Opinión | Desde la distancia
Candelaria Rodríguez
Con los agricultoresno se bromea

Tractorada de protesta de los agricultores canarios. / E.D. / L.P.
Lejos de cualquier tono festivo propio del 1 de abril, más de 2.000 agricultores y unos 500 tractores se manifestaron en Viena para lanzar un mensaje claro: el sector agrario está al límite. La movilización, que recorrió la Ringstraße desde el Ministerio de Agricultura hasta el Parlamento, reunió también a miles de ciudadanos en apoyo a un colectivo que consideran esencial: «Sin nosotros, no hay pan en tu mesa».
Organizada por la alianza Zukunft Landwirtschaft, la protesta destacó por su unidad, dejando a un lado diferencias políticas. Sus portavoces subrayaron que el movimiento no pertenece a ningún partido, sino al conjunto del sector, cuya fuerza reside precisamente en esa diversidad.
Uno de los ejes centrales fue la acumulación de crisis: desde la pandemia hasta el aumento de costes energéticos y la presión económica creciente. Los agricultores denuncian que, pese a haber sido considerados esenciales, esa importancia no se ha traducido en mejores condiciones ni estabilidad.
El «etiquetado de origen» fue otra reivindicación clave. Critican la falta de transparencia y la competencia desleal de productos importados con normativas más laxas. “El etiquetado de origen es la clave”, insistieron, alertando de que sin él se devalúa el esfuerzo de producción local.
Sin embargo, la queja más repetida fue la «burocracia». Los agricultores denuncian que pasan más tiempo gestionando formularios que trabajando la tierra. Critican decisiones tomadas desde despachos alejados de la realidad del campo, con normas poco aplicables en la práctica. «La burocracia crece más rápido que mi cosecha», resumía una de las consignas.
Testimonios directos reflejan esta frustración: desde agricultores que rechazan que se les impongan detalles técnicos como el riego o la siega, hasta jóvenes como Laura Lanner, que advierten que la vocación agraria se ve amenazada por la incertidumbre y la sobrecarga administrativa. Reclaman una agricultura «más práctica y menos burocrática».
También denunciaron la desigual distribución de beneficios en la cadena alimentaria: mientras el consumidor paga precios elevados, los productores reciben cantidades mínimas, a veces por debajo de costes, obligándolos incluso a asumir pérdidas.
El ministro de Agricultura reconoció la presión del sector y mostró disposición a abordar problemas como los costes energéticos y la burocracia, aunque sin plazos concretos. Esta falta de compromisos generó cierta decepción.
Pese a ello, los organizadores consideran la protesta un éxito y advierten: si no hay avances reales —especialmente en reducción burocrática y etiquetado— habrá nuevas movilizaciones. El mensaje final fue contundente: la crisis del campo no es solo un problema de los agricultores, sino una cuestión que afecta a toda la sociedad y a su seguridad alimentaria. A la canaria también.
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