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Opinión | Tropezones

Lamberto Wagner

Breverías 169

Clint Eastwood.

Clint Eastwood.

Acabo de entregar mi coche en el taller para la revisión, y me informan que la marca va a proceder, sin coste para mí, a sustituir el «pirotécnico» defectuoso que regula el airbag.

Al despertar mi curiosidad la denominación del sensor, inquiero sobre qué tiene que ver éste con la pirotecnia. Pero el técnico que me atiende no sabe darme razón de posibles vínculos del airbag con los fuegos artificiales.

Tendré pues que contentarme con que a algún imaginativo directivo de la compañía le satisfacía el sugerente y eufónico apelativo, envuelto en enigmática bruma tecnológica.

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Me recuerda un poco una crema de belleza muy publicitada por la tele, cuyo intrigante principio activo es el «triptófano». Ya sé que podría mirarlo por Google o por la IA del chat GPT, pero prefiero quedarme con la intriga de tan romántico calificativo.

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Lo que me trae a la memoria una pretérita moda que consistía en anunciar productos exentos de algún ingrediente que se suponía perjudicial, aunque tal compuesto ni tenía por qué estar ni nunca se le esperó en el objeto publicitado. Recuerdo un detergente cuya publicidad pregonaba que estaba «libre de clorofila», lo que el inadvertido comprador agradecía aliviado, si bien la misma reacción hubiese tenido de haber presumido ser «¡sin gluten!» dicho producto.

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Y ya puestos en términos sin razón de ser, veamos situaciones para las que por el contrario echamos a faltar el calificativo oportuno. Por ejemplo cuando uno realiza una llamada involuntaria por el móvil, pulsando inadvertidamente alguna tecla , las más veces por sentarse sin darse cuenta de la presencia del móvil en el bolsillo trasero del pantalón. Pues bien, en otros lares sí tienen el calificativo oportuno. En Suecia este tipo de incidente es «fickringning» o sea «una llamada de bolsillo». En Inglaterra también se utiliza la expresión «pocket call», llamada de bolsillo, aunque tienen otra más coloquial y descriptiva, «buttcall», literalmente «llamada de culo». Me dicen que los mejicanos sí que tienen una expresión para esta tesitura, acaso por ser más propensos a llamadas fortuitas que la madre patria. Con similar acierto al de los ingleses, tales llamadas han sido bautizadas como «llamadas de nalga».

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Me acabo de enterar que el famoso naturalista inglés David Attenborough está preparando un documental para la BBC sobre la fauna de la ciudad de Londres.

Lo insólito de esta noticia no es el documental en sí, sino la edad del popular biólogo, gozando de sus atareados 99 años.

Otro fenómeno similar es el cineasta Clint Eastwood, recién cumplidos los 95 años, también en plena faena. Aunque lo llamativo es que el propio actor, al ser preguntado por su prolífica creación a su avanzada edad, nos remite a la banda sonora de una de sus últimas películas, Mula, que va de un traficante de droga octogenario. El texto de la canción es conmovedor; «el viejo está tocando a mi puerta», «pero quiero vivirme un poco más», «no puedo dejárselo a él·» «¿cuántos años tendrías si no supieras en qué día naciste?». Y el estribillo, imperativo y turbador «no dejes entrar al viejo».

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