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Opinión | Aula sin muros

Paco Javier Pérez Montes de Oca

Mas escritores que lectores

Algunos de los autores y autoras que participan en la antología en el encuentro de jóvenes escritores y escritoras canarios, Fleje 2022.

Algunos de los autores y autoras que participan en la antología en el encuentro de jóvenes escritores y escritoras canarios, Fleje 2022. / LP/DLP

Uno de los más insignes escritores de la Literatura universal, Jorge Luis Borges, decía que estaba orgulloso, no de los libros que había escrito sino de los que había leído.

Un periodista del diario Clarín de Buenos Aires me dijo que en Argentina ya había más escritores que lectores. La fiebre por publicar llega a estos lares si nos fijamos que son las moradas donde cohabitan escribidores con deseos de gloria. Cualquiera que esté dispuesto a pagar a una de tantas editoriales o en colaboración con instituciones podrá ver el sueño complido de pasar a la posteridad por aquello de, antes de morir, “escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo”. Además de ver cumplido su anhelo que en una entrevista con un medio o reseña periodística figurar con el título de escritor o escritora. Raro es el día que, en una emisora de radio, televisión o periódico no se entreviste al autor o autora de un nuevo libro. En España se editan unos cuarenta mil libros al año y en Canarias llegan a alcanzar cifras de dos mil. Así están los anaqueles de las librerías y centros comerciales repletos de aburrimiento y mediocridad. Los talleres de escuela creativa pueden despertar talentos dormidos y si no escribir para sí mismos. Lo que aconsejan psiquíatras y psicólogos: volcar sobre el papel los sentimientos y sueños materia de análisis, introspección antes las crisis y el desánimo. Algo similar a los diarios de adolescencia motivo, a veces, de conflictos familiares porque la madre había roto el pequeño candado que contenía secretos bien guardados. Sin embargo, lo importante a la hora de escribir algo que interese es el ingenio, la imaginación y la constancia de escribir unos renglones cada día aunque se produzca el bloqueo de “papel en blanco”. Y la capacidad natural que surge en cualquier momento del ciclo vital como al compositor Mozart que compuso su primera sinfonía a los ocho años. Porque “quod natura non dat, Salamantina non prestat”, lo que no da la Naturaleza no lo da la Universidad de Salamanca. Cervantes, el manco de Lepanto, comenzó a escribir una de las obras culmen de la Literatura universal desde la cárcel de Argel antes de ser rescatado por los frailes mercedarios. La resiliencia que despierta al ingenio, no la universidad. La Ilíada y la Odisea puede que fuera una recopilación oral de los aqueos. De Homero, que significa ciego y hay algún investigador que cree fue obra de varios autores, incluso de una mujer. El Lazarillo de Tormes, una de las obras de la picaresca hispana, es anónima, también, un conjunto de tradición oral de pueblos peninsulares. Charles Dickens desempeñó varios oficios antes de ser un consumado taquígrafo y periodista. Spinoza, filósofo, representante del pensamiento racional, crítico con el oscurantismo teológico, era un simple trabajador en una fábrica de lentes. Por no ser prolijo García Márquez, premio Nóbel de Literatura, uno de los fundadores del realismo mágico, abandonó los estudios de Derecho y se hizo periodista de vocación escribiendo sueltos y entrevistas en el periódico El Espectador de Colombia. Al principio sus obras no fueron aceptadas por las editoriales. Otro género literario son las cartas cuyos contenidos hicieron que sus autores figuraran en el parnaso de las letras. Así las cartas de Pérez Galdós, la cartass secreta de Virginia Woolf a Vita Sackville- West “ven a verme” o las de Séneca a su amigo y discípulo Lucilio al que aconsejaba leer sólo a los autores consagrados y si no volver a releerlos. Entre otros el Quijote de Cervantes que, cada vez que se vuelve a leer, uno se encuentra con nuevos vericuetos que despiertan la imaginación y el conocimiento. El autor decía que para extenderlo en el tiempo es necesario leer mucho y viajar. Hay responsables de la política institucional y allegados que viajan para expandir su región al turismo o asistencia a convenciones, a cargo del presupuesto que, luego se prueba que fueron falsas. Lo de leer: el forro de algún libro o un párrafo aconsejado por sus asesores. Y uno que fue presidente del Gobierno de España dijo, en una ocasión, que sí leía: el periódico deportivo Marca. En los parlamentos abunda la estulticia. Ignorancia supina. San Agustín, filósofo y teólogo, obispo de Hipona, inventó la lectura silenciosa. Fue de los primeros, según Harold Blonn, en relacionar la lectura con la memoria. Junto con los anacoretas del desierto fue uno de los creadores de la meditación como regreso al mundo interior que retomó, a través de la introspección el Psicoanálisis, al margen de la nueva modalidad del mindfulness que demuestra, una vez más, “que no hay nada nuevo bajo el sol”, Eclesiastés. La tecnología punta ha afectado a la lectura. Hoy se puede leer cualquier obra en el libro electrónico. Pero, son muchos los que prefieren los impresos desde que el alemán Gutenberg inventó la imprenta en el año 1440. No renuncian al placer, cuando una obra les atrapa, de oler la tinta, aunque ya el tiempo la haya convertido en color sepia. Escribe Borges, al cruzar la calle hacia la Biblioteca Nacional (obligado para lectores que visiten en Buenos Aires no perderse la visita a la gran biblioteca Ateneo en la Avenida Santa Fe 1860 de La Recoleta) “de una manera casi física siento la gravitación de los libros, el ámbito sereno de un orden, el tiempo disecado y conservado mágicamente (…) se perfilan los rostros momentáneos de los lectores a la luz de las lámparas estudiosas”. Además, decía que estaba orgulloso, no de los libros que había escrito sino de los que había leído.

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