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Opinión | Aula sin muros

La cara oculta de la luna

La tripulación de Artemis II recuerda su misión: "Lo único que quieres es volver con tu familia"

La tripulación de Artemis II recuerda su misión: "Lo único que quieres es volver con tu familia"

Los ingenieros y técnicos de la NASA contuvieron la respiración durante los cuarenta minutos que duró la incomunicación con los astronautas de la nave Orión, aunque no quisieron utilizar, por miedo a compartir secretos de la alta política, el satélite chino posado en suelo lunar. Sin embargo, fue un momento para la historia. Por vez primera los humanos alcanzaron la mayor distancia entre la tierra y su satélite en más de 400.000 kilómetros. Otro momento para los anales de la historia de la navegación espacial tuvo lugar el 20 de julio de 1969. El astronauta del Apolo Neil Armstrong alunizó, hizo un corto paseo en el que no tuvo ningún encuentro con selenitas, pero fue “un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la humanidad”. Me encontraba, a la sazón, como voluntario del Servicio Universitario del Trabajo, un programa de alfabetización y culturización del Régimen en Huesa del Común un pueblo de la serranía de Teruel. En la cantina del pueblo contemplé, con asombro, la transmisión televisiva, en blanco y negro, a la que le dio voz el periodista Jesús Hermida. Unos vecinos continuaron, impávidos, entre vasos de buen vino tinto de sus propias bodegas, atentos a la baraja y uno de ellos exclamó “nos están haciendo ver, es mentira”. Lo mismo que los amigos de la conspiración publicaron en los medios que fue un montaje televisivo realizado en un estudio de Londres. Llegaron a decir hasta el nombre del director: el afamado cineasta Stanley Kubrick, que dirigió la oscarizada película de ciencia ficción 2001 Odisea del espacio. Está demostrado que la posición de la luna influye en las estaciones, las mareas y el carácter de los humanos si nos atenemos, sin pruebas científicas que lo avalen, a los horóscopos. El resto de las referencias, y son muchas, corresponde desde antiguo, a los poetas y reclamo de los enamorados, “cariño si me lo pides te entregaré la luna”. Para merodeadores, trovadores enamorados, tocadores de serenatas ante las balconadas o patios a luz de la luna llena. Para compositores clásicos, románticos y de la modernidad folk, baladas y rock sinfónico en el que brilla con luz propia la banda Pink Floyd con el Long Play publicado, en Londres, el 24 de marzo de 1973 con el nombre de The dark side of te moon, el lado oculto de la luna. Un vinilo que, según el portero del estudio de grabación, el irlandés Gerry O´Driscoll, que también fue testigo de grabaciones de los Beatles, no hay un lado oculto, sino que toda ella es oscura. El disco catapultó al grupo a la fama planetaria ofreciendo conciertos en directo en salas y estadios de medio mundo. En su conjunto es un disco de pulsiones que sugieren tumbarse en el diván de psicoanalista porque ayuda a expulsan cortisol por la grandeza de una melodía en un bien conjuntado de instrumentos, voces y efectos especiales. En uno de los cortes se escucha una voz, en medio de un sonoro tic-tac de corazón, como si fuera el pálpito de los astronautas ante lo desconocido, rutilantes bajos de batería y risas que recuerdan a la droga del “cigarro de la risa” o la psicodelia de trastorno, que dice: “he estado loco por muchos putos años, absolutamente muchos años”. Pero el cuerpo celeste, satélite de tierra, también evoca trastornos de la mente y la personalidad, La licantropía en la que el paciente cree ser un animal. Su origen data de una maldición de la mitología griega, la capacidad de un hombre para convertirse en un animal bajo la influencia de la luna llena. Y los lunáticos que el Diccionario define como “que padece locura no continua sino por intervalos”, el antónimo de cuerdo. Por último, hay un animal de compañía, domesticado hace miles de años cuando ya luna brillaba en el cielo y los eclipses barruntaban catástrofes apocalípticas. Los perros, que parecen enloquecer cuando, guiados por un desconocido instinto y emotividad canina ladran a la luna en el silencio de las noches rasas.

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