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Opinión | Miren a ver

Fuga de talento en Canarias

El Archipiélago debe retener y atraer talento joven o asumir el impacto en el presente de una generación y en el futuro económico y social del Archipiélago.

La juventud en Canarias afronta un escenario cada vez más complejo marcado por la dificultad para acceder a un empleo estable y la imposibilidad de contar con una vivienda. Esta combinación condiciona los proyectos de vida individuales y tiene consecuencias sobre el conjunto del Archipiélago.

El mercado laboral canario arrastra desde hace décadas problemas de precariedad, temporalidad y bajos salarios. Aunque en determinados momentos los indicadores de empleo han mejorado, la calidad del trabajo es una asignatura pendiente. Para muchos jóvenes, incorporarse a un puesto de trabajo no garantiza estabilidad ni ingresos suficientes para hacer frente a los gastos básicos.

Muchos de nuestros muchachos, y muchachas, se ven obligados a prolongar su estancia en la casa familiar no por elección, sino por necesidad, otros optan por compartir vivienda"

A esta realidad se suma el elevado precio de la vivienda, y ya no solo en las zonas más tensionadas por la presión turística. El acceso a un alquiler se ha convertido en un desafío incluso para quienes cuentan con empleo, mientras que la compra resulta, en la práctica, una quimera inalcanzable para gran parte de los jóvenes.

El resultado es un retraso en la emancipación. Muchos de nuestros muchachos, y muchachas, se ven obligados a prolongar su estancia en la casa familiar no por elección, sino por necesidad. Otros optan por compartir vivienda. Esta situación genera una sensación de estancamiento y frustración que afecta a la construcción de las propias vidas y a la percepción que se tiene del futuro.

Sin oportunidades

Ante este panorama no son pocos los jóvenes que contemplan la salida del Archipiélago como alternativa. La migración, históricamente presente en Canarias adopta ahora otro perfil: jóvenes cualificados que, tras años de formación, no encuentran oportunidades acordes a su preparación.

Formacion de jovenes del municipio de Agüimes.

Formacion de jovenes del municipio de Agüimes. / LP/DLP

Esta fuga de talento supone la pérdida de un capital humano que ha requerido inversión pública en educación y formación. Además, limita las posibilidades de diversificación económica, al reducir perfiles profesionales necesarios para impulsar la innovación.

La marcha de los jóvenes no es solo un fenómeno individual, sino colectivo. Cada profesional que se marcha representa una oportunidad menos para fortalecer el tejido productivo local. Cuanto menos atractivo resulta el entorno para desarrollar una carrera profesional, mayor es la propensión a emigrar.

Efectos en cadena

El retraso en la emancipación y la inestabilidad laboral inciden en la formación de familias y en la natalidad y contribuyen al envejecimiento de la población. Este proceso tiene efectos en cadena. Una población activa más envejecida implica mayores exigencias sobre los sistemas de protección social y los servicios públicos, al tiempo que reduce la base de cotizantes. La sostenibilidad económica se ve así comprometida.

El distanciamiento entre generaciones puede intensificarse. Mientras los jóvenes perciben un acceso cada vez más difícil al trabajo digno o la vivienda, se consolida la sensación de que las oportunidades disponibles son menores que las de generaciones anteriores.

Más allá de las políticas concretas que podamos poner en marcha, el desafío reside en reconstruir un horizonte de expectativas"

La situación de la juventud en Canarias no puede entenderse como un problema coyuntural. Se trata de un reto que exige respuestas estructurales. Mejorar la calidad del empleo, facilitar el acceso a la vivienda y generar un entorno atractivo para el desarrollo profesional son elementos clave si se quiere revertir la tendencia.

Más allá de las políticas concretas que podamos poner en marcha, el desafío reside en reconstruir un horizonte de expectativas. Sin perspectivas reales de estabilidad y progreso, la desvinculación de los jóvenes con su territorio se acentúa.

Canarias se enfrenta, en este sentido, a una encrucijada: retener y atraer talento joven o asumir las consecuencias de su pérdida. Está en juego el presente de una generación, pero también el futuro económico y social del Archipiélago.

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