económica.
Qué, al final, el sueño de Gara y Jonay de una vida eterna juntos en el Bosque del Cedro se haga realidad pronto en nuestras islas y nuestra solución, Garajonay, pueda ser un referente en muchas regiones insulares y aisladas del mundo.
- El Gobierno de Canarias declara la prealerta por evento multitudinario ante la visita del papa León XIV
- Quevedo anuncia el lanzamiento de su nuevo disco 'El Baifo' en la playa de Las Canteras de Las Palmas de Gran Canaria
- Un falso Quevedo desata la locura paseando por la zona de Las Canteras: tuvo que intervenir la policía
- El Estrella sube a Tercera RFEF por el ex de la UD Las Palmas Ángel Sánchez: 'Va por ti, hermano
- El TJSC tumba el plan que regula el futuro de Gran Canaria tras tres años en vigor
- El 'modelo Zubieta' como agua bendita para la UD Las Palmas: Copa, cantera y explotación de Anoeta
- El propietario 'fantasma' que no aparece en los papeles: su ausencia bloquea durante 28 años la finalización de un edificio de 30 viviendas en Ingenio
- Descarga de precisión: así será la llegada y puesta en marcha de las cuatro grúas RTG en el Puerto de Las Palmas