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Opinión | Punto de vista

Francisco Fajardo Spínola

Inquisición y judeoconversos en la obra del profesor Anaya

Luis Alberto Anaya Hernández.

Luis Alberto Anaya Hernández.

Los estudios del profesor Luis Alberto Anaya se centraron de un modo particular en la Inquisición canaria, y en relación con ella en dos grupos sociales minoritarios y discriminados, los judeoconversos y los moriscos. En mi contribución al homenaje que en estos días se le rinde en la Casa de Colón, me ocuparé de los primeros. No parece necesario insistir mucho en la relevancia del estudio del tema para el conocimiento de la sociedad española de la Edad Moderna: por la importancia cuantitativa y cualitativa que tuvieron los judíos, judeoconversos después de su conversión, forzosa o no, al cristianismo; porque para la vigilancia y eventual represión de los falsos conversos se creó la Inquisición, institución característica del pasado hispano; porque la discriminación de que siguieron siendo objeto los conversos dio nacimiento al fenómeno de la limpieza de sangre, de efectos trascendentales en las sociedades ibéricas.

Judeoconversos e Inquisición en las Islas Canarias (1402-1605) es el título de la que considero la obra fundamental del profesor Anaya, que constituyó su tesis doctoral. Publicada en 1996, muestra ya un maduro dominio del tema, pues no en vano estuvo precedida de distintos trabajos sobre el mismo publicados en los quince años anteriores. Si la fecha de 1402 es la del inicio de la conquista de las Islas, la de 1605 es la del año en que se da a los judeoconversos -los marranos- portugueses la posibilidad de emigrar a Castilla, que abrió una nueva etapa en la historia del judaísmo ibérico. El título es apropiado, no solo porque la historia de los judeoconversos es inseparable de la represión inquisitorial, y porque la Inquisición se creó precisamente con ese fin; sino también porque el libro dedica un buen espacio al estudio del establecimiento del Santo Oficio en Canarias y al de su desarrollo en el primer siglo de su existencia.

Una característica, una virtud, de los trabajos de Anaya es su profundo conocimiento de la bibliografía y la problemática general relativa a los temas que estudia; y otra, la variedad y abundancia de las fuentes empleadas: inquisitoriales en primer lugar, ciertamente, pero no solo: también episcopales, catedralicias, municipales, notariales... Entre las fuentes inquisitoriales, Anaya utilizó con gran provecho los Libros de Genealogías, documentos manuscritos en los que se hacía constar los antecedentes familiares de todos los conversos, así como las sentencias condenatorias que hubiesen recibido sus parientes procesados en cualquier tribunal. Esa información sería la base, en el futuro, para las pruebas de limpieza de sangre. Hasta finales del siglo XVIII, los inquisidores echaron mano de los Libros de Genealogías para rastrear los linajes de las familias canarias.

Su estudio le permitió no solo una aproximación grande al número de los judeoconversos establecidos en las Islas, sino también el análisis de su procedencia geográfica -mayoritariamente andaluces, seguidos de castellanos y de portugueses-, sus años de estancia y el proceso de su llegada al archipiélago. Parece innecesario ponderar la importancia de estas contribuciones, que constituyeron una aportación fundamental para el conocimiento de la formación de la sociedad canaria, que desvanecen tópicos y dejan definitiva y perfectamente sentadas cuestiones como sus actividades, el grado en que realmente judaizaban, la relativa tolerancia de que temporalmente disfrutaron, que les permitió acceder a escalones altos de la sociedad canaria; pero también el efecto intimidatorio y disuasorio de la acción inquisitorial, que por otra parte suscitó el rechazo de amplios sectores de esa misma sociedad.

No fue hasta 1526, treinta años después de terminada la conquista de las Islas, más de cuarenta en el caso de Gran Canaria, cuando vino a producirse una ofensiva inquisitorial seria contra los judeoconversos. La represión, la asimilación y la emigración casi terminaron con la presencia de conversos en el Archipiélago; pero el «perdón» papal de 1605 permitió la entrada en Castilla de numerosas familias de judeoconversos portugueses. Desde principios del siglo XVII consiguieron hacerse en Canarias con la administración de las rentas reales de las tres islas de realengo. Precisamente el primer trabajo de investigación de Anaya fue El converso Duarte Enríquez, arrendador de las rentas reales de Canarias (1981), presentado como Memoria de Licenciatura; un «estudio de caso» centrado en la personalidad, la actuación y el contexto de esta interesante figura del momento final del judaísmo canario.

Las investigaciones del profesor Anaya, en general, desbordan el marco regional; y eso sucede muy particularmente con los trabajos que estudian el papel de los judeoconversos portugueses presentes en las Islas, o vinculados con ellas, en su relación con el judaísmo europeo y americano.

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