Opinión | Observatorio
Rosa Rodríguez Díaz
El espejismo económico de Canarias: la prosperidad que tres décadas siguen negando

El espejismo económico de Canarias: la prosperidad que tres décadas siguen negando / Fernando Montecruz
Canarias lleva décadas atrapada en una paradoja incómoda que ha condicionado su devenir y limita su futuro: una economía que crece por momentos, pero que no mejora la vida de quienes la sostienen. El Archipiélago encadena récords turísticos, repuntes del PIB y fases de creación de empleo, pero los indicadores que realmente importan -empleo de calidad, salarios adecuados, inversión productiva y reducción de la pobreza- dibujan un panorama muy distinto. Y lo hacen pese a contar con un Régimen Económico y Fiscal diseñado precisamente para corregir desigualdades. La pregunta ya no es si el modelo funciona, sino cuánto tiempo más puede permitirse Canarias seguir aplazando su revisión.
Las Islas han generado empleo en distintos momentos, especialmente en los años de bonanza turística, pero no han logrado consolidar un mercado laboral estable. Tras la crisis de 2008, la tasa de paro superó el 32% y tardó más de una década en corregirse. Incluso en 2024, con un 13,8% de desempleo, el Archipiélago sigue por encima de la media nacional. El problema no es solo cuántos trabajan, sino en qué condiciones. La temporalidad, la rotación y la baja cualificación han sido rasgos estructurales del mercado laboral canario, a los que se suman ahora los crecientes desencuentros entre oferta y demanda. El empleo crece, sí, pero no transforma: no impulsa la productividad, no se traduce en salarios dignos y no reduce la vulnerabilidad social. En suma, sostiene la actividad, pero no el bienestar.
Los salarios reflejan con claridad esta fragilidad. Desde los años noventa, Canarias se mantiene sistemáticamente entre las comunidades con menores retribuciones del país. La convergencia salarial con la media nacional se ha mantenido estancada, alrededor del 84%-85% desde 2008, sin avances significativos, pues, desde 2018, aunque con fluctuaciones, solo mejora del entorno de 1 p.p. (86%). En 2008, el Archipiélago descendió al tercer puesto entre las comunidades con salarios más bajos, tras ocupar el cuarto en 2002. A partir de 2009 y hasta 2012 se posiciona en último lugar, no rebasando desde 2013 la segunda posición por la cola en el ranking salarial, tras Extremadura. Esto no es un accidente. Es la consecuencia directa de un modelo productivo basado en actividades de bajo valor añadido. Cuando la productividad se estanca -como ha ocurrido desde mediados de los noventa- los salarios no pueden crecer. Y cuando los salarios no crecen, la desigualdad se agrava y la movilidad social se bloquea. El resultado es una sociedad donde trabajar no garantiza salir de la vulnerabilidad.
Quizá el indicador más revelador -y el más doloroso- es la persistencia de la pobreza. En 2024, casi uno de cada tres canarios se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social. La tasa AROPE llegó a rozar el 50% en 2016 y, aunque ha mejorado, sigue muy por encima de la media española. La pobreza en Canarias no es un fenómeno asociado únicamente a las crisis. Es estructural. Se mantiene en niveles elevados incluso en los años de crecimiento económico. Esto revela una economía que no redistribuye adecuadamente y que no ofrece oportunidades reales a amplias capas de la población. La pobreza no es un síntoma pasajero: es un rasgo persistente del modelo económico.
La inversión, que debería ser el motor de cualquier transformación económica, tampoco acompaña. La inversión privada lleva años mostrando un comportamiento débil y discontinuo, y la pública se ha mantenido prácticamente estancada. La crisis de 2008 marcó un punto de inflexión: la inversión productiva cayó con fuerza y, aunque hubo cierta estabilidad después de 2011, los niveles previos nunca se recuperaron plenamente. Tal es así que, entre 2020 y 2023, la inversión en términos constantes ni siquiera alcanzó los valores del año 2000. El resultado es un tejido productivo que envejece, empresas que no crecen y una economía que no incorpora suficiente tecnología ni capital humano que genere valor. Sin inversión, Canarias queda atrapada en un círculo vicioso: baja productividad, salarios reducidos y escasa capacidad para generar oportunidades.
Empleo frágil, salarios bajos, inversión insuficiente y pobreza persistente. No son anomalías ni efectos colaterales: son las señales inequívocas de un modelo agotado. Canarias no puede seguir confiando en que los ciclos turísticos o los incentivos fiscales compensen las debilidades estructurales que arrastra desde hace décadas. Necesita un nuevo ciclo económico que coloque en el centro la productividad, la innovación, la formación y la diversificación. Un ciclo que permita que el empleo genere bienestar, que los salarios reflejen el valor del trabajo y que la pobreza deje de ser un rasgo estructural del Archipiélago. La historia demuestra que Canarias puede crecer. Pero también demuestra que, cuando un modelo se agota, no basta con sostenerlo, hay que actuar para cambiar la tendencia.
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