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Opinión

Santiago Marrero Jaimez

Presidente de SORECAN (Empresas Canarias Productoras de Energia Solar)

El sistema energético de Canarias ante su oportunidad de futuro

El Archipiélago, con un gran recurso solar y eólico, aún depende en más del 80% de combustibles fósiles importados para su energía primaria

La insularidad, la madurez tecnológica y un cambio global energético brindan a Canarias una oportunidad única para liderar la transición

Aerogeneradores y paneles solares en Gran Canaria.

Aerogeneradores y paneles solares en Gran Canaria. / Europa Press

Canarias se encuentra ante uno de esos momentos que no se repiten. No porque exista una urgencia puntual, sino porque confluyen tres factores que rara vez coinciden: un cambio global de modelo energético, una madurez tecnológica sin precedentes y una necesidad estructural propia de un territorio insular, fragmentado y dependiente del exterior.

El sistema energético mundial está atravesando una transformación comparable –salvando las distancias– a la llegada de Internet o, más recientemente, de la inteligencia artificial. No se trata de una mejora incremental, sino de un cambio de paradigma. Pasamos de sistemas centralizados, rígidos y opacos a sistemas distribuidos, inteligentes, gestionables en tiempo real e integrados con la actividad económica y social.

En este nuevo contexto, Canarias no parte de una posición de desventaja, sino de una ventaja estratégica objetiva. El Archipiélago dispone del mayor recurso solar de la Unión Europea, regímenes eólicos complementarios, una escala territorial manejable y una necesidad estructural de reducir su dependencia energética exterior. Pocos territorios reúnen esta combinación.

Y, sin embargo, más del 80 % de la energía primaria que se consume en Canarias sigue procediendo de combustibles fósiles importados. No es una anomalía puntual, sino el resultado de haber aplicado durante décadas modelos pensados para territorios continentales interconectados a una realidad insular aislada, sensible y con márgenes de error mínimos.

Canarias no es un continente en miniatura

Uno de los errores más persistentes en la planificación energética del Archipiélago ha sido asumir que las islas son una versión reducida del territorio continental. Esta idea, aparentemente razonable, es técnicamente incorrecta y estratégicamente costosa.

El sistema peninsular funciona gracias a una red mallada de gran escala, con interconexiones internacionales y una enorme capacidad para absorber desequilibrios. Canarias opera en un escenario radicalmente distinto: cada isla –o pequeño conjunto de islas– constituye un sistema eléctrico pequeño, aislado y extremadamente sensible. Aquí, lo que en un sistema continental es un ajuste operativo, puede convertirse en una incidencia grave.

Trasladar sin adaptación modelos continentales ha generado problemas conocidos: saturación de redes, vertidos renovables crecientes, necesidad permanente de respaldo fósil, retrasos administrativos y conflictos territoriales. No se trata de cuestionar el éxito del modelo peninsular, sino de reconocer que se apoya en condiciones que Canarias no tiene ni tendrá. Aceptar esta realidad no es una renuncia. Es el primer paso para diseñar un modelo mejor adaptado. Las islas no necesitan copiar; necesitan diseñar.

El lastre silencioso de la dependencia energética

La elevada dependencia energética tiene implicaciones profundas. Cada subida del precio internacional del petróleo se traslada casi automáticamente al coste del sistema canario. Aunque existan mecanismos de compensación estatal, el impacto acaba recayendo sobre el conjunto de los recursos públicos.

La vulnerabilidad es estructural. Canarias no puede importar electricidad ni desviar flujos energéticos ante una crisis. Cada isla depende de su propio equilibrio interno. Además, la energía condiciona directamente el coste del agua desalada, que en algunas islas representa entre el 25 % y el 40 % de la demanda eléctrica total. Esto afecta a hogares, agricultura, turismo y servicios públicos esenciales.

Reducir esta dependencia no es una cuestión ambiental ni ideológica. Es una decisión de seguridad económica y territorial. Cada megavatio hora producido con recursos locales reduce exposición a mercados volátiles, refuerza la autonomía del sistema y genera valor económico interno.

La paradoja es evidente: Canarias dispone de recursos suficientes para cambiar esta situación, pero sigue atrapada en un modelo que no los integra de forma estructural.

Sol de sobra, liderazgo pendiente

Canarias dispone del mayor recurso solar de la Unión Europea, con niveles de irradiación muy superiores a la media continental, y un recurso eólico estable y complementario. Pocos territorios europeos reúnen esta combinación.

La baja penetración renovable no se explica por falta de recurso, tecnología o aceptación social. El problema ha sido el modelo de integración: grandes instalaciones centralizadas, redes limitadas, escaso almacenamiento estructural y una gestión poco flexible.

