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Opinión | En el vagón de cola

José Luis Correa

No tan ateo como pensaba

El Papa León XIV, en la Ciudad del Vaticano, el 18 de marzo de  2026.

El Papa León XIV, en la Ciudad del Vaticano, el 18 de marzo de 2026. / Evandro Inetti/ZUMA Press Wire/d / DPA

Hace un par de semanas hablaba de una vieja duda que corroía al pibe que fui, la de si fue Dios quien creó al hombre (y la mujer) a su imagen y semejanza o fue el hombre (o la mujer) el que necesitó de un Dios para explicar lo inexplicable. Sé que vivimos en un país en teoría democrático y laico, o sea, independiente de cualquier organización o confesión religiosa, pero como no lo parece (¿cuánto tardarán los señores diputados en liarse a trompadas en el hemiciclo?) vuelvo hoy sobre mis pasos a cuenta de la bronca que andan montando el representante del Dios católico en la tierra de los hombres y el que cree representar a los hombres ante la eternidad y muy católico no parece. Desde el patio de butacas el combate, lo confieso, da un poco de miedo. En una esquina, calzón rojo y azul con estampa de barras y estrellas, un púgil no para de enredar (y de enredarse, porque cambia de idea como de camisa) con el fin de ganar dinero y si pudiera ser, hombre, ¿qué más les da?, el Nobel de la paz y ya de paso jodernos esta vida. El rival, calzón blanco inmaculado, más reservado y menos charlatán, se persigna y basa su reflexión en que nos preparemos para la otra. Y henos aquí decidiendo si elegir susto o muerte. Tengo un dilema atrabancado sobre si existe o no eso de la otra vida, ya me gustaría tener la fe de carbonero que tenían mis padres y la que tiene ahora mi mujer, pero si la alternativa es la que nos ofrece el bucanero de Nueva York, más me valdría volverme religioso. A Trump lo votaron 80 millones de personas, a León XIV (malo no puede ser si lleva el número de Johan Cruyff) no más de ciento y pico cardenales. Si la cantidad cuenta, se me jodió el invento, de manera que me voy a lanzar en brazos de la calidad. He visto innumerables imágenes de los seguidores de Trump y aún me dura el canguelo: ¿recuerdan el asalto al Capitolio cuando perdió contra Biden?, ¿recuerdan los gritos y las amenazas?, ¿recuerdan al tipo de los cuernos y las pinturas de guerra? El caso es que los cardenales, dicen los que de esto saben, pueden llegar a ser ladinos y peligrosos, si no los invito a ver Cónclave, la película de Edward Berger basada en la novela de Peter Straughan, pero insultan menos y eso debería contar. En definitiva, que ya llevo cuatrocientas cincuenta palabras, sucede que uno, por aquello de su querencia a la novela negro criminal, tiende a ponerse a favor de las víctimas, de los que sufren, de los desheredados de la tierra. Y el presidente americano se codea con el exterminador de Gaza, el carnicero de Kiev y el sitiador de Taiwán (León XIV habla de un gobierno de tiranos), así que por una vez y sin que sirva de precedente voy a ponerme de parte del Papa. Porque es discreto. Porque tiene cara de buena gente. Porque estudió matemáticas, derecho y filosofía. Porque viene a vernos en junio. O, vaya usted a saber, porque no soy tan ateo como pensaba.

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