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Opinión | Observatorio

Atilio González Hernández

La pírrica victoria de lo inhumano

Los investigadores utilizaron inteligencia artificial para generar imágenes de un robot humanoide, tanto con ojos como sin ellos.

Los investigadores utilizaron inteligencia artificial para generar imágenes de un robot humanoide, tanto con ojos como sin ellos. / Crédito: Dennis Küster.

Hay dos características fundamentales de lo humano: la razón y la compasión. La razón nos mueve a buscar la verdad y el bien con nuestros medios, sin dejarnos guiar por las pasiones o por criterios ajenos. La compasión nos induce a ser solidarios con los sentimientos del prójimo, sin subordinarlos a nuestros intereses.

Opino que es mucho mas importante ser humano que ser simplemente ciudadano. Creo que si elmundo tiene un sentido, éste ha de ser el perfeccionamiento de lo humano: una tarea personalcontinua y renovada. Dado que nacemos con la mente en blanco y con fecha de caducidad, hay mucho que hacer para un tiempo tan corto. Y para ser verdaderamente humanos hemos de actuar con la razón y la compasión.

Lo dicho se refiere a la persona humana, pero por encima están la sociedad y el estado. Los estados tienen personalidad. Son entes compuestos por ciudadanos, pero digan lo que digan, con demasiada frecuencia dejan de representar a sus ciudadanos. A veces los que mandan quieren convertir al estado en su herramienta. Y si se les deja, consiguen que dicho estado se transforme en una estructura dedicada a la glorificación del “Jefe” y sea un reflejo de la personalidad de este.

El autócrata “Jefe” no aspira a servir a los ciudadanos que le han entregado el poder. Con independencia de sus manifestaciones públicas, en su fuero interno solo aspira a acumular poder y a perpetuarse en él. Para el “Jefe”, el ciudadano ideal es un siervo, que lo da todo sin exigir nada. Un estado compuesto por siervos puede llegar a ser muy poderoso a costa de la libertad y la humanidad de sus siervos.

Si en lugar de siervos un estado está formado por ciudadanos llenos de humanidad, estos no se someterán a los dictados de un presunto “Jefe”. Usando su razón y su compasión obrarán con criterio propio, rechazando las leyes injustas. No se someterán al mal. Pero al depender de su propia razón -que no es infalible y es limitada- no siempre estarán de acuerdo entre sí para hacer lo verdaderamente bueno y rechazar lo verdaderamente malo. Es probable que haya mucha polémica entre los ciudadanos y dificultad para llegar a acuerdos políticos. Por otra parte, como lo intrinsicamente bueno puede ser contrario a los intereses materiales del estado, un estado compuesto de ciudadanos guiados por la razón y la compasión, puede que no llegue nunca a ser tan eficaz, rico y poderoso como un estado compuesto de siervos.

Últimamente la política mundial nos mueve a la indignación y al llanto. Estados agresivos, sometidos a sus “Jefes”, masacran a naciones menos poderosas -Ucrania, Gaza, Irán- que no quieren someterse a su voluntad. Sin otra justificación que su propia conveniencia, disfrazada del concepto engañoso llamado ahora “seguridad”. La razón y la compasión están ausentes.

La “seguridad” de un estado se presenta como el salvoconducto para las mayores atrocidades. Perpetradas contra países que se ven como extranjeros y contra ciudadanos propios que también se ven como extranjeros; bien por su color de piel, por su religión por haber nacido en otra tierra o por hacer públicas sus opiniones contrarias al los que mandan. Nos topamos con lo inhumano cada día, al abrir el periódico.

Yo quiero pensar que la victoria de lo inhumano que estamos presenciando es pírrica. Aunque la vida humana sea breve, no lo es así la historia del mundo. Muchos tiranos y muchos imperios se han convertido en polvo y otros van por ese camino, cubiertos de sangre y de ignominia.

A mí y a muchas otras personas que habitamos este planeta herido, nos sostiene la esperanza de que con la ayuda de muchos, la luz de lo verdaderamente humano -la razón y la compasión- prevalezca y sea imperecedera.

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