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Opinión | Tropezones

Indignación

Manuel Miranda interviene en el Foro de Prensa Ibérica en Las Palmas de Gran Canaria

Manuel Miranda interviene en el Foro de Prensa Ibérica en Las Palmas de Gran Canaria / José Pérez Curbelo / LPR

Ya sé que no se debe reaccionar en caliente a situaciones indignantes, pero resulta que la vivida hace unas horas además de recurrente viene ya a colmar el vaso de una frustración que también vengo lamentando en artículos anteriores.

Resulta que acabo de asistir al foro Canarias: hacia una gestión del agua moderna y resiliente auspiciada por este periódico, con participación del consejero del ramo así como responsables de la política hidráulica de la región, representando a la Dirección General de Aguas del gobierno, al Consejo Insular de Aguas de Gran Canaria, al Instituto Técnico de Canarias y hasta a la Cátedra del Agua de la ULPGC. Y con este elenco, se dirán ¿qué podría salir mal?

Pues en muchas medidas de sentido común la unanimidad era total: concienciar a la sociedad sobre la necesidad de ahorro de un bien escaso, aprovechar el agua depurada, restaurar las redes de distribución del agua, responsables de cuantiosas pérdidas, aprovechar todos los canales de financiación y ayudas disponibles, tanto locales como nacionales y europeos, etc. Pero en otra medida estrella reinaba la misma unanimidad, en este caso muy de lamentar: recurrir para garantizar el abastecimiento hidráulico a la desalación. Incluso denominando tal proceso como un «recurso» cuando nos encontramos en realidad ante un producto industrial, ávido de consumo energético y contaminante del litoral. Y para más inri abundaban los participantes en «la gran experiencia de Canarias en los procesos de desalación».

Y es esta la penosa ironía de la situación: en lo que puede presumir Canarias en el tema hidráulico no son las desaladoras adquiridas a las grandes multinacionales, sino en la experiencia única adquirida a lo largo de décadas en la captación de las aguas subterráneas, principalmente mediante pozos y galerías.

Porque si exceptuamos las islas de Lanzarote y Fuerteventura, las islas occidentales, sobre todo la Palma, la Gomera y el Hierro sí pueden calificarse de afortunadas en cuanto a recursos hidráulicos meteorológicos. Por su permeabilidad volcánica la mayor parte de su pluviometría se infiltra para reponer su acuífero. Así Tenerife, la Palma, la Gomera y el Hierro disfrutan de una infiltración, 2, 4, 3 y 4 veces las necesidades respectivas de abastecimiento tanto agrícola como urbano.

Y no se dejen engañar: cuando les digan que «ya no llueve como antes», consulten los planes hidrológicos: ¡la pluviometría media de las islas ha sido prácticamente invariable los últimos 40 años! Y cuando les argumenten «es que ahora llueve distinto», piensen en la inercia de la infiltración, y el tiempo que tarda en penetrar hasta el acuífero. Y cuando los partidarios de la desalación recurran al para ellos oportunista argumento del cambio climático, tómenlo como lo que ahora sí le viene bien el nombre. Un simple recurso.

Siento no disponer de un foro como el que acabo de gozarme hace unas horas. A lo único a lo que puedo aspirar en este modesto formato es despertar una perezosa conciencia colectiva para abrir un debate esclarecedor que en mi opinión cuenta con expertos valedores de la indiscutible superioridad de la extracción de aguas subterráneas frente a un proceso de desalación que encima depende mayormente del petróleo, hoy día no solo caro sino inaccesible

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