Opinión | Tropezones
Breverías 167

Google usa aprendizaje automático y logra cubrir los vacíos que quedan cuando los internautas deciden no aceptar las 'cookies'. / ShutterStock
Creo haber hablado en estas páginas de los “cookies”, esas pequeñas notificaciones que nos ofrece el servidor de internet, cuando solicitamos algún tipo de información. Aunque solo sea para colarnos de rondón cualquier mensaje publicitario de forma más o menos encubierta, no deja de ser este un servicio totalmente gratuito.
No es fácil sustraerse a tan tentadora oferta, primero por la cautivadora pronunciación en español de la palabra inglesa “cookie”, que deviene en la entrañable “cuqui”. ¡Como que en mi caso hasta coincide con el nombre de uno de los peluches de mi nieta pequeña!
Y en segundo lugar por la curiosidad o el morbo que suele despertar el título de la comunicación no solicitada, como un menú a la carta de nuestras predilecciones.
Es cierto que se nos ofrece la opción de rechazar esta intrusión en la información solicitada, pero a base de suscribirnos a una plataforma de pago, con lo que normalmente transigimos y pinchamos resignados el “acepto”.
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Porque los “cookies” vienen teledirigidos, y están basados en la estadística acumulada de todas las pesquisas que hemos venido solicitando de la red, con lo cual se va estructurando en la memoria del servidor un perfil de nuestra personalidad y nuestras aficiones.
Lo cual por un lado es positivo, pues nos reenvía noticias sobre los temas de nuestro interés, ya sea algún deporte concreto, o sueltos que vienen a reforzar nuestras inclinaciones políticas.
Pero a la inversa puede ser bastante negativo, pues en vez de ampliar nuestros horizontes mentales, se complace en apuntalar nuestras manías y prejuicios. Si disfrutamos de un espíritu abierto y solidario tal vez nos sustraigamos a cualquier adoctrinamiento, pero si por el contrario somos negacionistas, igual los simpáticos cuquis, insisten en poner en valor nuestras ideas terraplanistas.
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Pero lo que viene inquietándome últimamente son ciertas tendencias en los cuquis de informarnos en base a otros intereses que van más allá de lo meramente comercial/publicitario, ¿para atender a otros objetivos más sospechosos? Y me limitaré a un caso, que si por ejemplo utilizamos plataformas como tik tok ya de entrada vamos con ciertas prevenciones, en el de las que me ocupan por lo menos de entrada no desconfiaba.
Pues bien, últimamente percibo entre la abundancia de notificaciones gratuitas y motivadas por nuestras propias apetencias, una tendencia, ni solicitada ni deseada, a ensalzar los extraordinarios logros de la República Popular China, en todas sus facetas.
Un día es la proeza de haber fabricado un hospital en diez días, otra es haber conseguido por primera vez en la historia de la humanidad una temperatura de 150 millones de grados, de cara a la próxima consecución de la fusión, fuente de la anhelada energía gratuita e infinita, para los chinos una cuestión de poco tiempo, faltaría más.
O la inauguración del puente más alto del mundo en el gran cañón de Huajiang, como “símbolo del vertiginoso desarrollo de infraestructuras que caracteriza a China”.
Qué quieren que les diga. Apuesto a que ninguno de Uds. ha recibido algún cuqui informándoles del reciente colapso del puente gigante de Hongki, de 758 m de largo, inaugurado tan solo hace medio año, en la provincia de Sichuan. Provincia china para más señas.
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