Opinión | Editorial

Redactor
Quevedo y la nueva centralidad cultural de Canarias
Para los jovenes, la idea de que «hay que irse fuera para triunfar» empieza a resquebrajarse

Adolfo Rodríguez
Hay quien observa con escepticismo el fenómeno del cantante Quevedo, quizá por el planteamiento sonoro en el que se mueve. La música urbana, el reguetón, las propuestas globales que dominan las listas en los últimos años. Esa mirada se queda corta si no se coloca al artista grancanario en una genealogía más amplia. La de aquellos creadores que, desde Canarias, han dialogado con el mundo sin renunciar a sus raíces. En ese linaje, su figura no es una anomalía, sino una continuidad de algo que alguna rara vez ya vimos.
Conviene recordar el impacto que generó Teddy Bautista al frente de Los Canarios en los años sesenta. Aquellos jóvenes con melenas, cantando en inglés y vestidos con vaqueros, representaban una ruptura estética y cultural. La influencia de la música estadounidense provocó una mezcla de fascinación y desconcierto. Lo que algunos sienten hoy ante Quevedo no es tan distinto a lo que sintieron generaciones anteriores.
Sin embargo, si hubiera que identificar algo que diferencie lo que sintieron nuestros padres o abuelos antes y sobre todo después del viaje de Teddy a Estados Unidos con lo que ocurre ahora es la madurez identitaria. Quevedo ya no necesita ‘salir’ de Canarias para legitimarse ante el mundo; su proyecto nace en un marco educativo y formativo autonómico consolidado, en una generación formada en barrios, colegios -en su caso, el Claret-, actividades y espacios en los que existe y valora una identidad canaria regional. Y se traduce en una obra que no oculta su procedencia, sino que la reivindica.
El título de su nuevo álbum, El Baifo, es una declaración de intenciones. Es un símbolo. Como lo fueron antes las pintaderas aborígenes o referencias geográficas y culturales que sitúan a las Islas en el centro del relato. Nombrar lo propio en un lenguaje global es lo que define a los grandes fenómenos de la música popular contemporánea. Bad Bunny lo hizo con Puerto Rico; Abba con Suecia; Rosalía con su reinterpretación de lo flamenco. Quevedo hace lo mismo con Canarias.
No se trata solo de estética o marketing. Hay un ecosistema detrás que refuerza esta narrativa. Nombres como Cruz Cafuné, El Bejo, Sara Socas, La Pantera, Lucho RK, Julia Rodríguez, Maikel Delacalle, Don Patricio, Adexe y Nau, o Juseph configuran una escena sólida, diversa y en expansión. Canarias se convierte así en una plataforma cultural donde confluyen influencias de América Latina, Europa y África. El fenómeno Quevedo tiene además una dimensión de generosidad. Lejos de encerrarse en una burbuja de éxito individual, abre su proyecto a colaboraciones que conectan con la tradición. Las colaboraciones con Los Gofiones o Nueva Línea muestran una voluntad de diálogo entre lo contemporáneo y el folclore, la romería o la verbena.
El artista no solo produce música; construye relato. Y ese relato tiene consecuencias. Durante décadas, Canarias ha sido conocida en el exterior por su industria turística. La irrupción de Quevedo introduce cultura. Sitúa a las Islas en el mapa no solo como destino, sino como origen. Como lugar donde se crea, se innova y se exporta contenido. Ese cambio de percepción tiene implicaciones simbólicas profundas. Para los jóvenes, la idea de que “hay que irse fuera para triunfar” empieza a resquebrajarse cuando un artista construye una carrera global desde su propio territorio. Propicia autoestima colectiva.
Lo que está en juego no es solo el éxito de un artista, sino la capacidad de una comunidad para reconocerse en él. Quevedo encarna a una Canarias contemporánea, compleja y abierta, que no renuncia a dialogar con el mundo. Y esa combinación de tradición y vanguardia, raíz y globalidad, es la que define a los grandes de la música popular.
Quizá dentro de unas décadas, cuando se analice con perspectiva lo que ocurre con Quevedo en este momento, se entienda que lo que ahora parece un fenómeno pasajero formaba parte de algo más profundo: la consolidación de Canarias como nodo cultural relevante en el circuito internacional. Y entonces, como ya ocurrió con Teddy Bautista y Los Canarios, se reconocerá que detrás del ruido generacional había, en realidad, una enorme transformación. Quevedo es un síntoma. Y, probablemente, también un punto de inflexión.
- Juan Espino, el mejor luchador español de todos los tiempos
- El origen del barrio de Casablanca: una herencia marcada por la esclavitud
- Cazado en Gran Canaria un conductor que realizaba transporte ilegal de viajeros desde el aeropuerto
- El Gobierno da el primer paso para traspasar a Canarias la competencia de los aeropuertos que no son de interés general
- Abraham El Jaber, 91 años y sigue al pie del mostrador en una de las tiendas históricas de Arucas
- Los veterinarios coinciden: los perros que se alegran al ver a sus dueños volver a casa no es un síntoma de felicidad
- El restaurante de Las Palmas de Gran Canaria donde ofrecen un menú del día por ocho euros: es uno de los más baratos de la capital
- Canarias cambia el bar por el match para encontrar el amor: 'La peor sensación es el vacío después de acostarte con alguien