En sistemas continentales, este enfoque funciona. En sistemas insulares, genera bloqueo. La solución no pasa por producir más sin criterio, sino por integrar mejor. Cuando el modelo se ajusta al territorio, el potencial deja de ser teórico y se convierte en liderazgo real.

Cuando la tecnología deja de ser una excusa

Durante años, la prudencia técnica estuvo plenamente justificada. Muchas tecnologías no existían, eran prohibitivamente caras o no ofrecían garantías suficientes. Pero ese escenario ya no existe.

Hoy, la fotovoltaica es una de las tecnologías más baratas del mundo; el almacenamiento ha reducido drásticamente sus costes; la electrónica de potencia permite operar redes débiles; las redes inteligentes gestionan miles de activos en tiempo real; y la inteligencia artificial anticipa demanda, producción y eventos críticos.

La IA, en particular, se ha convertido en una aliada clave del modelo energético insular. Gestionar sistemas distribuidos, sensibles y complejos es exactamente el tipo de desafío para el que estas tecnologías han sido diseñadas.

Seguir actuando como si esta realidad no existiera ya no es prudencia. Es una decisión estratégica conservadora con costes crecientes. El debate ha cambiado: antes la pregunta era si era seguro hacerlo; hoy la pregunta es si es responsable no hacerlo.

El almacenamiento como columna vertebral

En sistemas insulares, el almacenamiento no es un complemento: es la base del sistema. Absorbe excedentes, suaviza rampas, aporta estabilidad, reduce la necesidad de respaldo fósil y refuerza la resiliencia ante incidencias técnicas o climáticas.

Debe existir a varias escalas –insular, municipal e integrada en instalaciones– y operar junto a redes inteligentes y gestión avanzada. Incluso considerando esta infraestructura, el coste real de la energía renovable integrada es muy inferior al de la generación fósil importada.

Invertir en almacenamiento no encarece el sistema. Lo abarata, lo estabiliza y lo hace viable.

Gobernar bien para que funcione bien

En territorios insulares, los errores de coordinación institucional no se traducen solo en ineficiencias administrativas, sino en inestabilidad técnica. La gobernanza no es un aspecto accesorio, sino una condición de funcionamiento.

Ayuntamientos, mancomunidades, cabildos, Gobierno de Canarias, Estado y Unión Europea tienen roles complementarios. Cuando cada nivel actúa en la escala donde aporta más valor, el sistema responde mejor, integra innovación y gana legitimidad social. En energía, gobernar bien no es un lujo institucional; es una condición de estabilidad.

Energía, agua y territorio: un mismo sistema

En Canarias no existe una energía neutra. Cada kilovatio hora tiene consecuencias directas sobre el agua, el territorio y la viabilidad del sector primario. No puede existir una estrategia energética eficaz que no integre explícitamente el ciclo del agua.

La generación renovable distribuida, combinada con almacenamiento y gestión inteligente, permite desacoplar parcialmente el coste del agua de los mercados energéticos internacionales, asegurar suministro en situaciones de crisis y dar estabilidad a la agricultura. Separar energía, agua y territorio es ineficiente. Integrarlos es resiliente.

Un proyecto colectivo

La transición energética no se impone ni se resuelve solo con infraestructuras. Empresas, pymes, sector primario, comunidades energéticas, profesionales y ciudadanía son piezas esenciales del sistema.

No es ideología. Es ingeniería aplicada a sistemas complejos: cuantos más actores participan de forma coordinada, más robusto es el sistema. Un modelo excluyente es, por definición, un modelo frágil.

Pensar en quienes no deciden hoy

En Canarias, las decisiones energéticas condicionan décadas. La energía no es una coyuntura, sino una infraestructura estructural del territorio, comparable al agua o al suelo agrícola.

Pensarla como herencia implica reducir dependencia, evitar impactos irreversibles y no trasladar vulnerabilidad al futuro. El cortoplacismo, en territorios insulares, se paga durante generaciones. Hoy la tecnología es madura. La responsabilidad es ineludible.

Canarias como referencia

Canarias tiene la oportunidad de demostrar que la transición energética puede abordarse con madurez, realismo y visión de largo plazo, incluso en contextos complejos. Lejos de ser una desventaja, la insularidad convierte al Archipiélago en un laboratorio natural para diseñar sistemas energéticos avanzados, resilientes y replicables.

Hacerlo bien no es convertirse en una excepción. Es convertirse en referencia. La energía que se decida hoy será el territorio que se herede mañana. Y esa es, probablemente, la decisión más importante de todas.

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