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Opinión | El mar alrededor

Carol Álvarez

Las estafas que acechana los fans

Un concierto en la sala Canarias en Vivo.

Un concierto en la sala Canarias en Vivo. / LP/DLP

Tiene algo de FOMO, esa ansiedad tan contemporánea por no perderse lo excepcional, lo que todo el mundo comenta, lo que está a un clic de distancia y promete el subidón de una experiencia única. Pocos escenarios condensan mejor este fenómeno que los conciertos. Seguir a un cantante y esperar su fecha se convierte en una aventura desde el momento en que se compra la entrada: el clic inicial que dispara la ilusión, los que siguen en redes buscando información, las newsletters, los permisos para compartir datos y, cómo no, el algoritmo que multiplica los estímulos.

Los medios amplifican la expectación y convierten el evento musical en todo un fenómeno si tiene interés general. Luego llega el día del concierto, a veces con viaje, hotel y avión incluidos, y después aún queda cuerda para la euforia: los resúmenes en redes, las crónicas de los periodistas, las polémicas paralelas a las canciones. Todo forma parte de esa extensión digital del directo que mantiene viva la serotonina colectiva.

Que el mercado de la música en vivo se ha agigantado no es una percepción, lo confirman las cifras. Según el Ministerio de Cultura, el 52,53% de personas entre 18 y 34 años acudieron al menos a un concierto de música pop en 2025. La venta de entradas generó 807,2 millones de euros, un 11,24% más que el año anterior. Donde hay dinero y pasión, también florecen los engaños. Las estafas digitales de venta y reventa de entradas, y el merchandising falsificado, alcanzan niveles de sofisticación inéditos. Sitios web con pasarelas de pago calcadas a las de plataformas consolidadas, como Ticketmaster, son trampas perfectas para seguidores ansiosos por asegurar su acceso al concierto del año.

Aunque los jóvenes son el motor del boom, la brecha digital se ha reducido tanto que la fiebre por la música en vivo alcanza públicos cada vez mayores, lo que multiplica el número de víctimas. Y eso ocurre pese a las advertencias policiales para extremar precauciones en las transacciones online.

Las redes están hoy llenas de perfiles que ofrecen entradas para Rosalía sin sobreprecio y con historias más o menos creíbles detrás. «Mis amigos y yo terminamos con unas entradas extra para Rosalía en The O2, disponibles para transferir vía Ticketmaster –envíame un DM si te interesa y lo arreglamos». «Holii tengo 3 entradas de Rosalía para 13/4 en Barcelona, la zona es pista y el PVC lo mismo que costaron, os dejo mi número por aquí». ¿Verdaderas? ¿Falsas? En paralelo, los sistemas de compra oficiales se han vuelto laberintos: salas de espera digitales, procesos cada vez más complejos. Cada salida de entradas se parece más a un episodio de Los juegos del hambre, donde además de los que se quedan fuera hay quienes acaparan más de lo que necesitan, esperando revender si la demanda se dispara. El FOMO inicial, esa ilusión de conseguir entrada, se ha transformado en otra ansiedad muy distinta: el miedo a ser estafado.

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