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Opinión | En el vagón de cola

José Luis Correa

Vencedores y vencidos

Imagen de archivo de misiles lanzados en la Guerra en Oriente Próximo.

Imagen de archivo de misiles lanzados en la Guerra en Oriente Próximo. / Europa Press

«Un hombre muere a causa de una bomba mientras llama a casa para decir que está a salvo del bombardeo». La noticia es falsa. O tal vez no, tal vez no ha sucedido aún, tal vez ocurrirá en alguna guerra más temprano que tarde. Me la sugirió una impactante fotografía en este periódico, la de un tipo cubierto de polvo, rodeado de escombros, el rostro ensangrentado, la mirada ausente y un móvil en la oreja. Y me dio por pensar en esa fina línea que separa realidad y ficción. Porque si la primera víctima de una guerra es la verdad, la segunda es la percepción que tenemos de las cosas. No hablo solo de los sospechosos habituales, sátrapas que se creen sus propias mentiras: lo de que la invasión era tan inevitable como justificada, lo de que se pretendía liberar a un pueblo oprimido, que hay armas de destrucción masiva o ingenios nucleares, que nos mueve, ¿cómo puede alguien dudarlo?, nuestra genuina sed de libertad. Lo único cierto es que se sabe cómo y cuándo comienzan las guerras, pero no cómo y cuándo (y después de cuánta ruina) acaban. Putin se lanzó a por Ucrania creyendo que sería un paseo militar y en cuatro días volvería a casa con el botín, y llevamos cuatro años y no sé cuántos muertos y esto no tiene visos de acabar. Lo sucedido en Gaza, tiempo al tiempo, tendrá en el futuro quien lo justifique a cuenta del repugnante atentado de Hamás en el sur de Israel, pero los números están ahí: setenta y tres mil cadáveres contra mil doscientos, ríete tú de las diez plagas de Egipto. Netanyahu y Trump, tanto monta, monta tanto y me callo por espanto, lo han vuelto a hacer con Irán y, según los que de esto saben más que yo, la cosa no ha hecho más que comenzar. Como a los iraníes les dé por arremeter contra las desaladoras, el próximo partido de Cristiano Ronaldo y Benzemá será en un campo de tierra. El caso, y es a lo que voy, es que la imagen de la tragedia de una escuela de niñas bombardeada sin clemencia (¿en serio alguien pretende hacernos creer que fueron los torpes iraníes quienes lo hicieron?) contrasta con la miseria diaria de quien no puede llegar a fin de mes porque el barril de crudo se dispara y va a tener que elegir entre llenar el depósito o el estómago. O el del que tiembla porque no puede pagarse la calefacción. O el del que mira los pocos ahorros que invirtió en bolsa y también tiembla. Sí. Lo cantó León Felipe en su poema Vencidos: «Hazme un sitio en tu montura, caballero derrotado, hazme un sitio en tu montura que yo también voy cargado de amargura...» Porque los vencidos son la verdad y la percepción de la realidad. Ahora solo falta saber quiénes son los vencedores.

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