Opinión | Entre líneas
Lázaro Carrillo Guerrero
Sobre la marcha

Abascal: “Si hay acuerdos programáticos con el PP, entraremos en los Gobiernos de Castilla y León, Aragón y Extremadura”
Inexorablemente, a menudo ocurre que lo ideológico se nos mezcla con lo que consideramos práctico, y a su vez esta aleación se nos sincretiza con nuestros asuntos domésticos y nuestras perspectivas y dependencias globales.
Sumergidos como estamos en todo este encaje de posicionamientos, hemos visto como el conflicto en Oriente Medio ha tenido su relevancia en la campaña de Castilla y León con sus correspondientes propósitos partidistas para la movilización y el rédito electoral. Mayormente en la bipolarización entre PP y PSOE. Pero también en otras organizaciones, tales como en Podemos, quienes censuran el referente belicista del plan Visión 27 para la fabricación de drones en Villadangos del Páramo (León).
Según nos están sobreviniendo los hechos en el desconcierto internacional, nos estamos haciendo más aprehensivos al, cada vez más cercano, horizonte de la guerra, y gradualmente más sensibles a la vulnerabilidad de la paz. Un clímax situacional que nos estremece cuando contemplamos cómo este horizonte se alimenta de la impulsividad y engrandecimiento del presidente no 47 de los Estados Unidos. Perdido con su gorra y su bailoteo en un tablero de ajedrez. Y conducido a la escena bélica por Netanyahu. Quien ambiciona, a través de la destrucción, la hegemonía sobre el Oriente Medio y su remodelación.
Otro traumatismo más para Europa, que genera que se encuentre en una profunda encrucijada. En la cual, aún permanece la voz de Sánchez (…no al uso de las bases…, no a la guerra) resonando en solitario, desde su convicción ideológica de centro-izquierda y con el apéndice del provecho político y electoral. Así, mientras que frente a esta ideología confluye esa tendencia actual de una Europa de extrema derecha en auge, ese probable beneficio político-electoral ya tiene su primer recorrido en los comicios de Castilla y León, centrados sobre cuestiones autonómicas.
Parece ser que en Castilla y León no ha sido tanto el «sanchismo» como lo ha sido esa voz resonando en solitario junto con el socialismo moderado de Carlos Martínez, centrado en lo práctico y en lo doméstico, quienes han dado vida de futuro al PSOE con unos buenos resultados, aunque no hayan sido los deseados. En Soria, territorio de Martínez, el PSOE obtiene mayoría frente al PP y sobre Soria ¡Ya! (SY); y en León, circunscripción del leonesismo político y autonómico, obtiene mayoría frente al PP y sobre Unión del Pueblo Leonés (UPL). Mientras que la fragmentación política situada a la izquierda del PSOE, desaparece.
Sin embargo, continúa la unión institucional de gobierno PP-CyL, con 39 años de recorrido, tras esta victoria de la derecha moderada. Aunque su gobernabilidad pueda no ser fácil. Tiene un PSOE a muy poca distancia, a tan solo a 3 escaños, con quien Mañueco se niega a pactar, sin diferenciar entre socialismo y sanchismo. Además, con el reproche de Martínez de que su intención sea la de «con el partido socialista ni agua».
Y tiene a los ultras (VOX), más allá en otro camino, con los que construye, en el aire, su deseo de gobernar en solitario, pactando con ellos en las Cortes. Pero a la vista está como, en ese otro camino, lo ideológico y lo global posiblemente hayan sido quienes hayan detenido el auge de los ultras. Dejándolos en un 18,9% de voto cuando ellos esperaban superar el 20%.
¿Quién había dicho que el bipartidismo estaba en «muerte cerebral»?
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